Bayer: Globos de colores

Publicado en ¿Qué pasa aquí?

Tengo que admitir que nuestro apoyo a las escuelas no es completamente altruista. Lo vemos como una inversión a largo plazo.

Thimo Schmitt-Lord

Fundación Ciencia y Educación de Bayer

Hace unos meses acudí a una consulta ginecológica y, tras una ecografía, la doctora me informó que, los dolores pélvicos que padecía, eran consecuencia de un quiste en uno de mis ovarios. Una bolsa de agua de no mucho más de 2 centímetros sin ninguna importancia -me explicó al mismo tiempo que me extendía una receta- tomando estas píldoras anticonceptivas en tres meses se te ha quitado, estate tranquila, son de Bayer, una marca de confianza. No me tomé el medicamento prescrito pero a los tres meses volví a la consulta y en la ecografía pudimos ver que, el citado quiste funcional, había desaparecido por sí solo sin necesidad de fármacos, como imagino que sabría mi doctora. De haberlos tomado, el folículo de origen hormonal, habría desaparecido de igual modo pero, entonces, habría que habérselo agradecido a la marca de confianza

Una marca que, por lo visto, parece inspirar seguridad por ser mundialmente conocida por la elaboración de su producto estrella, Aspirina®, lo que no es más que la fórmula sintética de algo que se llevaba utilizando desde la antigua Sumeria como analgésico, antipirético y antiinflamatorio: la corteza del árbol del sauce (hoy, los remedios con esta corteza siguen siendo una alternativa válida, y menos dañina, a la aspirina como analgésico natural). Y también aparece, junto con otras plantas ricas en salicilato, en papiros de farmacología faraónica egipcia pertenecientes al segundo milenio a.C. Estos medicamentos, por lo visto, formaron parte de la farmacopea de la medicina occidental en la antigüedad clásica y en la Edad Media y, sin embargo hoy, es un producto registrado por Bayer en más de 80 países de todo el mundo.

No mundialmente conocida, pero sí histórica, fue la irrupción de Gemma López y Angélica del Valle, dos afectadas por Essure, el 26 de abril de 2016 en la Junta de Accionistas de Bayer en el Recinto Ferial de Colonia (Alemania). Ante la directiva y el propio presidente de la Compañía, denunciaban que todos sus anticonceptivos elaborados con el principio activo de la drospirenona (y que, por el 2017, seguían comercializándose) estaban causando graves lesiones, e incluso la muerte por trombosis o embolias pulmonares, a miles de mujeres en todo el mundo. En el año 2013, Canadá denunció 23 muertes por la ingesta de los productos Yaz y Yasmin y, las autoridades sanitarias francesas, imputaron cuatro muertes al consumo del medicamento Diane 35. En Alemania, las primeras demandandas judiciales contra Bayer por sus fármacos anticonceptivos llegaron en el año 2015. Y en el 2018 en EEUU, prosperaban 16.000 demandas contra la compañía. Ese mismo año, la Asociación Española de Afectadas por Essure presentó una querella en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional contra el laboratorio Bayer, la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), en la que se denunciaban lesiones por este método anticonceptivo, así como estafa o fraude científico. La jueza Carmen Lamela de la Audiencia Nacional rechazó la investigación por circunscribirse los hechos, únicamente, a España y por no encontrar indicios de organización criminal. 

La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2015)

Sin embargo, Bayer, la gran industria armamentística química, médica y, ahora también, alimentaria, nunca ha estado muy lejos de serlo. Sabemos que se dedicó a la fabricación de explosivos durante la Primera Guerra Mundial y fue responsable, durante ese mismo período, del desarrollo y uso de las armas químicas que mataron a aproximadamente 70.000 personas. Durante la Segunda Guerra Mundial financió con 80 millones de marcos al partido nazi y fue el productor del gas Zyklon B, un insecticida a base de cianuro, utilizado como arma química por los alemanes en las cámaras de gas de los campos de concentración de Auschwitz y Majdanek. Campos de exterminio que la corporación financió para su construcción, y administración, y de los que sacó mano de obra esclava para su planta química IG Monowitz donde, alrededor de 120.000 prisioneros, fueron obligados a trabajar en condiciones pésimas hasta la muerte. Financió y participó en la experimentación científica, que supuso la tortura y muerte de 400.000 presos, para medicamentos posteriormente fabricados y comercializados. Pero solo 23 empleados de la IG Farben (Bayer) fueron juzgados por crímenes de guerra y de lesa humanidad ante el Tribunal de Nuremberg. Trece fueron absueltos y, entre los condenados, el director de producción, Fritz ter Meer, quien tras cumplir su pena por siete años, se convirtió en el nuevo presidente de la compañía en el año 1956. El resto de científicos nazis de Bayer, a partir del año 1945 y dentro de lo que llamaron Operación Paperclip, salieron con identidades falsas a América financiados por el servicio de Inteligencia y Militar de EEUU donde continuaron trabajando en los avances científicos y tecnológicos alcanzados por la Alemania nazi. Hoy en día y según la Coordinación Contra los Peligros de Bayer, el gigante europeo de la farmacia y la agroquímica que cerró el año pasado la compra de Monsanto por 53.373 millones, se declara insolvente ante la demanda de indemnización interpuesta por las víctimas sobrevivientes del Holocausto. 

Retomando el tema de la mano de obra esclava, Bayer debe sentir nostalgia de otros tiempos en sus instalaciones de Alcalá de Henares (Madrid) donde, desde el día 12 de mayo de 2014, el trabajador y delegado de la Sección Sindical de CNT en esta empresa, sigue esperando una indemnización tras sufrir un accidente (caída con fractura del radio del brazo izquierdo) dentro de su espacio laboral. La caída del trabajador fue ocasionada por el incumplimiento empresarial en materia de seguridad y prevención de riesgos laborales, tal y como constató Inspección de Trabajo al visitar las instalaciones tras ser denunciado el hecho. Un hecho que podría haber sido evitado, pues, durante los cinco meses antes del accidente en cuestión, el mismo trabajador afectado notificó, tanto a Recursos Humanos como a la dirección de la empresa, de la peligrosidad existente en el área de la fábrica donde finalmente se produjo el suceso. Pero la técnico de prevención de riesgos respondió, al segundo aviso, negando la inseguridad fundamentada por los operarios y, la empresa, amonestando al trabajador denunciante por las reiteradas quejas en materia de seguridad.

Con fecha 21 de septiembre de 2015, la Dirección General de Trabajo resuelve tipificando y calificando la infracción por parte de la empresa como grave e imponiendo una sanción en grado mínimo de 4.000 euros. Esta sentencia ha sido recurrida por Bayer en tres ocasiones, y desestimada por cada instancia superior hasta concluir, por término de la vía administrativa, con una denuncia al propio trabajador y al INSS que, también ha sido desestimado por el Juzgado de lo Social, pero nuevamente recurrido por la empresa, esta vez, ante la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia. Imaginamos que Bayer debe verse también insolvente ante la demanda de indemnización de otra víctima de su indolencia aunque no para asumir los gastos del litigio, que ya deben de haber ascendido a la cantidad con la que Inspección les sanciona por la deficiencia de sus medidas preventivas.

Ahora, en vez de asumir su responsabilidad, la representante del Comité de Seguridad y Salud de la empresa, que ha perseverado, instancia tras instancia, en la culpabilidad del propio trabajador por imprudencia y en la inexistencia de inseguridad laboral a pesar del hecho de haberse producido el accidente; insta a un acto de conciliación, previo a una interposición de Querella Criminal, el próximo 25 de septiembre a las 11:30 horas en el Juzgado de 1ª Instancia nº17 de Madrid (Calle del Poeta Joan Maragall, 66, Planta 3) para la indemnización de la compareciente por 12.000 euros, contra el propio trabajador lesionado y contra la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) por injurias, es decir, por una actividad sindical a la que no deben de estar acostumbrados. 

A pesar de todo, que no es solo esto, Bayer está enredada en graves imputaciones de todo tipo y por todo el mundo, la compañía invierte aproximadamente medio millón de euros en las escuelas cercanas a sus sucursales en Alemania. Ofrece días de formación para profesores y materiales educativos libres de gastos, en aspectos como la mortalidad de las abejas (Bayer está relacionada con la desaparición de las abejas) y la ingeniería genética (Bayer es líder en el mundo en alimentos transgénicos). La corporación sabe que la infancia y la adolescencia son sus clientes del futuro cercano, así que, preside también laboratorios dirigidos a esa franja de edad con el propósito de hacer las asignaturas más atractivas. Distribuye libros de propaganda de su marca en colegios públicos, como solía hacer su antigua filial Currenta (recientemente vendida por 3.500 millones de euros, incluidas deudas). Los libros representan el divertido ajetreo de una industria química: conductores de grúa, tanques, visitantes de todas partes del mundo, payasos y globos de colores.