Infección/Defección

El enemigo está dentro: el individuo autosuficiente contemporáneo tiene un pasajero dentro de su cuerpo. Un giro en la percepción de lo trascendente nos ha llevado de lo infinitamente grande y separado a lo inconcebiblemente pequeño y adquirido. Nuestro concepto de individuo separado está en crisis no sólo por razones políticas, sociales, culturales o psicológicas. Tampoco en sentido biológico podemos hablar de un sistema orgánico autosostenido mediante interacción con un entorno inanimado; tal sistema sería estable y se limitaría a consumar su destino. Innumerables microorganismos nos habitan, completamente adaptados a nuestros procesos fisiológicos y reproductivos, entregados como oferta en el mismo pack consumible de la vida. Algunos son a veces molestos, otros pasan simplemente inadvertidos y muchos resultan imprescindibles para consumar los procesos vitales a que estamos adaptados; ni siquiera seríamos sin ellos.

Pensemos en una comunidad tan heterogénea que una parte de sus miembros ignora qué percepción del mundo se da en la otra, o desconocen mutuamente su existencia porque la desarrollan dentro del mismo soporte, pero en contextos totalmente diferentes. No están hechos para percibirse, y sin embargo interactúan de forma simbiótica. En esta comunidad de especies que han alcanzado un estado de equilibrio dentro del sistema compartido se infiltran permanentemente elementos invasores. Hacia fuera, este sistema inestable forma parte de otro(s) sistema(s) inestable(s) con los que se relaciona, buscando siempre su posición y su equilibrio. Sería difícil establecer una jerarquía en este juego de equilibrios y derivas: los planos separados tienden a mezclarse, ‘lo desconocido’ siempre llega como una noticia de esos otros planos de realidad, se produjo en ellos como un desarrollo autónomo que ahora interfiere el nuestro, trascendencia que hoy se concibe como producción: el virus que llega del espacio exterior.

El Virus sería un elemento simple cuyo único objetivo es la propia reproducción en otros seres. El elemento invasor no es esencialmente maligno ni busca destruir el sistema que empieza a parasitar, sino todo lo contrario, ya que sus propias posibilidades de reproducción dependen por completo de las posibilidades de reciclaje de dicho sistema, tanto como su propia existencia no se manifiesta sino como un cambio en la forma del mismo. Sin embargo tiende a provocar siempre un desajuste cuando esta forma de existencia no ha sido plenamente adaptada. Si el elemento ya ha sido procesado el sistema dispondrá de anticuerpos que desactivarán el mensaje desequilibrante, pero este mecanismo no está garantizado, ya que los microorganismos, en función de su simplicidad, son capaces de una gran plasticidad, y consiguen transmitir con frecuencia los mismos síntomas bajo codificaciones siempre nuevas. Es conocida la dificultad enfrentada por los virólogos a la hora de detectar y tratar el SIDA, debido a la enorme “astucia” planteada por el virus responsable de esta constelación difusa de “enfermedades”, capaz de mutar constantemente y de alcanzar formulaciones de sí mismo que burlan todas las vigilancias. Cada año se detectan nuevas formulaciones del virus de la gripe, muchas de ellas provocadas por los desafíos lanzados por la medicina a través de las vacunas y de la medi(c)ación paranoica, dándose el resultado paradójico de que la propia lucha contra el virus puede fomentar la aparición de especies adaptadas a las nuevas condiciones.

El virus no ataca al organismo globalmente, sino que lo infecta localmente. La misión de la partícula vírica que logra alcanzar la célula sin ser reconocida es modificar su código genético en un sentido que facilite su propia replicación. Pero este “fraude” de escritura, este detournement clandestino del espacio ocupado producirá en el organismo que lo soporta el “síntoma” mediante el que el virus se expresa, y únicamente a partir del cual será diagnosticada su existencia. El síntoma es la emergencia en un plano de realidad de algo que acontece en otro plano de realidad, la noticia de lo trascendente o la “novedad comunicable”. Sólo la esporádica afirmación del virus desarraigado y disconforme nos da algo que decir cuando alguien nos pregunta cómo estamos. Para el enfermo todo es sinónimo de su enfermedad, y él mismo no se define por otra cosa.

Ahora la célula expele partículas víricas capaces de contaminar otras células y reiniciar el proceso. Generalmente un virus es una escritura azarosa con pocas probabilidades de asentarse en el sistema: sus efectos virulentos suelen ser destructivos para el organismo que lo hospeda, por lo que son rechazados finalmente por el mecanismo inmunológico o agotan su ciclo sin asegurarse la reproducción. Así como todo ser vivo se adapta al medio, emigra o perece, el Virus se adapta al ser vivo, muta o es eliminado como una simple toxina. Por ello el virus que parasita temporalmente un organismo busca medios de transmisión a través de los cuales acceder a otros organismos y reiniciar allí el proceso, manifestándose cuando lo logra en forma de epidemia. También en el proceso de contagio muestran los virus una diversidad notable: todo tipo de fluidos corporales, objetos compartidos, alimentos ingeridos o el propio aliento según el tipo. En el caso improbable, pero posible en función del gran número de interacciones, de que el virus se estabilizase en un número de individuos, habría generado un factor transmisible de diversidad.

La dinámica descrita presenta grandes analogías con los procesos de interacción social que se condensan en la cultura. La cultura es la realidad formal que media la actividad humana. No podemos saber si nos posee o la poseemos. Cuando la concebimos como algo dado e indiscutible es probablemente ella quien se reproduce a nuestra costa. Cuando nos oponemos a algunos de sus contenidos lo hacemos siempre en función y a través de otros, de manera que no hay posibilidad de escapar a alguna dinámica de abstracción que nos haga reconocibles para los demás, a alguna formalización por tanto de algo que podríamos percibir, continuando con nuestro juego, como “el virus de la cultura”, o el concepto de cultura atravesando la historia, transmitiéndose bajo un proceso análogo y muy diversas formulaciones. Suponer aquí que la cultura es un virus que se reproduce de modo estable en el animal humano no implica sino la metáfora de un injerto orgánico que se ha impuesto en las dinámicas selectivas y se ha constituido en capacidad del animal viviente lanzado a una nueva etapa evolutiva: cultura, en vez colmillos, un olfato fino o piernas veloces. Cultura, en lugar de miedo.

La base para esta analogía la otorga el hecho de que ambos sistemas se estructuran como una escritura. Podemos comprender nuestra secuencia ADN como la escritura inmanente que determina la mayor parte de los rasgos externos del individuo viviente, y las fórmulas condensadas de la cultura (ritos, mitos, instituciones o costumbres) como escritura trascendente que determina la mayoría de las disposiciones prácticas del individuo humano. No porque en nuestra cultura occidental y judeocristiana el libro haya sido el medio de transmisión de cultura por antonomasia y haya heredado el prestigio de “objeto revelador” de su origen: esto más bien contribuye a sepultar y mistificar el tipo de escritura al que hago referencia, que no es sino la imagen que un grupo humano se hace de sí mismo. No es preciso ceñirse a la secuencia discursiva y si acaso sí concebir ya esa mediación que es el objeto transmisor de cultura como una emergencia que parasita la conciencia social y busca reproducirse en ella. A través del libro, al fin y al cabo, el conocimiento establecido se reproduce en las conciencias como un residente estable y estabilizador, es el aparecido que trae la noticia trascendente de la autoridad histórica, pero que en la modernidad se constituye también, al lado de las mediaciones que le suceden y muy influido entonces por ellas, en molécula responsable de nuevas apariciones, producciones que la dinamizan.

Pero no se trata aquí de describir dos dinámicas paralelas, de las cuales una sería la alegoría más o menos mecánica de la otra y ésta el paradigma más o menos sesgado de aquélla. Ambos planos de realidad, naturaleza y cultura, no pueden entenderse en oposición ni sólo en relación de complementariedad formal, sino que están imbricados uno en el otro, resultan en última instancia indiscernibles y su conceptualización separada sólo obedece a una elección de perspectiva. El individuo humano está genéticamente dispuesto para ser un individuo cultural; nuestra escritura exterior del mundo condiciona la supervivencia de determinados rasgos sobre otros. Esta interactividad, que siempre ha funcionado de hecho naturalizando la cultura al tiempo que se cultivaba la naturaleza, mantenía bajos niveles de eficacia mientras seguía predominando una naturaleza indomable sobre la que se injertaban dolorosamente los rasgos de la cultura, mientras que unos pocos, apropiándose de lo que es común y de sus mediaciones, ponían en juego nuevos dinamismos selectivos. Los mecanismos por los que ese conocimiento resulta operable permanecían a disposición de una minoría, por lo que se presentaba como un flujo trascendente, dado e imperativo. Hoy transcurrimos la mayor parte de nuestra existencia en un entorno culturizado en el que la novedad constituye la norma y la única marca de trascendencia a que podemos aspirar. El paisaje de diseño (más o menos afortunado) que son nuestras ciudades aparcela y canaliza nuestra conciencia igual que lo hace con el territorio. Los vaivenes de la opinión pública siguen los dictados de la información. Se existe televisivamente, periodísticamente, informáticamente. Los eventos ya no son lo que sucede, ni la trascendencia que se expresa a través de ellos, sino la reconstrucción vírica que de ellos hacen los medios. El flujo incontinente de novedades se ha abstraído de toda noción de progreso y ya no tiende sino hacia sí mismo. La representación, que se materializa en la erección que provoca la chica del anuncio, termina absorbiendo a ésta y reconduciéndola hacia la abstracción extrema del flujo de capital, Representación Máxima. Retorno del Aparecido, de una forma de Trascendencia que se ha hecho indiscutible bajo su disfraz profano. La dominación capitalista, que tiene su origen en la revolución burguesa, se reproduce de nuevo y se refuerza con cada revolución virtualizada. Todas estas novedades han perdido su poder de innovación. El principio de placer y el principio de realidad, tradicionalmente enfrentandos como el sujeto a sus resistencias, han sido superados por la máquina del capital mediante la formulación de un principio de realidad virtual que mistifica toda realidad en su representación y permite el goce de la representación en sí misma.

El primer movimiento por el que la máquina capitalista se agencia cualquier impulso de transformación es el reconocimiento. A medida que la máquina procesa información y se hace más compleja resulta mucho más sencillo para ella incorporar novedades y adecuarlas a sus mecanismos de producción, e incluso aportar alguna modelización previa que reconduzca la novedad al campo glamouroso de los “remakes”. Aquí la máquina sale a la calle (el activista y el espía utilizan probablemente la misma marca y modelo) y recorre con su ojo divino las huellas de resistencia de lo humano, ensañándose en la mierda y en los cristales, buscando la proporción que produce la emergencia, allí donde aún queda algo que contar. A continuación se produce el aislamiento de la molécula emergente y sus propiedades: la máquina selecciona los accesos a esa realidad, abstrayéndola de sus relaciones, y se apropia de la trascendencia propia del suceso, de su alma o paradigma. De ella no quedan más que imágenes, y éstas no son todavía sino material en bruto. Siguiente paso: elaboración de contratipos. La máquina corta y pega a conveniencia de la máquina, construye su propia trascendencia, se autoproduce en el nuevo paradigma. Aunque documentase fielmente el paradigma originario, ya no es lo que fue, ni deja de serlo, lo que permite conjugar a conveniencia lo virtual y lo real en esa frontera ambigua. El proceso se culminará con la conversión en mercancía buscada desde el principio, momento en que se hace patente la conversión de lo otro en lo mismo y la reproducción de lo mismo a través de lo otro, es decir, el mecanismo básico de alienación con todas las matizaciones y extensiones que hoy comporta.

Este proceso, repetido una y otra vez, enfrenta siempre el problema del desgaste de lo conocido. La reproducción de la Máquina, no referida a ninguna trascendencia exterior que la justifique, necesita alentar su propia trascendencia, recrear siempre lo sorprendente, lo no visto, el lugar donde el miedo y el deseo todavía movilizan alguna transacción numérica. Esto le lleva a transgredir constantemente los códigos (hasta que el efecto de transgresión se vuelve contra sí mismo), a innovar y multiplicar permanentemente el campo de las mediaciones (hasta que la mediación sea comprendida por el ciudadano medio como un juguete sin más trascendencia), a hacer cada vez más visible lo que proliferaba gracias a su invisibilidad. Y aunque estamos todavía lejos de localizar, aislar y desactivar a nuestro propio “odiado pasajero”, el modelo y su puesta en práctica resultan hoy accesibles para cualquiera que desease estar verdaderamente informado.

Extraído de “Dinámica de virus. El principio de realidad virtual

Desmontando al delincuente

Viñeta de Elvisa Pereza

Aitor fue vecino mío durante casi cuatro años en Vallekas, compañero de lucha por el derecho a la vivienda en la PAH y hermano en la construcción de esa frágil y utópica realidad que sigue siendo Monte Perdido 60 bis*. Los tres ocupantes del bloque conformábamos una insólita y estrafalaria familia donde todo era compartido: los recursos y los problemas de vivir en un edificio sin agua corriente ni cédula de habitabilidad, las comidas friganas, las garrafas de agua traídas desde el parque de Amós Acero, las cervezas y las risas en la terraza antes de ir a dormir…

Hace poco más de un mes Aitor dio con sus frágiles huesos en la prisión de Valdemoro, dejando consternadas a su familia, amigas, vecinas y compañeras de La Villana de Vallekas, la Asociación Entrepuentes, etc., quienes redactaron colectivamente un escrito firmado por casi cien personas para intentar conseguir su tercer grado, del que reproduzco un breve extracto:

Hemos convivido durante años con Aitor Barreda Gallego. Durante todo este tiempo Aitor se ha mostrado como una persona tranquila, afable, siempre dispuesta a ayudar en lo que fuese sin pedir nada a cambio. En ningún caso ha mostrado un temperamento agresivo ni ha ocasionado ninguna molestia en su entorno. Además de buen vecino y compañero, Aitor ha sido una persona muy presente en las actividades del barrio, participando regularmente sin ánimo de lucro en diversas iniciativas sociales, lúdicas y educativas y en la lucha por el derecho a la vivienda. Gracias a su presencia activa en iniciativas colectivas de mejora del barrio se trata de una persona muy querida entre nosotras…

Los “delitos” de los que se le ha acusado, todos ellos leves (un intento no consumado de hurto de un cartón de leche en un supermercado, enfrentamientos con la seguridad o participación en el intento de frenar el desahucio de Ofelia Nieto, tal y como hemos hecho en otros muchos lugares), no cuestionan el perfil que el escrito ofrecía ni suponen en ningún caso indicios de una personalidad “asocial” incapaz de reinsentarse.

Fragmento de la primera carta de Aitor a su madre y amigos desde prisión

No obstante, este testimonio colectivo que refutaba el supuesto carácter violento, la “peligrosidad criminal” y la “alta posibilidad de comisión de nuevos delitos” que había contemplado el juzgado, no fue tenido en cuenta, como tampoco las declaraciones de las asociaciones en las que colaboraba altruistamente ni los informes médico-psiquiátricos que daban cuenta del tratamiento que estaba siguiendo desde hacía meses y desaconsejaban su interrupción.

Se da la circunstancia de que Aitor había empezado a manifestar pequeños brotes psicóticos que empezaban a minar sus capacidades y su estado anímico, razón por la que reunimos un grupo numeroso y diverso de apoyo y seguimiento de su proceso terapéutico conformado por familiares, amigxs, profesionales de la salud y trabajadores sociales. En el momento de su ingreso este trabajo comenzaba a dar sus frutos, y Aitor volvía a ser el chico alegre y brillante que siempre había sido. Pero ni su enfermedad ha sido considerada como atenuante ni se ha valorado lo contraproducente que puede resultar interrumpir la terapia justo en este momento, aislándolo cuando más necesita el calor y el apoyo de su entorno.

Solo puedo concluir que Aitor se encuentra en prisión más por su perfil social, su falta de recursos económicos y su actividad política que por sus actos. Y que su caso no es único, sino que nuestras prisiones están llenas de personas a las que no se ha ofrecido ninguna oportunidad, que han sido duramente golpeadas cuando intentaban levantarse y que entre rejas van dejando de abrigar ninguna esperanza de futuro.

  • Monte Perdido 60 bis es un proyecto colaborativo en torno a uno de los edificios recuperados por PAH Vallekas para personas sin recursos habitacionales que ha sido mostrado ya en ABM Confecciones (Puente de Vallecas), JACA Jornadas de Arte y Creatividad Anarquistas (Carabanchel), ACVIC Centre d’Arts Contemporànies (Vic) y próximamente se presentará en la Escola Massana de Barcelona.

Against Gentrification // Todo por la Praxis

Against Gentrification // Todo por la Praxis

Hablar de gentrificación hace unos años parecía una excentricidad o un trabalenguas academicista. En estos momentos este termino forma parte del mainstream incluso nos atrevemos a decir que forma parte de la cultura popular. Es un termino que ya esta extendido y esta identificado en mayor o menor medida. Sin embargo, a fecha de hoy sigue sin entenderse del todo el fenómeno ya que es simplificado en muchas ocasiones por   la hipsterizacion de los barrios.

Pero más allá de este tópico simplista, este fenómeno nos habla de un proceso más serio y de más calado que implicando expulsión de sus habitantes como consecuencia de un procesos puramente especulativo. Esto implica una vulneración del derecho a la ciudad ya que se imponen las reglas neoliberales en favor de los intereses de unos frente a otros por códigos puramente mercantilistas. El derecho habitar en un territorio, en la comunidad y tejido social que se ha construido durante años se rompe cuando irrumpe el mercado con sus caprichosos vaivenes. El papel de institución que debiera proteger ese derecho, sin embargo, en muchas ocasiones es todo lo contrario y es cómplice de los intereses especulativos al desproteger por su inacción y falta de políticas públicas que reviertan esta situación.

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La calle como objeto de creación

Sobre el taller de fotografía introspectiva, social y participativa “Barrio e Identidad”

«Cada forma de actividad social define su propio espacio. La forma que toma el espacio en la ciudad es un símbolo de nuestra cultura, del orden social existente, de nuestras aspiraciones, necesidades y temores.»

David Harvey, 1977

Soy fotógrafa, investigadora y profesora de fotografía. El inicio de mi interés sobre el valor antropológico de la fotografía en el documental etnográfico comenzó cuando estudiaba Comunicación Audiovisual en la Universidad de Málaga. Sin embargo no fue hasta 2015, cuando inicié el proyecto Foto Acción Almería con mis alumnos de Fotografía de la Escuela de Arte de Almería, cuando comencé a experimentar el poder de la Fotografía como herramienta para comprender el mundo. A partir de diversas experiencias, comencé a pensar también en el peligro de la cámara fotográfica como herramienta de poder.

El poder de producir significados simbólicos a partir de un material neutro y dúctil ha llevado a los artistas desde siempre a crear utopías y obras de arte. Cuando ese material ni es neutro ni tan flexible y a nuestra disposición como pretendemos, llegamos a pensar que esa figura demiúrgica que Platón relacionaba con Dios ha llegado hasta hoy en una actitud que, pudiendo ser bastante ingenua, acaba resultando totalitaria. ¿Cómo de autoritarios somos cuando tenemos una herramienta de creación y comunicación en nuestras manos? ¿Son la calle y los vecinos objetos de creación para nuestras comunicaciones?

En 2015 tuve ocasión de compartir con los compañeros del Grupo de Estudios Antropológicos “La Corrala” de Granada (muy vinculados a Solidarios Casa del Aire), y otros colegas docentes y artistas, en torno a la publicación “Capital y terruño” de Valeriano López y Susana Velarino, una actividad divulgativa respecto a la responsabilidad gentrificadora de los diseñadores urbanistas, dirigida a nuestro alumnado participante en un concurso de ideas para “embellecimiento” del Casco Histórico de Almería propuesto por el Ayuntamiento. La visión antropológica y sociológica, así como la experiencia social y de activismo, me da una visión acerca de la construcción de ciudad, comunidad y sociedad que me es difícil compartir cuando desarrollo mi labor docente o me relaciono con otros fotógrafos.

Es por eso que he ido creando una serie de talleres, que imparto con los colectivos que me los solicitan, en los que mi manera de abordar la calle y la fotografía pasa por la visión de apoyo y el respeto mutuo (si esto fuera posible tras la autocrítica y el análisis de las incoherencias).


En estas reflexiones abordo siempre tanto el papel de los artistas fotógrafos que abordan la calle como escena, como el de los diseñadores que participan en las estrategias urbanísticas de las instituciones y particulares, e incluso el de quienes, en ocasiones, nos planteamos el uso del artivismo en estos procesos de divulgación, comprensión y visibilización de lo precario y de sus luchas.

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Arte y Propaganda por el hecho.

ARTE Y PROPAGANDA POR EL HECHO
10.10.2019 – 11.01.2020
A cargo de Democracia

Byron Maher/ Sindicato de manteros – CDR Joan Rebull – El Pressentiment – En Contingencia – Laura Pinta Cazzaniga – Monte Perdido 60 Bis – Sitesize

Inauguración, jueves 10 de octubre a las 19.00 h en ACVic Centre d’Arts Contemporànies (Sant Francesc, 1 Vic)

Esta exposición se configura alrededor de las nuevas prácticas artísticas de inspiración libertaria que se están dando actualmente en el estado español. Prácticas que más allá de su propio contenido político, son políticas por las condiciones de producción y difusión, ajenas a la institución arte y que buscan imbricarse con determinados movimientos sociales. Desde hace unos años podemos cartografíar una serie de encuentros en los que se ha buscado reflexionar de manera colectiva sobre las relaciones entre arte y anarquía en las que la presencia del activismo de cuño libertario ha sido indisociable: Arte y propaganda libertaria (Madrid, 2015), ANARCO (Valencia 2016-17), las Jornadas de Arte y Creatividad Anarquistas (Madrid, 2015-2019).

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Acoso laboral

Contra el miedo a la carencia, al sometimiento, a no poder negarse, a no poder escupir (rebelarse), y de la misma manera que haría un hámster, nuestras glándulas parótidas (conductos salivares), como en un gesto inconsciente de resistirse a tragar y, por tanto, de guardar ante la carencia, se obstruyen con adenomas (tumores benignos) y literalmente, no podemos comer. 

El hipotálamo, que es el regulador central de las funciones viscerales autónomas, endocrinas y nerviosas de nuestro cuerpo, desde el cerebro organiza conductas fundamentales tales como la liberación de hormonas de la hipófisis, la conservación de la temperatura corporal y la organización de conductas como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento, agresión, etc. Ante una amenaza o riesgo, estamos diseñados para prepararnos para un ataque o una huída y, para tal fin, activamos y nos proporcionamos la mayor cantidad de energía posible. El hipotálamo, entonces, estimula una alarma que combina señales nerviosas y hormonales. Los circuitos nerviosos aumentan la sensación de alerta, enfocan la atención, reducen la sensación de dolor, controlan el hambre, el sueño, los deseos sexuales, etc. Las glándulas suprarrenales liberan cortisol y adrenalina. El cortisol, la hormona del estrés, agudiza el sistema inmunológico y aumenta la cantidad de combustible en la sangre (carbohidratos, glucosa y grasas) necesario para reaccionar al estrés. La adrenalina aumenta los latidos del corazón, eleva la presión de la sangre y aumenta la producción y utilización de energía. Cuando el cuerpo deja de percibir una amenaza, se regula automáticamente y la alarma se desactiva. Pero cuando el cuerpo está sistemáticamente enfrentado a situaciones estresantes (el acoso psicológico en el trabajo, o mobbing, es considerado un severo estresor psicosocial) la alarma permanece activa y el cuerpo funciona todo el tiempo en estado de alerta. Su activación nerviosa y hormonal constante deteriora el organismo generando diversos problemas psicosomáticos: úlceras gástricas, alteraciones en la tiroides, crisis cardiacas, dolores musculares, psoriasis, diabetes, ataques de pánico, mareos, dolor de extremidades, comportamientos compulsivos, alteraciones del sueño, irritabilidad, auto medicación, auto aislamiento, sensación de soledad y abandono, ansiedad, hipervigilancia, llanto incontrolado, depresión, trastornos alimenticios, dificultad para concentrarse, irritabilidad, apatía, indefensión, desesperanza, suicidio, etc.

Todas nuestras convicciones acerca de la invulnerabilidad e ilusión de control personal,  de visión de un mundo afectuoso, justo y con significado, nos proporcionan sensación de estabilidad y control y, este equilibrio, es necesario para nuestro sistema conceptual. Pero cuando nos encontramos expuestos a estrategias de acoso de forma sistemática, cuando sentimos atacada nuestra dignidad de manera sistemática, recibimos un tipo de información incompatible con los modelos mentales existentes de comprensión del mundo. Ese ataque a nuestras creencias básicas, puede derivar en una intensa crisis psicológica o en la desintegración de nuestra comprensión de la realidad y de nuestro mundo interior. Esta ruptura cognitiva contribuye a generar en nosotrxs un profundo estado de desesperanza e indefensión, ya que los esquemas válidos previos nos resultan ineficaces para interpretar la situación de acoso. En este punto, desarrollamos trastornos de estrés postraumático, o reconstruimos un nuevo mundo con un sistema de creencias más adecuado a la nueva situación.

Libre descarga: Guía básica de autodefensa

Imagen en Rayos X de hámster comiendo


Democracia representativa o “Lo llaman democracia y no lo es”

Parece obvio que la democracia real no consiste en votar cada cuatro años, que consiste en poder participar y decidir acerca de los asuntos que nos afectan en la vida cotidiana. En todos y cada uno de ellos. Pero por lo que veo no lo es tanto, porque hay que recordárselo a muchos de los que viniendo de “abajo”, ahora son políticos profesionales.

Y lo que es muy triste, a parte de sus votantes que vuelven a estar presos de la dicotomía izquierda/derecha y de la lógica de las urnas. Me pregunto si dentro de esa simplista clasificación el PSOE es de izquierdas, cuando con él se aprobaron muchas de las peores medidas privatizadoras. Cuando están en los mismos consejos de administración y participan en los mismos foros de empresas transnacionales que el PP y Ciudadanos (Y Vox en camino)

Es decir, están al servicio de los mismos. Pero son peores incluso porque encima su discurso es perversamente hipócrita. Cuando el PSOE en 2011 justo antes de dejar el gobierno, aprobó el artículo 135 por el cual ponía la hacienda pública al servicio de la banca.

No me identifico con ningún grupo/partido político, me identifico con la gente “de abajo”. Que somos los gobernados, la inmensa mayoría, que no participamos de forma directa en las decisiones que nos afectan. Porque ya está prácticamente todo decidido de antemano por los de arriba. En base a sus propios intereses que son contrarios a los nuestros.

Los votos sin participación directa no son nada. La política de las urnas sin la política de base, de calle, de vecindad, no es nada. Está desconectada de la realidad material. Nadie está “representando” los intereses de las de abajo, ningún otro partido político. Porque han vuelto a la misma vieja retórica de siempre. De los votos, la izquierda y la derecha, las promesas electorales. La lógica de la representatividad.

Se lo han vuelto a creer o nos lo están haciendo creer. O las dos cosas. Estamos volviendo a creer que la política es cosa de los políticos, de los despachos, de las negociaciones entre los de arriba. Pero si no defendemos y peleamos por nuestros derechos desde abajo desde las instituciones no lo van a hacer. Porque el problema es estructural. No es una cuestión de partidos. Deciden sobre nuestras vidas los que sólo miran por sus intereses, los bancos y las empresas. Este “sistema democrático” no es tal. Pero nos hacen creer que sí lo es. Porque votamos y…ya.

Algo que me parece sumamente perverso y peligroso es el papel que juega el “posibilismo” en la legitimación de esta las discusiones y argumentaciones de algunos partidos de los llamados “de izquierdas”. Argumentaciones que como resultado último acaban por defender y legitimar esta falsa estructura democrática. Las escucho constantemente. Y me aterroriza pensar lo fácil que es caer en esta retórica que nos hace ir en contra de nosotros mismos. Por poner sólo un ejemplo: la “Operación Chamartín” o como la llaman ahora “Madrid Nuevo Norte”, aprobada por todos los partidos del ayuntamiento de Madrid. El posibilismo es el argumento clave, como había que negociar con un banco, dentro de lo “posible” hemos conseguido mejorar algo.

Por el cumplimiento de las necesidades de los abajo no se debería negociar con los bancos. No así. Porque los bancos no miran por nuestros intereses, miran exclusivamente por los suyos. Parece muy simple, pero así es. Son lógicas opuestas. No están al mismo nivel. La lógica del cuidado de la vida VS la lógica del expolio de la vida.

Si cruzan la línea y se ponen a negociar con un banco desde las posiciones de políticos “electos” de X partido, están jugando de nuevo al perverso juego de la representación. El punto de mira se pone en lo que se ha “podido” hacer desde ese lugar. Para defender nuestros intereses, tienen que ponerlos por encima de los de la banca privada y no al mismo nivel. Porque salimos perdiendo sí o sí. Y mucho. Muchos perdemos la vida. Muchos vivimos en condiciones miserables por justificar este tipo de negociaciones en aras del “posibilismo”. De que es un mal menor.

Aunque se consiga arañar un puñado de viviendas públicas al banco, es la forma de hacer política desde arriba sin los de abajo, lo de siempre, “cambiarlo todo para no cambiar nada”, pedir que deleguemos y que entendamos que desde esta llamada “democracia” es lo que hay, que no se puede hacer más. Pero eso ya lo sabíamos. No había que dar tantas vueltas para llegar a lo mismo.

Olvidamos como siempre a lo largo y ancho del mundo y de la historia que el poder de los que están arriba se lo damos los de abajo y que sin los de abajo ellos no son nada, que en la democracia participan los de abajo y se defienden sus intereses por encima de los intereses económicos y mercantilizadores o no es democracia.

Irene H. Arquero