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Arte y Propaganda por el hecho.

Publicado en ¿Qué pasa aquí?, Autobombo, Difusión

ARTE Y PROPAGANDA POR EL HECHO
10.10.2019 – 11.01.2020
A cargo de Democracia

Byron Maher/ Sindicato de manteros – CDR Joan Rebull – El Pressentiment – En Contingencia – Laura Pinta Cazzaniga – Monte Perdido 60 Bis – Sitesize

Inauguración, jueves 10 de octubre a las 19.00 h en ACVic Centre d’Arts Contemporànies (Sant Francesc, 1 Vic)

Esta exposición se configura alrededor de las nuevas prácticas artísticas de inspiración libertaria que se están dando actualmente en el estado español. Prácticas que más allá de su propio contenido político, son políticas por las condiciones de producción y difusión, ajenas a la institución arte y que buscan imbricarse con determinados movimientos sociales. Desde hace unos años podemos cartografíar una serie de encuentros en los que se ha buscado reflexionar de manera colectiva sobre las relaciones entre arte y anarquía en las que la presencia del activismo de cuño libertario ha sido indisociable: Arte y propaganda libertaria (Madrid, 2015), ANARCO (Valencia 2016-17), las Jornadas de Arte y Creatividad Anarquistas (Madrid, 2015-2019).

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Comunicado del Frente Cultural contra el fascismo

Publicado en ¿Qué pasa aquí?, Difusión

El viernes 31 de mayo se reunieron en el Instituto Do It Yourself de Puente de Vallecas una serie de personas convocadas vía email vinculadas al ámbito de la producción cultural en todas sus facetas.

El objetivo de la reunión era plantear algún tipo de respuesta común frente a la amenaza cierta de que una extrema derecha declarada, abiertamente xenófoba, machista, clasista y homófoba, no sólo entre en las instituciones madrileñas, cosa que ya ha sucedido, sino que participe en pactos de gobierno con otras fuerzas que les permitan asumir determinadas funciones que nos afectarían seriamente.

Pese a que se constató que la posibilidad de que esto ocurra no está confirmada, se vio conveniente en cualquier caso crear algún tipo de herramienta preventiva mediante la que poder articular respuestas urgentes a situaciones que ya se vienen dando con demasiada frecuencia desde que entró en vigor la Ley Mordaza, así como llegado el caso ejercer presión sobre ciertas decisiones políticas.

En consecuencia se acordó constituir una plataforma abierta e inclusiva bajo la denominación Frente Cultural, capaz de dejar de lado nuestras diferencias políticas y estéticas para poder plantear una barricada defensiva frente al avance de los que pretenden aniquilar la libertad de pensamiento y de creación y “pasar” por encima de los derechos de todas.

Acto seguido se procedió a la redacción de su primer comunicado.

COMUNICADO

Tras las pasadas elecciones del 26 de mayo en Madrid estamos viendo cómo se baraja la posibilidad de que el partido de ultraderecha VOX entre a formar parte del gobierno municipal y regional.

La presencia del fascismo y más concretamente de VOX en las instituciones madrileñas marca una línea roja inadmisible. Hacemos un llamamiento a todas las personas que trabajan en el mundo de la cultura para crear un frente amplio que lo impida.

Pensamos que es imprescindible dar una respuesta clara y efectiva ante esta amenaza, desarrollar espacios de encuentro, desactivar la deriva represiva y ganar sus guerras culturales.

Aquellos colectivos o trabajadores culturales que desean suscribir este comunicado pueden mandar un mail a frentecultural@riseup.net y expresar su adhesión.

El día 13 de junio convocamos la primera primera Asamblea de los firmantes del comunicado para plantearnos próximos pasos, que tendrá lugar en el Instituto Do It Yourself en la calle Manuel Laguna 19, a las 19 horas.

FRENTE CULTURAL

Madrid a 6 de junio de 2019

Hablar en Arte/Todo Por la Praxis/Carmen Hidalgo/Hola Por Qué/Sistema de Monos/Luis Navarro/Democracia/Daniel Villegas/ABM Confecciones/Gloria G. Durán/Ruth Montiel Arias/Paula Rubio Infante/Javier Montero/Dos Jotas/JACA

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Acoso laboral

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Contra el miedo a la carencia, al sometimiento, a no poder negarse, a no poder escupir (rebelarse), y de la misma manera que haría un hámster, nuestras glándulas parótidas (conductos salivares), como en un gesto inconsciente de resistirse a tragar y, por tanto, de guardar ante la carencia, se obstruyen con adenomas (tumores benignos) y literalmente, no podemos comer. 

El hipotálamo, que es el regulador central de las funciones viscerales autónomas, endocrinas y nerviosas de nuestro cuerpo, desde el cerebro organiza conductas fundamentales tales como la liberación de hormonas de la hipófisis, la conservación de la temperatura corporal y la organización de conductas como la alimentación, ingesta de líquidos, apareamiento, agresión, etc. Ante una amenaza o riesgo, estamos diseñados para prepararnos para un ataque o una huída y, para tal fin, activamos y nos proporcionamos la mayor cantidad de energía posible. El hipotálamo, entonces, estimula una alarma que combina señales nerviosas y hormonales. Los circuitos nerviosos aumentan la sensación de alerta, enfocan la atención, reducen la sensación de dolor, controlan el hambre, el sueño, los deseos sexuales, etc. Las glándulas suprarrenales liberan cortisol y adrenalina. El cortisol, la hormona del estrés, agudiza el sistema inmunológico y aumenta la cantidad de combustible en la sangre (carbohidratos, glucosa y grasas) necesario para reaccionar al estrés. La adrenalina aumenta los latidos del corazón, eleva la presión de la sangre y aumenta la producción y utilización de energía. Cuando el cuerpo deja de percibir una amenaza, se regula automáticamente y la alarma se desactiva. Pero cuando el cuerpo está sistemáticamente enfrentado a situaciones estresantes (el acoso psicológico en el trabajo, o mobbing, es considerado un severo estresor psicosocial) la alarma permanece activa y el cuerpo funciona todo el tiempo en estado de alerta. Su activación nerviosa y hormonal constante deteriora el organismo generando diversos problemas psicosomáticos: úlceras gástricas, alteraciones en la tiroides, crisis cardiacas, dolores musculares, psoriasis, diabetes, ataques de pánico, mareos, dolor de extremidades, comportamientos compulsivos, alteraciones del sueño, irritabilidad, auto medicación, auto aislamiento, sensación de soledad y abandono, ansiedad, hipervigilancia, llanto incontrolado, depresión, trastornos alimenticios, dificultad para concentrarse, irritabilidad, apatía, indefensión, desesperanza, suicidio, etc.

Todas nuestras convicciones acerca de la invulnerabilidad e ilusión de control personal,  de visión de un mundo afectuoso, justo y con significado, nos proporcionan sensación de estabilidad y control y, este equilibrio, es necesario para nuestro sistema conceptual. Pero cuando nos encontramos expuestos a estrategias de acoso de forma sistemática, cuando sentimos atacada nuestra dignidad de manera sistemática, recibimos un tipo de información incompatible con los modelos mentales existentes de comprensión del mundo. Ese ataque a nuestras creencias básicas, puede derivar en una intensa crisis psicológica o en la desintegración de nuestra comprensión de la realidad y de nuestro mundo interior. Esta ruptura cognitiva contribuye a generar en nosotrxs un profundo estado de desesperanza e indefensión, ya que los esquemas válidos previos nos resultan ineficaces para interpretar la situación de acoso. En este punto, desarrollamos trastornos de estrés postraumático, o reconstruimos un nuevo mundo con un sistema de creencias más adecuado a la nueva situación.

Libre descarga: Guía básica de autodefensa

Imagen en Rayos X de hámster comiendo


Democracia representativa o “Lo llaman democracia y no lo es”

Publicado en ¿Qué pasa aquí?

Parece obvio que la democracia real no consiste en votar cada cuatro años, que consiste en poder participar y decidir acerca de los asuntos que nos afectan en la vida cotidiana. En todos y cada uno de ellos. Pero por lo que veo no lo es tanto, porque hay que recordárselo a muchos de los que viniendo de “abajo”, ahora son políticos profesionales.

Y lo que es muy triste, a parte de sus votantes que vuelven a estar presos de la dicotomía izquierda/derecha y de la lógica de las urnas. Me pregunto si dentro de esa simplista clasificación el PSOE es de izquierdas, cuando con él se aprobaron muchas de las peores medidas privatizadoras. Cuando están en los mismos consejos de administración y participan en los mismos foros de empresas transnacionales que el PP y Ciudadanos (Y Vox en camino)

Es decir, están al servicio de los mismos. Pero son peores incluso porque encima su discurso es perversamente hipócrita. Cuando el PSOE en 2011 justo antes de dejar el gobierno, aprobó el artículo 135 por el cual ponía la hacienda pública al servicio de la banca.

No me identifico con ningún grupo/partido político, me identifico con la gente “de abajo”. Que somos los gobernados, la inmensa mayoría, que no participamos de forma directa en las decisiones que nos afectan. Porque ya está prácticamente todo decidido de antemano por los de arriba. En base a sus propios intereses que son contrarios a los nuestros.

Los votos sin participación directa no son nada. La política de las urnas sin la política de base, de calle, de vecindad, no es nada. Está desconectada de la realidad material. Nadie está “representando” los intereses de las de abajo, ningún otro partido político. Porque han vuelto a la misma vieja retórica de siempre. De los votos, la izquierda y la derecha, las promesas electorales. La lógica de la representatividad.

Se lo han vuelto a creer o nos lo están haciendo creer. O las dos cosas. Estamos volviendo a creer que la política es cosa de los políticos, de los despachos, de las negociaciones entre los de arriba. Pero si no defendemos y peleamos por nuestros derechos desde abajo desde las instituciones no lo van a hacer. Porque el problema es estructural. No es una cuestión de partidos. Deciden sobre nuestras vidas los que sólo miran por sus intereses, los bancos y las empresas. Este “sistema democrático” no es tal. Pero nos hacen creer que sí lo es. Porque votamos y…ya.

Algo que me parece sumamente perverso y peligroso es el papel que juega el “posibilismo” en la legitimación de esta las discusiones y argumentaciones de algunos partidos de los llamados “de izquierdas”. Argumentaciones que como resultado último acaban por defender y legitimar esta falsa estructura democrática. Las escucho constantemente. Y me aterroriza pensar lo fácil que es caer en esta retórica que nos hace ir en contra de nosotros mismos. Por poner sólo un ejemplo: la “Operación Chamartín” o como la llaman ahora “Madrid Nuevo Norte”, aprobada por todos los partidos del ayuntamiento de Madrid. El posibilismo es el argumento clave, como había que negociar con un banco, dentro de lo “posible” hemos conseguido mejorar algo.

Por el cumplimiento de las necesidades de los abajo no se debería negociar con los bancos. No así. Porque los bancos no miran por nuestros intereses, miran exclusivamente por los suyos. Parece muy simple, pero así es. Son lógicas opuestas. No están al mismo nivel. La lógica del cuidado de la vida VS la lógica del expolio de la vida.

Si cruzan la línea y se ponen a negociar con un banco desde las posiciones de políticos “electos” de X partido, están jugando de nuevo al perverso juego de la representación. El punto de mira se pone en lo que se ha “podido” hacer desde ese lugar. Para defender nuestros intereses, tienen que ponerlos por encima de los de la banca privada y no al mismo nivel. Porque salimos perdiendo sí o sí. Y mucho. Muchos perdemos la vida. Muchos vivimos en condiciones miserables por justificar este tipo de negociaciones en aras del “posibilismo”. De que es un mal menor.

Aunque se consiga arañar un puñado de viviendas públicas al banco, es la forma de hacer política desde arriba sin los de abajo, lo de siempre, “cambiarlo todo para no cambiar nada”, pedir que deleguemos y que entendamos que desde esta llamada “democracia” es lo que hay, que no se puede hacer más. Pero eso ya lo sabíamos. No había que dar tantas vueltas para llegar a lo mismo.

Olvidamos como siempre a lo largo y ancho del mundo y de la historia que el poder de los que están arriba se lo damos los de abajo y que sin los de abajo ellos no son nada, que en la democracia participan los de abajo y se defienden sus intereses por encima de los intereses económicos y mercantilizadores o no es democracia.

Irene H. Arquero

ArteGuillotina

Publicado en ¿Qué pasa aquí?, Difusión

ArteGuillotina/Obra gráfica contra la monarquía

Inauguración el 13 de septiembre a las 19 h. en la Fundación Anselmo Lorenzo, Calle Peñuelas 41, Madrid.

A continuación el texto de Luis Navarro para el catálogo:

CUENTOS DE AYER Y DE HOY

La Constitución española de 1978 arranca con una grave incoherencia que hace inviable su interpretación orgánica. En su artículo 1 define a España como un estado democrático cuya soberanía reside en el pueblo, para señalar a continuación que su forma política es una monarquía, por más que parlamentaria. En términos lógicos esto supone afirmar de manera axiomática principios contradictorios en un mismo texto que pretende ser constituyente. Es decir todas las demás leyes orgánicas y derivadas deben ajustarse a los fundamentos constitucionales, y ninguna nueva norma jurídica que apruebe el parlamento puede entrar en conflicto con ellos.

La carta robada

La palabra monarquía indica que la soberanía, la fuente del poder político, reside en una sola persona, mientras que en las democracias emana del pueblo de una forma u otra. La teoría política ha cambiado poco respecto a la clasificación de las formas de poder establecida por los filósofos clásicos, quienes distinguían entre el gobierno de uno (monarquía), el gobierno de una clase, ya fuese de sabios o de militares (aristocracia), o el gobierno de todos (democracia), o al menos de todos aquellos a los que se reconocía la condición de ciudadanía. Estas tipologías tenían carácter excluyente a la hora de aplicarse a la organización del estado, y en particular monarquía y democracia ocupaban los extremos más alejados de la nomenclatura: la monarquía se justifica en todos los casos mediante recurso a un principio trascendente, sea de orden teológico o identitario, mientras que las democracias lo hacen en base a principios inmanentes, materialistas o pragmáticos pero básicamente seculares. Las monarquías parlamentarias europeas modernas son un injerto, una criatura monstruosa nacida de especies que se odian cuyo único propósito es limitar y controlar despóticamente el sano ejercicio de los derechos democráticos.

No es la única contradicción en nuestra carta magna referida a la Corona. Según su artículo 14 “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, pero el 56 establece que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. De donde se seguiría que el rey no sería español, o acaso no sería humano, como aseguraban los Sex Pistols de la reina Isabel II o como afirman algunos conspiracionistas.

Está claro que este principio de igualdad inherente a la democracia no puede darse en un estado monárquico, siquiera sea por la banalidad de que ningún ciudadano puede acceder a la jefatura del estado, sea cual sea su capacidad o el apoyo social que concite, si no es el poseedor de los derechos dinásticos. Y estos derechos no son una cuestión simplemente genética. Las monarquías modernas ya no se justifican en razón de un mandato divino, pero siguen siendo resultado de un derecho de conquista militar en la mayoría de los casos. Es decir, se implantan mediante la violencia, se sostienen mediante el uso intimidatorio de la fuerza y no suelen caer sino violentamente.

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Bayer: Globos de colores

Publicado en ¿Qué pasa aquí?

Tengo que admitir que nuestro apoyo a las escuelas no es completamente altruista. Lo vemos como una inversión a largo plazo.

Thimo Schmitt-Lord

Fundación Ciencia y Educación de Bayer

Hace unos meses acudí a una consulta ginecológica y, tras una ecografía, la doctora me informó que, los dolores pélvicos que padecía, eran consecuencia de un quiste en uno de mis ovarios. Una bolsa de agua de no mucho más de 2 centímetros sin ninguna importancia -me explicó al mismo tiempo que me extendía una receta- tomando estas píldoras anticonceptivas en tres meses se te ha quitado, estate tranquila, son de Bayer, una marca de confianza. No me tomé el medicamento prescrito pero a los tres meses volví a la consulta y en la ecografía pudimos ver que, el citado quiste funcional, había desaparecido por sí solo sin necesidad de fármacos, como imagino que sabría mi doctora. De haberlos tomado, el folículo de origen hormonal, habría desaparecido de igual modo pero, entonces, habría que habérselo agradecido a la marca de confianza

Una marca que, por lo visto, parece inspirar seguridad por ser mundialmente conocida por la elaboración de su producto estrella, Aspirina®, lo que no es más que la fórmula sintética de algo que se llevaba utilizando desde la antigua Sumeria como analgésico, antipirético y antiinflamatorio: la corteza del árbol del sauce (hoy, los remedios con esta corteza siguen siendo una alternativa válida, y menos dañina, a la aspirina como analgésico natural). Y también aparece, junto con otras plantas ricas en salicilato, en papiros de farmacología faraónica egipcia pertenecientes al segundo milenio a.C. Estos medicamentos, por lo visto, formaron parte de la farmacopea de la medicina occidental en la antigüedad clásica y en la Edad Media y, sin embargo hoy, es un producto registrado por Bayer en más de 80 países de todo el mundo.

No mundialmente conocida, pero sí histórica, fue la irrupción de Gemma López y Angélica del Valle, dos afectadas por Essure, el 26 de abril de 2016 en la Junta de Accionistas de Bayer en el Recinto Ferial de Colonia (Alemania). Ante la directiva y el propio presidente de la Compañía, denunciaban que todos sus anticonceptivos elaborados con el principio activo de la drospirenona (y que, por el 2017, seguían comercializándose) estaban causando graves lesiones, e incluso la muerte por trombosis o embolias pulmonares, a miles de mujeres en todo el mundo. En el año 2013, Canadá denunció 23 muertes por la ingesta de los productos Yaz y Yasmin y, las autoridades sanitarias francesas, imputaron cuatro muertes al consumo del medicamento Diane 35. En Alemania, las primeras demandandas judiciales contra Bayer por sus fármacos anticonceptivos llegaron en el año 2015. Y en el 2018 en EEUU, prosperaban 16.000 demandas contra la compañía. Ese mismo año, la Asociación Española de Afectadas por Essure presentó una querella en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional contra el laboratorio Bayer, la Agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) y la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), en la que se denunciaban lesiones por este método anticonceptivo, así como estafa o fraude científico. La jueza Carmen Lamela de la Audiencia Nacional rechazó la investigación por circunscribirse los hechos, únicamente, a España y por no encontrar indicios de organización criminal. 

La fille de Brest (Emmanuelle Bercot, 2015)

Sin embargo, Bayer, la gran industria armamentística química, médica y, ahora también, alimentaria, nunca ha estado muy lejos de serlo. Sabemos que se dedicó a la fabricación de explosivos durante la Primera Guerra Mundial y fue responsable, durante ese mismo período, del desarrollo y uso de las armas químicas que mataron a aproximadamente 70.000 personas. Durante la Segunda Guerra Mundial financió con 80 millones de marcos al partido nazi y fue el productor del gas Zyklon B, un insecticida a base de cianuro, utilizado como arma química por los alemanes en las cámaras de gas de los campos de concentración de Auschwitz y Majdanek. Campos de exterminio que la corporación financió para su construcción, y administración, y de los que sacó mano de obra esclava para su planta química IG Monowitz donde, alrededor de 120.000 prisioneros, fueron obligados a trabajar en condiciones pésimas hasta la muerte. Financió y participó en la experimentación científica, que supuso la tortura y muerte de 400.000 presos, para medicamentos posteriormente fabricados y comercializados. Pero solo 23 empleados de la IG Farben (Bayer) fueron juzgados por crímenes de guerra y de lesa humanidad ante el Tribunal de Nuremberg. Trece fueron absueltos y, entre los condenados, el director de producción, Fritz ter Meer, quien tras cumplir su pena por siete años, se convirtió en el nuevo presidente de la compañía en el año 1956. El resto de científicos nazis de Bayer, a partir del año 1945 y dentro de lo que llamaron Operación Paperclip, salieron con identidades falsas a América financiados por el servicio de Inteligencia y Militar de EEUU donde continuaron trabajando en los avances científicos y tecnológicos alcanzados por la Alemania nazi. Hoy en día y según la Coordinación Contra los Peligros de Bayer, el gigante europeo de la farmacia y la agroquímica que cerró el año pasado la compra de Monsanto por 53.373 millones, se declara insolvente ante la demanda de indemnización interpuesta por las víctimas sobrevivientes del Holocausto. 

Retomando el tema de la mano de obra esclava, Bayer debe sentir nostalgia de otros tiempos en sus instalaciones de Alcalá de Henares (Madrid) donde, desde el día 12 de mayo de 2014, el trabajador y delegado de la Sección Sindical de CNT en esta empresa, sigue esperando una indemnización tras sufrir un accidente (caída con fractura del radio del brazo izquierdo) dentro de su espacio laboral. La caída del trabajador fue ocasionada por el incumplimiento empresarial en materia de seguridad y prevención de riesgos laborales, tal y como constató Inspección de Trabajo al visitar las instalaciones tras ser denunciado el hecho. Un hecho que podría haber sido evitado, pues, durante los cinco meses antes del accidente en cuestión, el mismo trabajador afectado notificó, tanto a Recursos Humanos como a la dirección de la empresa, de la peligrosidad existente en el área de la fábrica donde finalmente se produjo el suceso. Pero la técnico de prevención de riesgos respondió, al segundo aviso, negando la inseguridad fundamentada por los operarios y, la empresa, amonestando al trabajador denunciante por las reiteradas quejas en materia de seguridad.

Con fecha 21 de septiembre de 2015, la Dirección General de Trabajo resuelve tipificando y calificando la infracción por parte de la empresa como grave e imponiendo una sanción en grado mínimo de 4.000 euros. Esta sentencia ha sido recurrida por Bayer en tres ocasiones, y desestimada por cada instancia superior hasta concluir, por término de la vía administrativa, con una denuncia al propio trabajador y al INSS que, también ha sido desestimado por el Juzgado de lo Social, pero nuevamente recurrido por la empresa, esta vez, ante la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia. Imaginamos que Bayer debe verse también insolvente ante la demanda de indemnización de otra víctima de su indolencia aunque no para asumir los gastos del litigio, que ya deben de haber ascendido a la cantidad con la que Inspección les sanciona por la deficiencia de sus medidas preventivas.

Ahora, en vez de asumir su responsabilidad, la representante del Comité de Seguridad y Salud de la empresa, que ha perseverado, instancia tras instancia, en la culpabilidad del propio trabajador por imprudencia y en la inexistencia de inseguridad laboral a pesar del hecho de haberse producido el accidente; insta a un acto de conciliación, previo a una interposición de Querella Criminal, el próximo 25 de septiembre a las 11:30 horas en el Juzgado de 1ª Instancia nº17 de Madrid (Calle del Poeta Joan Maragall, 66, Planta 3) para la indemnización de la compareciente por 12.000 euros, contra el propio trabajador lesionado y contra la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) por injurias, es decir, por una actividad sindical a la que no deben de estar acostumbrados. 

A pesar de todo, que no es solo esto, Bayer está enredada en graves imputaciones de todo tipo y por todo el mundo, la compañía invierte aproximadamente medio millón de euros en las escuelas cercanas a sus sucursales en Alemania. Ofrece días de formación para profesores y materiales educativos libres de gastos, en aspectos como la mortalidad de las abejas (Bayer está relacionada con la desaparición de las abejas) y la ingeniería genética (Bayer es líder en el mundo en alimentos transgénicos). La corporación sabe que la infancia y la adolescencia son sus clientes del futuro cercano, así que, preside también laboratorios dirigidos a esa franja de edad con el propósito de hacer las asignaturas más atractivas. Distribuye libros de propaganda de su marca en colegios públicos, como solía hacer su antigua filial Currenta (recientemente vendida por 3.500 millones de euros, incluidas deudas). Los libros representan el divertido ajetreo de una industria química: conductores de grúa, tanques, visitantes de todas partes del mundo, payasos y globos de colores.

Historia de Helbling

Publicado en Pill Golding

Me llamo Helbling y cuento aquí mi historia personal, pues de lo contrario es posible que nadie lo haga. Hoy en día, cuando la humanidad se ha vuelto refinada, no puede provocar especial curiosidad que alguien como yo se siente y comience a escribir su propia historia. Una historia breve, porque todavía soy joven, y no se escribirá hasta el final, pues previsiblemente viviré mucho tiempo aún. Lo más destacado es que soy una persona del todo corriente, hasta extremos inconcebibles. Soy uno más, y eso es precisamente lo que se me antoja extraño. Yo encuentro extraños a los más, y pienso siempre: “¿Qué hacen, a qué se dedican todos estos?”. Yo desaparezco prácticamente entre la masa de esos muchos. A mediodía, cuando dan las doce y me apresuro a dirigirme a casa desde el banco donde trabajo, todos se apresuran conmigo, uno intenta adelantar al otro, otros quieren dar pasos más largos que los demás, y sin embargo mientras tanto piensas: “Si todos van a casa”. De hecho todos van a casa, porque no hay entre ellos ninguna persona singular que no sea capaz de encontrar el camino a casa. Soy de estatura media, por lo que me alegro de no ser ni llamativamente bajo ni explosivamente alto. Tengo la altura justa, como se dice en alto alemán. Cuando estoy comiendo a mediodía, pienso siempre que en realidad podría comer igual de bien, o tal vez mejor, en otro lugar donde quizá reinara un ambiente más alegre a la mesa, y luego pienso dónde podría acontecer eso, dónde hallar la conversación más animada y una comida mejor. Recorro con la memoria todos los barrios y edificios que conozco para descubrir algo adecuado para mí. En general, tengo en alta estima mi persona, bueno, en realidad solo pienso en mí, y siempre procuro darme la mejor vida que cabe imaginar. Como soy de buena familia, mi padre es un respetado comerciante de provincias, encuentro con facilidad todo tipo de objeciones que hacer a las cosas que pretenden abordarme, y a las que debo enfrentarme, por ejemplo: todo me parece demasiado poco selecto. Siempre tengo la sensación de que hay algo en mí valioso, sensible y frágil que hay que tratar con cuidado, y no considero a los demás ni mucho menos tan valiosos y delicados. ¡Por qué sucederá eso! Es justo como si uno fuera demasiado refinado para esta vida. En cualquier caso, es una limitación que me impide destacar, porque cuando, por ejemplo, tengo que cumplir un cometido, siempre necesito meditar primero media hora, ¡a veces incluso una entera! Reflexiono y me entrego a mis ensoñaciones: “Pongo manos a la obra, o lo demoró”. Y entretanto, eso lo noto, algunos de mis colegas se habrán dado cuenta ya de que soy una persona indolente, mientras solo cabe considerarme demasiado sensible. Ay, qué mal lo juzgan a uno. Un cometido que siempre me asusta, me induce a pasar la palma de la mano de un lado a otro por la tapa del escritorio, hasta que descubro que me están observando con sorna, o me acaricio las mejillas con la mano, me toco por debajo de la barbilla, me paso la mano por los ojos, me froto la nariz y me aparto el cabello de la frente, como si mi trabajo estuviera allí, y no en el pliego de papel extendido ante mis ojos en el escritorio. A lo mejor me he equivocado de profesión, y, sin embargo, estoy seguro de que me sucedería lo mismo con cualquier otra, haría lo mismo y lo estropearía. Debido a mi supuesta indolencia, gozo de escasa consideración. Me llaman soñador y dormilón. ¡Oh, cuánto talento posee la gente para colgarle a uno títulos irrespetuosos! No obstante, es verdad: no me gusta mucho el trabajo, porque siempre me figuro que entretiene y apenas estimula mi inteligencia. Y aquí llegamos a otro punto crucial. No sé si tengo inteligencia, y me resisto a creerlo, porque ya me he convencido con frecuencia de que me hago el tonto siempre que me encargan algo que exija juicio y sagacidad. Esto, de hecho, me deja perplejo y me induce a preguntarme si no seré una de esas personas raras que solo son inteligentes cuando se lo figuran, y dejan de serlo en cuanto tienen que demostrar que lo son de verdad. Se me ocurre un sinnúmero de cosas inteligentes, hermosas, sutiles, pero tan pronto he de aplicarlas, me fallan y me abandonan, y yo quedo como un aprendiz torpe. Por eso no me gusta mi trabajo, porque por una parte se me antoja muy poco intelectual, y por otra me supera en cuanto adquiere visas de intelectual. Pienso siempre cuando no debo pensar, y cuando estaría obligado a hacerlo, no soy capaz. Por esta razón disonante también abandono siempre la sala de la oficina unos minutos antes de las doce y siempre llego unos minutos más tardes que los demás, lo que ya me ha acarreado una fama bastante mala. Pero me resulta indiferente, tan indeciblemente indiferente, lo que digan de mí. Por ejemplo, sé muy bien que me consideran un burro, pero siento que si tienen derecho a suponerlo, yo no puedo impedírselo. Además, lo cierto es que hay algo asnal en mi rostro, en mi conducta, en mis andares, en mi habla y en mi carácter. No hay duda, por mencionar algún ejemplo, de que tengo en los ojos una expresión algo estúpida que confunde con facilidad a la gente proporcionándole una pobre opinión de mi inteligencia. Mi carácter posee muchos rasgos de puerilidad amén de vanidad, mi voz tiene un sonido peculiar, como si ni yo mismo, el hablante, supiera que hablo cuando hablo. Tengo un no sé qué de somnoliento, de no-totalmente-despabilado, y ya he señalado que se nota. Siempre me aliso del todo el pelo sobre la cabeza, eso acaso aumente la impresión que doy de obstinada y desvalida mentecatez. Luego me quedo parado junto al escritorio, y puedo pasarme media hora mirando la sala o por la ventana. Sostengo en la mano inactiva la pluma con la que debería escribir. Parado, me apoyo ora en un pie, ora en otro, ya que no me está permitida una movilidad mayor, observo a mis colegas sin darme cuenta de que a sus ojos, que me miran de reojo, soy un vago deplorable carente de escrúpulos, sonrío cuando alguno me mira y sueño sin pensar. ¡Soñar! Ojalá pudiera hacerlo, no tengo ni idea de lo que es. ¡Ni la más mínima! Siempre pienso que si tuviera un montón de dinero no trabajaría, y me alegro como un niño de haber podido pensar eso cuando la idea ya está imaginada. El salario que percibo me parece demasiado parco, y no me pasa por las mientes decir que ni siquiera eso me gano con mi trabajo, a pesar de saber que no hago prácticamente nada. Curioso, no tengo talento para sentir un ligero sonrojo. Si alguien, un superior por ejemplo, me echa una reprimenda, me enfado sobremanera, pues me ofende que me reprendan. No lo soporto, a pesar de decirme que me he merecido la regañina. Creo que me resisto al reproche del superior para poder alargar un poco la conversación con él, quizá media hora, después ha transcurrido otra media hora en cuyo transcurso al menos no me he aburrido. Si mis colegas creen que me aburro, desde luego tienen razón, porque me aburro como una ostra. ¡No hay ni la menor distracción! Aburrirme y meditar sobre cómo podría frenar el aburrimiento: en eso consiste mi única ocupación. Rindo tan poco que me digo: “¡La verdad, no rindes nada!”. A menudo, tengo que bostezar, de manera totalmente involuntaria, abriendo la boca hacia el techo de la habitación, y después me paso la mano para tapar despacio la boca abierta. Luego me parece oportuno retorcerme el bigote con la punta de los dedos y quizá tamborilear sobre el escritorio con la superficie interna de uno de mis dedos, igual que en un sueño. A veces todo se me antoja un sueño incomprensible. Entonces siento lástima de mí mismo y me gustaría llorar. Pero cuando la ensoñación se disipa, querría tirarme al suelo cuan largo soy, desplomarme, hacerme mucho daño contra el borde de la mesa, para poder experimentar el divertido disfrute del dolor. Mi alma no está del todo libre de dolor por mi situación, porque a veces, si aguzo bien la oreja, percibo dentro un leve tono lastimero de reproche, parecido a la voz de mi madre aún viva, que siempre me ha considerado una persona recta, al contrario que mi padre, que posee principios mucho más rígidos que ella. Pero mi alma me parece demasiado oscura y carente de valor como para que yo aprecie lo que expresa. No estimo demasiado su tono. Pienso que solo por aburrimiento escucha uno el murmullo del alma. Cuando estoy en la oficina, mis miembros se convierten despacio en madera a la que uno desearía prender fuego para que se queme: mesa y hombre se hacen uno con el paso del tiempo. El tiempo, eso siempre me da qué pensar. Pasa deprisa, pero a pesar de la celeridad, parece encorvarse de pronto, romperse, y entonces es como si ya no existiera el tiempo. A veces se lo oye murmurar como una bandada de pájaros alzando el vuelo, o por ejemplo en el bosque: allí siempre oigo el murmullo del tiempo, y eso te reconforta mucho, porque entonces la persona ya no tiene que pensar. Pero casi siempre es diferente: ¡reina un silencio sepulcral! ¡Puede ser una vida humana que uno no perciba su avance, su proximidad al final! Hasta ese momento mi vida me parece bastante vacía, y la certeza es que seguirá siéndolo, transmite algo interminable. Algo que te ordena dormirte y hacer únicamente lo más indispensable. Así me comporto yo: solamente finjo que trabajo con ahínco cuando noto detrás de mí el aliento maloliente de mi jefe, que se acerca sigiloso para sorprenderme en la indolencia. El aire que exhala lo delata. El buen hombre siempre me procura una pequeña variación, por eso todavía siento un gran aprecio por él. ¿Pero qué me induce en realidad a respetar tan poco mis obligaciones y mis instrucciones? Soy un hombrecillo insignificante, pálido, tímido, débil, elegante, remilgado, lleno de sensiblerías inútiles para enfrentarse a la vida y, si alguna vez me fuera mal, no podría soportar la dureza de la existencia. ¿No puede infundirme temor alguno pensar que me despedirán de mi empleo si continuó así? Al parecer, no, más por otra parte, ¡sí! Me asusto un poco, y luego vuelvo a no asustarme. A lo mejor soy muy poco inteligente para asustarme, sí, casi me parece como si la terquedad pueril que empleo para vengarme de mis congéneres es una prueba de imbecilidad. Pero encaja de maravilla en mi carácter, que siempre me ordena comportarme de un modo extraordinario, aunque sea en perjuicio mío. Así por ejemplo llevo a la oficina, lo que tampoco está permitido, libros pequeños, que abro cortándolos, y los leo sin sentir auténtico placer por la lectura. Pero parece la refinada rebeldía de una persona culta, más que los otros desean ser. Porque yo siempre aspiro a más, tengo una tenacidad de perro de caza por sobresalir. Si estoy leyendo el libro y un colega se me acerca con la pregunta, que quizá sea totalmente oportuna, “¿Qué está leyendo, Helbling?”, me enfado, porque en este caso está indicado mostrar un carácter colérico que ahuyente a los preguntones que se arriman. Soy enormemente engreído cuando leo, miro a todas partes en busca de personas que se fijen en mí, en la inteligencia con la que formo mi mente y mi ingenio, corto con espléndida lentitud una página tras otra, ya ni leo, sino que me basta con haber adoptado la actitud de una persona enfrascada en la lectura. Así soy yo: farsante e interesado en hacer efecto. Soy vanidoso, pero la satisfacción de mi vanidad es singularmente barata. Mis ropas son de aspecto basto, pero me afano cambiando de traje, porque me complace demostrar a los colegas que poseo varios y que tengo cierto gusto en la elección de colores. Me gusta venir de verde, porque me recuerda al bosque, y también voy de amarillo en días ventosos, frescos, porque armoniza con el viento y el baile. Puede ser que me equivoque en esto, no lo dudo en absoluto, porque me reprochan bastante mis numerosas equivocaciones al día. Al fin y al cabo, uno mismo piensa que es un mentecato. Pero qué importa ser un necio o un hombre respetable, cuando la lluvia cae igual tanto sobre un burro como sobre una persona respetable. ¡Por no hablar del sol! Yo me siento feliz, cuando dan las doce, de poder ir a casa al sol, y cuando llueve abro mi amplio y panzudo paraguas sobre mi cabeza, para que no se me moje el sombrero que tanto aprecio. Trato a mi sombrero con mucha delicadeza, y siempre me parece que si puedo tocarlo con la delicadeza que acostumbro, sigo siendo una persona muy feliz. Lo que más me gusta es ponérmelo con cuidado sobre la coronilla cuando termina la jornada laboral. Eso siempre me indica la adorada terminación de la jornada. Porque mi vida se compone de meras pequeñeces, me repito una y otra vez, y me parece extraordinario. Nunca he creído oportuno entusiarmarme por los grandes ideales que conciernen a la humanidad, porque en el fondo soy más crítico que entusiasta, de lo que me felicito. Soy alguien que considera denigrante encontrarse a una persona ideal con pelo largo, sandalias en las piernas desnudas, mandil de cuero alrededor de las caderas y flores en el pelo. En semejantes ocasiones sonrío con timidez. Preferiría con creces reír a carcajadas, pero es imposible, en realidad también es más para enfadarse que para reír, vivir entre personas que no gustan de una coronilla lisa como la que lucía. Por eso me gusta enfadarme por eso me enfado siempre a la menor oportunidad. Suelo hacer comentarios maliciosos, y sin embargo apenas necesito descargar mi malicia sobre los demás, puesto que sé de sobra lo que significa padecer el sarcasmo ajeno. Pero de eso se trata: no hago el menor comentario, ni acepto lecciones, sigo procediendo igual que el día que salí de la escuela. Sigo teniendo muchas cosas de colegial, que a buen seguro me acompañarán durante toda la vida. Hay personas que carecen de aptitud para enmendarse y de talento para formarse con la conducta ajena. No, yo no me formo, pues me parece indigno de mí entregarme al afán de cultura. Además, ya he recibido la educación suficiente para llevar un bastón en la mano con cierta distinción y anudarme un lazo alrededor del cuello de la camisa y coger la cuchara con la mano derecha y decir, contestando a una pregunta pertinente: “Sí, gracias, la velada de ayer fue encantadora”. ¿Qué más podría sacar de mí la educación? Con la mano en el pecho: creo que la educación llegaría a la persona equivocada. ¡Yo ambiciono dinero y cómodas dignidades, ese es todo mi interés por la educación! Me siento muy superior a un peón, aunque él, si quisiera, podría arrojarme con el índice de su mano izquierda a un hoyo en la tierra, donde me ensuciaría. La fuerza y la belleza en personas pobres y de atuendo modesto no me impresionan. Cuando veo a una persona así, pienso siempre en la suerte que tiene la gente como yo con la superior posición en el mundo, comparado con uno de esos bobos cansado de trabajar, y ninguna compasión sobrecoge mi corazón. ¿Dónde tendría yo un corazón? He olvidado que lo tengo. Esto es sin duda triste, pero dónde me parecería indicado sentir tristeza. La tristeza solo se siente cuando uno sufre una pérdida económica, o no acaba de sentarle bien el sombrero nuevo, o cuando, de improviso, se desploman los valores de la Bolsa, y entonces todavía tiene que preguntarse si eso es tristeza o no, y bien mirado no lo es, sino un simple pesar pasajero que se disipa como el viento. Es algo, no, cómo podría expresarlo: es asombrosamente extraño carecer de sentimientos, no saber en absoluto lo que es sentir. Sentimientos sobre la propia persona los tiene cualquiera, y en el fondo se trata de sentimientos reprobables, insolentes para con la colectividad. ¿Pero sentimientos a todos? Acaso uno tenga a veces ganas de plantearse esa pregunta, note algo parecido a una ligera añoranza por convertirse en una persona buena, complaciente, pero ¿cuándo tendría tiempo de hacerlo? ¿A eso de las siete de la mañana o cuándo si no? Ya el viernes y después durante todo el sábado siguiente me pregunto qué podría hacer el domingo, porque en domingo siempre hay que hacer algo. Pocas veces salgo solo. Suelo unirme a un grupo de gente joven; como uno se une, es muy sencillo, uno se limita a acompañarlos, a pesar de saber que es un compañero bastante aburrido. Cruzo el lago en un vápor, por ejemplo, o paseo por el bosque, o viajo en tren a parajes preciosos más alejados. Con frecuencia acompaño a bailar a chicas jóvenes, y he vivido la experiencia de que gusto a las chicas. Tengo una cara pálida, manos bonitas, un elegante frac ondeante, guantes, anillos en los dedos, un bastón guarnecido de plata, zapatos bien lustrados y un carácter delicado, dominical, una voz muy singular y cierta desgana alrededor de la boca, algo para lo que yo mismo no tengo palabras, pero que parece gustar a las chicas jóvenes. Cuando hablo, parece como si hablase una personalidad. Lo presuntuoso gusta, de eso no hay duda. Por lo que se refiere al baile, bailo como alguien que acaba de recibir y aprovechar clases de baile: con garbo, sutileza, precisión, exactitud, pero con excesiva celeridad y rigidez. Mi baile es minucioso y ligero, pero sin donaire. ¡Cómo podría yo ser tan apto para el donaire! Sin embargo me encanta bailar. Cuando bailo, me olvido de que soy Helbling, porque entonces no soy más que una nube feliz. La oficina con sus diversos tormentos no me traería el menos recuerdo. A mi alrededor se ven rostros enrojecidos, perfume y esplendor de los vestidos de las chicas, ojos juveniles que me miran, y vuelo: ¿puede uno imaginar mayor felicidad? Ahora lo tengo: una vez a la semana puedo ser feliz. Una de las chicas a la que siempre acompaño es mi novia, pero me trata mal, peor que las demás. Además, como bien noto, tampoco me es fiel, casi no me quiere, y yo ¿la quiero? Tengo muchos defectos que he referido con franqueza, pero aquí creo que todos mis defectos y carencias se perdonan: la amo. Es mi sino amarla y desanimarme con frecuencia por su causa. En verano, me entrega sus guantes y su sombrilla de seda rosa para que se los lleve, y en invierno puedo trotar tras ella en la nieve honda para llevar sus patines de hielo. No comprendo el amor, pero lo percibo. El bien y el mal son inútiles contra el amor, que no conoce nada más que el amor. Cómo puedo decirlo: por indigno y vacío que soy siempre, no está todo perdido, pues soy realmente capaz de amar fielmente, a pesar de que he tenido sobradas ocasiones para la infidelidad. Navego con ella al sol, bajo el cielo azul, en un bote que hago avanzar remando por el lago, y le sonrío siempre, mientras ella parece aburrirse. Y es que también soy un tipo muy aburrido. Su madre tiene una taberna para obreros pequeña, miserable, con bastante mala fama, en la que paso los domingos sentado, callado, mirándola. A veces su rostro también se inclina hacia el mío, para dejar que estampe un beso en su boca. Tiene un rostro dulce, dulce. En su mejilla un antiguo rasguño cicatrizado deforma un poco su boca, pero para dulcificarla. Tiene ojos muy pequeños, con los que te mira entornándolos, como si quisiera decir: “¡Te voy a enseñar lo que es bueno!” A menudo se sienta a mi lado en el raído y sucio sofá de la taberna susurrándome al oído lo bueno que es estar prometidos. Yo rara vez sé qué decirle, porque siempre temo que sea inadecuado, así que me callo y, sin embargo, deseo vivamente contestar. Una vez acercó a mis labios su pequeña oreja perfumada: “¿No tendría nada que decirle que solo se pudiera musitar?” Contesté temblando que no, y entonces me propinó una bofetada mientras se reía, no con amabilidad, sino con frialdad. No se lleva bien con su madre y su hermana pequeña, por lo que no tolera que me muestre amable con su hermanita. Su madre, tiene una nariz colorada por la bebida, es una mujer menuda y vivaracha que gusta de sentarse a la mesa con los hombres. Mi novia también se sienta con los hombres. Una vez me dijo en voz baja: “Ya no soy casta”, con absoluta naturalidad, y no supe qué objetar. Qué habría podido decirle al respecto. Con otras chicas tengo cierto arrojo, incluso gracia verbal, pero con ella me quedo mudo y la miro y sigo con mis ojos cada uno de sus ademanes. Siempre me quedo allí sentado hasta que cierra la taberna, o todavía más, hasta que ella me manda a casa. Cuando la hija no está, su madre se sienta conmigo a la mesa e intenta difamar a la ausente. Yo me limito a rechazar con un gesto de la mano mientras sonrío. La madre odia a su hija y es palmario que ambas se odian porque son un obstáculo mutuo para sus respectivos propósitos. Ambas quieren tener un hombre, y ambas se envidian el hombre una a la otra. Cuando estoy por la noche sentado en el sofá, todo el mundo que frecuenta la taberna se da cuenta de que soy el novio, y todos desean dirigirme palabras amistosas, lo que me produce bastante indiferencia. La niña pequeña, que todavía va al colegio, lee sus libros a mi lado, o escribe en su cuaderno con letras grandes y largas y siempre me lo entrega para que revise lo escrito. Nunca he prestado atención a criaturas tan pequeñas, y ahora, de repente, me doy cuenta de lo interesante que es cualquier criaturita que está creciendo. De ellos tiene la culpa mi amor por la otra. Un amor sincero te vuelve mejor y más avispado. En invierno ella me dice: “Oye, qué bonito será en primavera pasear juntos por los senderos del jardín”. Y en primavera: “Me aburro contigo”. Quiere estar casada en una gran ciudad, porque desea disfrutar un poco de la vida. Los teatros y bailes de máscaras, vestidos bonitos, vino, conversación amena, personas alegres, acaloradas, le gustan, la entusiasman. En realidad, a mí también me entusiasman, pero ignoro cómo conseguir todo eso. “A lo mejor el próximo invierno pierdo mi empleo”, le conté. Ella me miró asombrada y me preguntó: “¿Por qué?” ¿Qué habría podido responderle? No puedo describirle todo mi carácter de un tirón. Ella me despreciaría. Hasta ahora cree que soy un hombre de ciertas prendas, un hombre, es verdad que algo ridículo y aburrido, pero que se ha labrado una posición en el mundo. Si ahora le dijera “Te equivocas, mi posición es extremadamente precaria”, ella no tendría motivo alguno para continuar deseando tener relaciones conmigo, ya que vería destruidas todas sus esperanzas relacionadas con mi persona. Yo lo dejo correr, soy un maestro en desentenderme de ciertos asuntos, como suele decirse. A lo mejor tendría suerte si fuera profesor de baile o propietario de un restaurante o director de cine, o tuviera cualquier otra profesión relacionada con la diversión de la gente, porque soy así, soy uno de esos seres bailoteantes, flotantes, pernivolteantes, frívolos, garbosos, callados, siempre reverenciosos y tiernos, que se sentiría afortunado de ser tabernero, bailarín, director de escena o algo parecido a sastre. Si tengo ocasión de hacer un cumplido, soy feliz. ¿No es revelador? Yo hasta hago reverencias, lo que no es nada común, o cuando solo lo hacen los obsequiosos y los tontos, tan enamorado estoy de ese asunto. Para un trabajo serio de hombre no tengo carácter, ni sentido común ni oído ni vista ni tacto. Es para mí lo más alejado que pudiera haber en el mundo. Quiero enriquecerme, pero solo ha de costarme un guiño de ojos, a lo sumo un perezoso extender la mano. Por lo general la aversión al trabajo no es del todo natural a los hombres, pero a mí me adorna, me va bien, aunque sea un vestido triste el que me sienta tan bien y aunque el corte sea lamentable; por qué no debía decir yo “Me sienta bien”, si todos los ojos ven que no me hace arrugas. ¡La aversión al trabajo! Ya no quiero añadir una palabra más al respecto. Dicho sea de paso, creo siempre que el clima, el aire húmedo del lago, tienen la culpa de que no empiece a trabajar y ahora, agobiado por esta certeza busco empleo en el sur, o en las montañas. Podría dirigir un hotel, o una fábrica, o administrar la caja de un banco pequeño. Un paisaje soleado, despejado, tendría que ser capaz de sacar a la luz talentos que hasta ahora han dormido en mi interior. Tampoco estaría nada mal una tienda de frutas tropicales. En cualquier caso, soy una persona que siempre cree ganar interiormente una barbaridad mediante los cambios externos. Otro clima también originaría otro almuerzo, y eso es quizá lo que me falta. ¿Estaré enfermo? Me faltan tantas cosas, en realidad carezco de todo. ¿Debería ser una persona infeliz? ¿Debería poseer predisposiciones extraordinarias? ¿Será una enfermedad plantearse continuamente tales preguntas? En cualquier caso, no es algo totalmente normal. Hoy he vuelto a llegar al banco diez minutos tarde. Ya no soy capaz de ser puntual, como otros. En realidad yo, Helbling, debería estar completamente solo en el mundo, sin ningún otro ser viviente. Ni sol ni cultura, yo desnudo sobre una roca alta, sin tempestades, ni siquiera una ola, sin agua, sin viento, sin calles, sin bancos, sin dinero, sin tiempo y sin aliento. En cualquier caso, entonces ya no tendría miedo. Sin miedo y sin preguntas, tampoco volvería ya a llegar tarde. Podría tener la idea de que yacía en la cama, durante toda la eternidad. ¡Eso quizá sería lo más delicioso!

(1913)

Robert Walser

Traducción del alemán de Rosa Pilar Blanco

Liberad las fuentes (performance furtiva)

Publicado en ¿Qué pasa aquí?, Delincuentes

Cuando la temperatura ambiental supera la del cuerpo humano, ya no hace calor, sino fiebre. Las perspectivas se aplanan y la gente se evapora de las calles. La realidad sestea, gotea, se deshidrata sin poder evitarlo. No hay función, se suspenden los fenómenos hasta nuevo aviso.

Alfredo despierta a media tarde cocido en su propio caldo, con arena en los ojos y ganas de vomitar. Todavía aturdido da unos pasos en busca del barreño, antes de percatarse de que ya no quedan garrafas y de que los demás vecinos del bloque han huido hacia parajes más frescos.

Como mucha gente del barrio, el ex-albañil Alfredo habita en un edificio ocupado, sin agua corriente ni ventilación, mientras gestiona a través de la PAH una solicitud de alquiler social adaptado a sus ingresos (menos de 500 euros procedentes de la RMI y de alguna chapuza cobrada en negro). Si quiere limpiarse el sudor y tomar un trago de agua caliente, tendrá que recorrer más de dos kilómetros a pleno sol hasta llegar a la única fuente pública que hay en todo el distrito.

Hace poco se celebró en Vallecas la tradicional Batalla Naval. Ese día, cualquiera que sale a la calle se expone a recibir un involuntario chapuzón, que a finales de julio no deja de agradecerse. Es la única fiesta que he visto celebrar juntas a gentes de todas las razas y culturas: chinas, marroquíes, dominicanas, rumanas, congosteñas y neonumantinas se mestizan en un juego de todas contra todas, donde las víctimas no tienen derecho a ofenderse. Imagino el origen espontáneo de esta celebración una tarde como ésta, en que Alfonso empuja resignado por calles sin sombra un carrito de Carrefour lleno de garrafas de DIA.

No podemos culpar a nadie de que Madrid no tenga playa. Lo que resulta más cuestionable es que sea, además, una de las ciudades de Europa con menos fuentes públicas por kilómetro urbanizado. Esta desoladora estadística se queda sin embargo corta si acompañamos a Alfredo en su asolada travesía por Vallecas, donde casi todas las fuentes han sido cegadas e inutilizadas por ordenanzas municipales que apelan a la higiene y seguridad públicas. La vieja e infecciosa costumbre de reunirse los vecinos a tomar la fresca y conversar en torno a las fuentes, que lamen hasta los perros, ha sido sustituida por las asépticas y mucho más rentables “cañas” en las terrazas que Alfredo no puede permitirse.

Hasta ahora resultaba comprensible que los gobiernos conservadores castigasen de forma especialmente sádica a un barrio problemático y resistente. Pero ni las sucesivas “olas” de calor extremo que estamos soportando, subsahariano y nativo, ni el cambio político a nivel municipal, sirvieron para cambiar este escenario. Vallecas no sólo sigue llena de mierda, sino también sedienta. Y sin embargo subsiste allí una Cofradía Marinera que canaliza entre el hormigón caliente sueños de libertad y de aventura.

Negar el agua a todo un barrio es como prohibir la verdad o la alegría en todo su perímetro. El agua es también universal, pero además es concreta. Los antiguos consideraban a las fuentes lugares sagrados y les asignaban dioses y ninfas. Nuestros dioses sólo están disponibles cuando hay que celebrar algún éxito deportivo. Lo de menos es su condición de derecho básico o de bien común, o si tener agua es justo o bueno. Todo eso son abstracciones, y sin agua te mueres.

Alfredo no puede cambiar las cosas desde su precaria situación, pero siente la necesidad de realizar al menos un gesto, un simple acto expresivo para dejar constancia de su rabia y su frustración. Decide llevar a cabo una acción mínima, una performance de arte furtivo capaz de iluminar a otros, o cuando menos de llamar la atención, aunque sea por unos instantes y en una medida muy pequeña, acerca de una situación absurda que la administración no considera oportuno abordar.

El arte furtivo es una forma invisible de acción que no encuentra acomodo en los canales institucionales de producción y difusión cultural, aunque su existencia salta a la vista para cualquiera que dé un pequeño paseo por la ciudad. El arte furtivo no busca hacerse reconocer como tal, simplemente toma sus herramientas para otros usos. Suele ser portador de algún tipo de protesta, pero su pretensión es ir más allá de la mera visibilización para producir algún tipo de transformación del entorno. A menudo entraña el enfrentamiento con la autoridad o las costumbres, lo que lo aboca a la marginalidad. Ésta es su paradoja. El arte furtivo borra al autor en cuanto la acción se ha llevado a cabo, y desde ese momento resulta apropiable por cualquiera, lo que constituye su verdadera realización.

Las fuentes están llenas de agua, y el agua tiende a brotar cuando es liberada produciendo un placer inmediato. El contenido desborda la forma sin romper la armonía. El resultado de la acción cambiará el rostro del barrio, llenará de júbilo a las vecinas y pondrá de manifiesto la falta de voluntad política sobre este asunto. Alfredo solo necesita una llave inglesa, un rollo de teflón y un grifo de obra. El único problema es que acaba de entrar en vigor la “ley mordaza”, y el simple gesto de desamordazar las fuentes puede suponerle, aparte de una molesta noche en comisaría, una multa mínima de 600 euros por vandalismo.

Tres personas nos reunimos de madrugada para llevar a cabo la operación. Escogemos como objetivo una de las fuentes del Bulevar, junto a la estatua de la abuela rockera, sin duda uno de los entornos más frecuentados y evocadores del barrio. Uno de nosotros documentará la acción, y otro vigilará desde una esquina estratégica la posible llegada de la policía, que suele patrullar el bulevar a intervalos regulares. Una simple llamada perdida funcionará como la consigna que utilizan los vendedores ilegales que se reúnen en el extremo oeste de la calle… ¡agua! Y Alfredo dejará entonces de manipular la fuente y tirará las herramientas entre los arbustos para poder recuperarlas más tarde.



Tras algún incidente, más debido a nuestra torpeza que a los peligros objetivos que hubo que enfrentar, la operación concluye en apenas diez minutos. Una intervención cualificada no hubiera necesitado más de tres. Alfredo posa satisfecho junto a su obra, totalmente empapado. Es hora de desaparecer, pues las ropas mojadas y las herramientas en la mochila nos delatarían fácilmente.

Esperábamos encontrar al día siguiente a gente feliz llenando botellitas de plástico y niños jugando con globos de agua. Si había suerte y nadie consideraba necesario dar parte, la fuente podía integrarse como elemento recuperado del paisaje y permanecer así durante días. En el colmo de nuestro optimismo, podíamos esperar que alguien destapase el debate y hubiera que justificar políticamente la obstrucción de un recurso público disponible. Todo quedó, sin embargo, escrito en el agua. A la mañana siguiente los servicios de mantenimiento ya habían devuelto la fuente a su estado habitual, y ella parecía mirarnos suplicante con su ojo ciego.

Monte Perdido 60bis

¿Puede salvarnos la poesía?

Publicado en ¿Qué pasa aquí?

Ahora mismo, no estás leyendo mis palabras. Lo que estás leyendo son líneas sobre líneas de código. El código está en tu coche, tu televisor y en las fotos que tomas. Está inscrito en los termostatos, los sistemas de seguridad de las prisiones y las transacciones de Wall Street. En un nivel fundamental, el código es lenguaje. Pero para el filósofo italiano Franco ‘Bifo’ Berardi, no es tan sencillo. Para Berardi, el código y el lenguaje tienen una relación muy específica: ‘Código’, escribe Berardi en Respiración: Caos y Poesía, ‘es el lenguaje endeudado’.

Para entender lo que significa Berardi, sólo tenemos que mirar cómo funcionan los códigos. El código, señala Berardi, es `la imposición de un límite performativo y productivo’. El código es la conexión de tensiones sintácticas predefinidas. En su funcionamiento, crea nuevas limitaciones, definiendo qué entradas están permitidas y qué salidas generan.

La poesía, en cambio, tiene un poder transformador:’reabre lo indefinido’. En lugar de una funcionalidad fluida, la poesía crea nuevos errores, provocando contradicciones deslumbrantes, ilustrativas e inquietantes, que amplían lo que significa ser humano. Mientras que el código opera en una lógica de intercambio directo (por ejemplo, la cadena'< i >’ en los intercambios HTML directamente con una fuente cursiva), la poesía ‘es el lenguaje de la no intercambiabilidad’.

Pero lo que está en juego es mucho más que el código y el lenguaje. Para Berardi, lo que está en juego es nada más y nada menos que la respiración continua de la humanidad, que él ve ahogada por el capitalismo financiero: pueblos y gobiernos del mundo incapaces de combatir un sistema que está en todas partes y en ninguna parte a la vez. La poesía, sugiere, es la única respuesta.

Tal vez todo suena un poco esotérico. Después de todo, ¿qué tiene que ver la poesía con las finanzas? En su libro de 2011, The Uprising, Berardi señala que las finanzas ya han sido afectadas por la poesía. El término’desregulación’, un punto de encuentro para los fanáticos de la economía de libre mercado, fue acuñado por primera vez por Arthur Rimbaud, cuyo’dérèglement des sens et des mots’, fue un llamado a la’desregulación de los signos y las palabras’. Es este mismo impulso, sugiere Berardi, el que está detrás del funcionamiento de las finanzas. En un sentido extraño, sin Rimbaud no existiría Paul Ryan.

Antes de ser un filósofo de renombre, Berardi fue una de las primeras figuras de la radio pirata, el fundador de la emisora milanesa Radio Alice, que a partir de mediados de los años 70 operaba desde una ex emisora militar secuestrada. Más tarde esa década, se mudó a Nueva York para cubrir el movimiento post-punk de una revista de música en Italia. Más recientemente, su trabajo se ha centrado en las finanzas y la tecnología, así como en los fenómenos de los tiroteos masivos, el suicidio por policías y el trumpismo.

El día que hablamos, niños y niñas de todo el mundo marcharon para protestar contra la inacción ante el cambio climático. Aunque no fue planeado, fue un telón de fondo apropiado para una conversación con uno de los pensadores más insurrectos de la filosofía.

Usted abre Respiración escribiendo sobre Eric Garner, quien en 2014 fue asfixiado hasta la muerte por la policía de Nueva York por vender cigarrillos sueltos. ¿Qué tiene que ver esto con la poesía?

En primer lugar, porque soy asmático como Eric Garner. Yo estaba en los Estados Unidos durante esos días para una conferencia. El día que el video sobre la muerte -el martirio- de Eric Garner llegó al público, yo estaba en California. Participé en manifestaciones que gritaban:’No puedo respirar, no puedo respirar’. Para mí, la expresión “no puedo respirar” significa algo especial porque de vez en cuando sufro de crisis respiratorias.

Pero al mismo tiempo, esta mañana, salí de mi casa, vivo en el centro de la ciudad de Bolonia. Oí algunos gritos afuera. Fue una manifestación de gente muy, muy, muy joven. La cruzada de los niños, como en muchos lugares del mundo. La gente está marchando, manifestándose contra la asfixia de la humanidad.

Greta Thunberg (que resulta ser una persona autista, diagnosticada como incapaz de distinguir matices – incapaz de distinguir grises), ha despertado la conciencia de la generación en un punto blanco y negro muy claro. Y este punto es: el capitalismo nos está sofocando. Veo cómo esta conciencia se ha extendido entre las decenas de millones de jóvenes que han estado marchando. Este es un movimiento que durará años. Y el verdadero enemigo de este movimiento es la asfixia. Pero si miras más allá de la asfixia, ves crecimiento, competencia y ganancias. Yo lo llamo “capitalismo”.

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El odio al nazismo es delito en España

Publicado en ¿Qué pasa aquí?, Delincuentes, Difusión

Ayer nos enterábamos por el blog de Jorge Luis Marzo de la Circular 7/2019 de la Fiscalía General del Estado, sobre pautas para interpretar los delitos de odio tipificados en el art. 510 CP. En la que se venía a decir que este delito también era aplicable a los casos en que la incitación al odio se dirigiera contra los nazis

Las consecuencias de esta circular han sido instantáneas ya que 7 compañeras antifascistas, que tuvieron ayer mismo un juicio por un “delito leve de amenazas” del que resultaron absueltas y al que los “amenazados” nazis del Hogar Social Madrid ni siquiera se presentaron, pasaron a ser acusadas de un “delito de odio” por la fiscalía que actuó de oficio.

Como apunta Izca: “El respaldo y la solidaridad ante el futuro juicio por delitos de odio anunciado por el fiscal serán nuevamente claves para ganar esta batalla a la entente formada entre los fascistas y ese sector de la policía y de la judicatura que los ampara y alimenta”.

No Pasarán!