En torno a la mediación cultural

19.4.2022 : https://teatrodelbarrio.com/destinomadrid/

Pensar fuera de los límites de la legalidad. Pensar fuera del posibilismo. Pensar como acción directa frente a la mediación policial/cultural.

El trabajo de las instituciones culturales se ha concentrado en la mediación como forma de filtrar, controlar y desarrollar jerarquías ultraconservadoras en lo artístico y muy de clase media, desde el punto de vista de quienes las gestionan y para quienes lo hacen. 

La cultura de la transición y la mediación cultural de hoy en día responden a una lógica biopolítica idéntica: la lógica del miedo/control. Necesitamos, como respirar, sindicatos transgresores de productoras/inventoras/activistas/artistas contra la mediación.

Hay que darle un par de vueltas al miedo y a la falta de imaginación política que se refugian tras expresiones como «diálogo y mediación».

La mediación cultural es un discurso de clase, con todo un sistema académico que la avala y un régimen institucional expositivo que la consolida. 

Mientras tratamos de desbordar los sistemas de representación, la cultura se ha convertido en un espacio mediado que trata de domesticar cualquier atisbo de pensamiento-como-acción

La mediación cultural es una agencia censora desarrollada para neutralizar la posibilidad de antagonismo político, social y cultural.

Frente a la mediación cultural capitalista una cultura que desafía el binomio pacifismo-violencia con sentido de clase. 

El pacifismo es uno de los productos de mayor éxito del sistema capitalista.

La Guerra De Culturas contra la mediación cultural es una guerra de clases. 

La mediación ha impuesto que se entienda como cultura las propuestas estéticos que subrayan las líneas maestras del discurso político ultra-moderador. 

La cultura es un espacio en el que el activismo defiende mediación sobre producción, obedece a las jerarquías institucionales y se muestra como un activo de la ultraderechización-en-marcha con su aprensión hacia el conflicto y hacia la Guerra De Culturas.

Da la sensación de que hay que ir pensando en sacar el hacha y las pinturas de guerra frente a la mediación y las políticas de representación…

La domesticación de la producción cultural es parte de la misma domesticación que ha sufrido la política post-15M.

El neoliberalismo español ha creado formas específicas de subjetivación en las que la radicalidad artística es sencillamente impensable y todos los mecanismos expresivos son de conformidad, mediación, control, censura y auto-censura.

La mediación desarrolla valores y límites que comodifican el proceso de producción estética y lo convierten en un ejercicio empresarial.

El mediador es un producto más de la máquina de subjetivación neoliberal.

El artista mediado se convierte en paradigma de emprendimiento, creatividad práctica y liderazgo personal en una ficción neoliberal precarizadora [/ en el vacío de un espacio saqueado.

La mediación articula el mercado neoliberal en el que compiten, unos contra otros, los precarios y auto-precarizados emprendedores artísticos y culturales.

La auto-ficción del emprendedor artístico trata de ocultar algo tan de mal gusto como la precariedad.

La mediación mercantil, política, financiera y policial de los procesos de producción creativa caracterizan lo que es el régimen neoliberal español. 

La mediación e institucionalización artística es el mecanismo de precarizar y, al tiempo, controlar y censurar la producción.

Un eje esencial de la Guerra De Culturas es el enfrentamiento entre mediación y producción artístico/cultural. 

Acción directa contra la mediación y la progresiva institucionalización de la cultura y el arte. 

Hemos vivido la censura y eliminación de las condiciones de producción artística y cultural creadoras de conflictos, inestabilidades, subversiones, desafíos radicales o multiplicidades críticas desestabilizadoras…

Hay un paralelismo interesante entre el desarrollo de la mediación cultural, como forma política de eliminación de una posible radicalidad artística y/o cultural, y el desarrollo de la ultraderecha como imaginario dominante. 

Si la izquierda fuera capaz de plantearse su incapacidad de articular lenguajes antagonistas y enriquecedores, se daría cuenta que al mediar, precarizar y eliminar la producción artística se ha pegado un tiro en el pie.

El neoliberalismo español vive de fantasías de clase media en un imaginario en el que el arte, como capacidad de cuestionamiento radical, ha sido sencillamente exterminado. 

La eliminación de los espacios en los que es posible la producción crítica afecta de lleno al arte y la cultura, pero también, por ejemplo, al periodismo, la enseñanza o la economía. 

La ultraderechización progresiva de la sociedad española es transversal y generalizada, y ha sido paralela al exterminio del arte a través de su mediación y extrema precarización. 

Al mediar la cultura, es decir, precarizarla y diluirla, la izquierda se quedó indefensa ante el monstruo de la #ultraderechización y ahora solo le queda el inane y predecible lenguaje de la queja.

La ultraderechización que vivimos es un fenómeno generalizado que va mucho más allá de la existencia de un partido de ultraderecha.

Los discursos críticos se han vuelto tan dóciles y predecibles porque al exterminar el arte se ha eliminado la capacidad de articular lenguajes conflictivos, peligrosos y problemáticos.

La producción de precariedad masiva, la mediación cultural y la ultraderechización del imaginario social son procesos que se retroalimentan en el modelo neoliberal español. 

Se ha creado un imaginario cultural y artístico de valores normalizadores, muy de clase media, que ha crecido de manera paralela a como lo ha hecho la ultraderechización.

La mediación cultural invisibiliza el conflicto y la guerra en curso contra las personas precarias. 

Es muy sintomática la conexión entre los procesos de mediación y, por tanto, de censura de la producción artística radical, y los procesos de ultraderechización del imaginario y de producción de una realidad que es, en sí misma, policial.

La colonización del espacio artístico necesita del agente policial normalizador con conciencia de clase media aspiracional.

Las lógicas sentimentales que nos emocionan y nos permiten sentirnos justificados, sin tener que perder el tiempo en buscarnos problemas innecesarios, que nos cuestionen como sociedad democrática avanzadísima.

La creación artística como ejercicio empresarial modelado por la economía de mercado y la ultraderechización hegemónica.

Mediadores que organizan talleres sobre la importancia del silencio para artistas inquietos y emprendedores.

La mediación es cómplice de la producción de valor policial.

Hemos pasado de la sociedad del control, cuyo objetivo esencial era el control policial de las subjetividades, a la producción de realidades que son, en sí mismas, policiales.

El monopolio de la violencia es el monopolio de la creación de valor y es el monopolio de la producción de una realidad policial.

La moderación es una herramienta de ultraderechización. Dios es moderado, el rey es moderado, la sociedad es moderada, la gente es moderada, los artistas son moderados, la producción artística es mediada… Como tiene que ser, para que nadie se salga de madre.

La moderación como uno de los ejes que han permitido el paso de una sociedad controlada policialmente a la producción de una realidad que ya es en sí misma policial en todas sus lógicas.

La mediación es la forma en que la moderación controla y monitoriza [psicológicamente] a través de la cultura.

La democracia española como la conquista fundamental de la ultraderechización hegemónica.

La moderación es enemiga de cualquier insinuación comunista.

La mediación para que no penetren los espectros comunistas y que las fronteras de lo que puede ser cuestionado estén claramente definidas dentro del mercado neoliberal.

La mediación se fundamenta en el imaginario de clase media acomodada y aspiracional, y dispone de toda una estructura académica, cultural, política y policial que la justifican.

La moderación utiliza la excusa de la democracia para invisibilizar la necesidad vital de un comunismo de los medios de producción, materiales e inmateriales.

La seguridad policial de los comportamientos va de la mano de la generación de valores ciudadanos.

El Dios de la moderación es un dios porque es necesaria una energía mental metafísica 

y una capacidad sobrehumana para imponer la moderación 

en estos tiempos tan turbulentos de producción de realidades policiales. 

Creemos en el Dios de la Moderación porque para gobernarnos es necesario moderar la angustia y el odio que generan las desigualdades, la represión, la guerra de clases, 

la precarización como forma de gobierno 

y el régimen de producción policial en el que vivimos.

Tenemos una cultura mediada para la ‘gente normal’; ese concepto inexistente que neutraliza el riesgo, el conflicto, el antagonismo, y que personifica nuestro miedos e incertidumbres. 

Resulta difícil imaginar mayor muestra de derrota que moderar el lenguaje para llegar a la inexistente ‘gente normal’. Impone marcos de regulación como si fueran marcos de significación originarios, naturales, normales.

Las diferentes capas de presencia policial en la institución cultural modifican e invaden de manera substancial cualquier definición de cultura, así como las formas de percepción cultural de cualquier realidad.

Al mismo tiempo que la subjetividad capitalista toma al ‘artista’ como modelo de precarización, su producción cultural invisibiliza el conflicto.

Necesitamos guerras culturales como respirar; miles de vietnams culturales…

Nos interesa el peligro, el riesgo, el terror, la radicalización, la inmoderación, la antipatía, el exceso, la desobediencia, la hostilidad, la violencia, la esquizofrenia, la paranoia, la disfuncionalidad, así como los seres asociales, caníbales golosas, carentes de valores democráticos.

No nos interesan las prácticas aseadas, terapéuticas, para toda la familia, correctas, respetuosas, normalizadoras, portadoras de avales de superioridad moral

El discurso del arte, que en el mejor de los casos subraya de manera obediente los discursos políticos hegemónicos, es integrado en la narrativa de control del sistema de representación. 

El arte y la cultura nos distraen del malestar de la guerra en curso. 

Sesión de tiro. En torno a la mediación cultural. Por JAVIER MONTERO

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