El Acratógrafo

Enero, 1984.

Órgano de la Confederación Nacional del Trabajo nº74 (fragmento).

En mi barrio, de pequeños, jugábamos mucho a policías y ladrones, quizás por ese instinto natural que tenemos los humanos de separar el mundo en dos bloques, los buenos y los malos. Yo no sé por qué motivo, a mí siempre me tocaba jugar de ladrón, seguramente era debido a que los policías eran los chicos más fuertes y siempre terminaban ”convenciéndome”. El juego siempre consistía en pequeñas escaramuzas callejeras, algún asalto frustrado y espectaculares detenciones junto al farol que era la imaginaria oficina del sheriff, donde a veces un chico muy alto que era siempre el jefe, porque su padre era guardia urbano, nos ataba, y tras hábiles interrogatorios con alguna que otra retorcida de brazo, nos obligaba a rendirnos, y los ladrones quedábamos cabizbajos y como decía Paquito ”Jopé, algún día tenemos que ganar nosotros”.
Un buen día los ladrones decidimos imponer las reglas de juego y acordamos que había que invertir los papeles y serían los policías los que iban a pasarlas canutas. ¡Qué espectáculo!, los policías acostumbrados a ganar siempre no encontraban su papel, y a los ladrones nos hacía mucha gracia verlos allí agrupaditos.
Hace poco, volvimos a jugar a policías y ladrones, en la mismísima Puerta del Sol, y a las ocho de la tarde. Varios miles de policías, se congregaban a protestar por el incumplimiento por parte del Ministerio del Interior de las promesas de pago de atrasos, militarización del Cuerpo y un sinfín de slogans que como buenos chicos coreaban.
Yo estaba emocionado, otra vez los ladrones éramos los ciudadanos, los mismos que tantas veces habíamos corrido delante de ellos, ahora lo hacíamos detrás. Ellos circulaban pacíficamente desarmados, enarbolando pancartas y gritando, ¡Viva la Constitución! El personal no salía de su asombro, los descuideros, carteristas, timadores y chicas de vida fácil, ¿fácil?, que tanto abundan en la zona, sonreían incrédulos y se daban codazos de complicidad, un viejete muy simpático decía: ”cuidado con las carteras, que hay mucho policía”.
Un grupo de obreros del metal afectados por la Reconversión (que en contra de lo que creen algunos no es hacerse mahometano), y que días atrás habían sido protagonistas de otra manifestación que acabó como el rosario de la aurora, decidía en improvisada asamblea que deberían establecer un cordón de protección, y algún que otro pasota iba diciendo ”por favor, disuélvanse’, ”circule, no hagan grupos”.
Entre el gremio periodístico si que había coña, porque el que más y el que menos ha tenido a lo largo de su profesión ligeras ”discrepancias de pareceres” con los guardias del orden, sin ir más lejos, hace unos días un colega gráfico fue apaleado en el País Vasco. Eso sí, con la credencial en la boca. (Yo sigo convencido de que la credencial nos la ponen para saber a quién tienen que pegar).
Una cosa es cierta, los periodistas salvo algunas excepciones no son trigo limpio, algunos incluso, leen mucho. Y ya se sabe que la cultura no puede conducir a nada bueno. E incluso se permiten denunciar alegremente las estafas, injusticias, barbaridades y otras pequeñeces que los representantes del pueblo puedan cometer. Claro que luego tiene sus compensaciones, como nuestro amigo Vinader, que estará unos años de vacaciones en Londres. Y es que se quejan de vicio. Por eso a mí no me parece mal que los peguen, pero en la cabeza no que están estudiando.
Pues estos desalmados de la pluma y la Nikon, estaban todavía dudando de la sinceridad de estos guardianes de la paz, y el orden. No se podían creer que, unos chicos tan bien trajeados, pudieran ser capaces de interrogar a nadie ni de intervenir teléfonos ni de perseguir manifestantes y mucho menos de pegar tiros al aire.
Ese día jugamos todos a policías y ladrones.
Yo no quiero jugar más de ladrón, ni de policía, y la próxima vez que me intenten pegar, gritaré ¡Viva la Constitución! y así quizás como una voz repetida por el eco, llegará a los oídos de mi agresor el sonido de sus palabras en un extraño día.
Sr. Ministro. Hágales caso. Se pueden enfadar. La policía cuando pega es que pega de verdad, y a ninguno le interesa pegar por frivolidad.

Charlie T.




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