Coronavirus: el Chernobil del neoliberalismo

Fermín Díez de Ulzurrun en disciplinasocial.art

Coronavirus: el Chernobil del neoliberalismo

Por Juan Domingo Sánchez Estop. (publicado originalmente en disciplinasocial.art

Llevamos varios meses asistiendo al desarrollo de una amenaza invisible, de una enfermedad de origen viral que está produciendo miles de muertos y de contagios en todo el planeta y que podría cobrarse muchas más vidas si no se actúa con rapidez y eficacia. La causa de la pandemia que vivimos es un virus, una forma de vida incapaz de sobrevivir y de reproducirse sin encontrar un huésped involuntario en las células de un organismo vivo. El virus es así una forma de vida precaria que, como la nuestra, necesita siempre un otro que la acoja. Como el virus necesita nuestros cuerpos nosotros necesitamos de la sociedad y de los cuerpos que la componen. Los virus siguen así las líneas de nuestras relaciones sociales, las de nuestra propia necesidad de conexión con el otro, las de nuestra intrínseca finitud y vulnerabilidad. En unas sociedades con un altísimo grado de división del trabajo y de interconexión social como las del capitalismo neoliberal los virus gozan de magníficas oportunidades para prosperar. Los virus se difunden por el contacto directo o indirecto con otros individuos humanos, el aire que respiramos, los objetos que pasan de mano en mano o que muchas personas tocan, las mercancías que circulan constantemente. A diferencia de un tsunami, un terremoto o una guerra, la epidemia viral no es espectacular en su despliegue sino en sus efectos directos e indirectos: centenares de miles de contagios, miles y miles de muertos, suspensión de la vida normal y en particular de la vida pública, hundimiento de la producción social y del consumo, miedo latente al contagio. Todo esto no es visible por sí mismo, sino a través de la estadística que nos permite contemplar el comportamiento de las poblaciones.

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El despotismo occidental

Toni Tenembaum en disciplinasocial.art

15 de abril de 2020. Por: Gianfranco Sanguinetti. Trad: José Sagasti publicada originalmente en disciplinasocial.art

El enfoque contra insurrecional adoptado inmediatamente y en todas partes por lo que se llama impropiamente la “guerra contra el virus”, confirma la intención que hay detrás de las operaciones “humanitarias” de esta “guerra”…

*EL DESPOTISMO OCCIDENTAL

Gianfranco Sanguinetti

1 de abril de 2020

La conversión de las democracias representativas de Occidente en un despotismo completamente nuevo ha asumido, a causa del virus, la figura jurídica de “fuerza mayor” (en la jurisprudencia la fuerza mayor es, como sabemos, un caso de exoneración de responsabilidad). Y así el nuevo virus es, al mismo tiempo, el catalizador del evento y el elemento de distracción de las masas por el miedo.(1)

Por más hipótesis que haya planteado desde mi libro “Sobre el terrorismo y el Estado”* (1979) sobre cómo se habría producido esta conversión, que considero inevitable, de la democracia formal al despotismo real, debo confesar que no había imaginado que pudiera ocurrir con el pretexto de un virus. Y sin embargo, los caminos del Señor son verdaderamente infinitos. Y también los de la astucia de la razón hegeliana*.

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España, el estado con más artistas encarcelados

España es el Estado con más artistas encarcelados en el 2019según Freemuse, una organización internacional que defiende el derecho a la libre expresión artística. La ONG asegura que el Estado español encabeza este ranking con 14 artistas en la prisión, seguido de Irán con 13, Turquía con 9 y Birmania con 8. A partir de un análisis de unos 700 casos, Freemuse ha identificado a un total de 71 artistas encarcelados por todo el mundo, la mayoría por “criticar al gobierno”.

Freemuse alerta de que el nacionalismo y el populismo han supuesto un aumento de las restricciones a las expresiones artísticas y destaca el “deterioro importante” en los países donde tradicionalmente se ha protegido este derecho. La música sigue siendo la más censurada, representando el 32% de los casos, pero el arte visual la sigue de cerca con un 26% de los casos.

Extraido de https://www.elnacional.cat/es/cultura/espana-artistas-encarcelados-mundo_493008_102.html

La crisis sanitaria como herramienta de domesticación.

La crisis sanitaria como herramienta de domesticación

El Tranquilizador. En Contingencia en disciplinasocial.art

(Texto de la Biblioteca Social Contrabando publicado originalmente en https://disciplinasocial.art/ )

Este texto pretende ser una aportación al debate sobre lo que está pasando. Es un intento de entender un poco mejor lo que la narrativa oficial de la epidemia nos cuenta, y lo que nos oculta, y como la están llevando a la práctica las instituciones. Se trata de contribuir a crear una perspectiva crítica, que sirva para afrontar lo que se nos viene encima.

Lo que nos están contando los medios de comunicación sobre la epidemia suena a historia de terror, lo que pasa en el vecindario, y en los hospitales parece confirmar su autenticidad. La historia oficial de esta epidemia dirige nuestra atención hacia algunos aspectos de la realidad, en cambio otros, quedan ocultos. Esta historia suena familiar, y parece que simplifica demasiado las cosas: una amenaza, unos buenos, unos malos y la promesa de un final tranquilizador. Si se siguen las indicaciones, claro. Las medidas que están tomando las instituciones estatales van en la misma línea que este relato, y están provocando situaciones graves en lo sanitario y en lo social.

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Diciplina Social / Tras la ventana

No Fear. Dos Jotas. En https://disciplinasocial.art/

TRAS LA VENTANA

(Texto de María Santana Fernández publicado originalmente en https://disciplinasocial.art/ )

CONFINAMIENTO

          En plena epidemia no sentimos todo el miedo que deberíamos, igual que no acabamos de sentir la angustia del encierro. Por eso no es creíble el lamento en torno a las cosas que hemos perdido, porque hace tiempo que no son nuestras. Podríamos decir que nos han expropiado de nuestra libertad, pero hace tiempo que éramos marionetas dóciles y voluntarias. Podríamos llorar porque nos han despedido de nuestros trabajos y nos han empobrecido, pero ya vivíamos instalados en una situación de crisis. Podríamos enfadarnos porque no hay recursos sanitarios, ni previsiones gubernamentales, ni coordinación de las administraciones, pero… Ya éramos una sociedad transparente, vigilada y sumisa con una población aturdida por los dispositivos de realidad virtual. Ya nos habían robado la vida.

¡VIVA LA DISCIPLINA!

          Tenemos la suerte de vivir un momento en el que se ha hecho explícita la disciplina social. Es más, deberíamos dar las gracias a nuestro presidente porque hasta hoy ningún político se había atrevido a ser claro y hablarnos con tan pocos tapujos. ¡Qué placer al poder identificar las fuerzas que nos coartan! ¡Qué euforia al oír directamente la orden de encierro y pensar en la posibilidad de desobedecer! Solo en el preciso instante en que se explicita la orden aparece en el imaginario la opción de decir “no”. Por eso, no podemos desperdiciar la oportunidad de comprender en qué consiste el ritual devastador de la autodisciplina que habíamos interiorizado y que reproducimos en cada acto cotidiano. Hay que dejar al descubierto la lógica perversa de un sistema que nunca pide permiso ni informa del despliegue de sus técnicas de sometimiento.

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Sobreviviendo al Virus: Una guía anarquista

La pandemia no va a acabar en las próximas semanas. Incluso si las estrictas medidas de confinamiento logran reducir el número de infecciones a lo que era hace un mes, el virus podría volver a propagarse exponencialmente tan pronto se suspendan las medidas. Es probable que la situación actual continúe durante meses (repentinos toques de queda, cuarentenas inconsistentes, condiciones cada vez más desesperadas), aunque casi con certeza cambiará de forma en algún momento cuando las tensiones en su interior desborden. Para prepararnos para ese momento, protejámosnos a nosotros mismos y a los demás de la amenaza planteada por el virus, reflexionemos sobre los riesgos y la seguridad que plantea la pandemia, y enfrentemos las desastrosas consecuencias de un orden social que nunca fue diseñado para preservar nuestro bienestar en primer lugar.

Las antiguas formas anarquistas de organización y seguridad tienen mucho que ofrecer cuando se trata de sobrevivir a la pandemia y al pánico que está causando.

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El coronavirus como declaración de guerra

Por Santiago López Petit

Por la mañana me lavo las manos a conciencia. Así consigo olvidar los ojos arrancados por la policía en Chile, Francia o Irak. Antes de comer, me vuelvo a lavar las manos con un buen desinfectante para olvidar a los migrantes amontonados en Lesbos. Y, por la noche, me lavo nuevamente las manos para olvidar que, en Yemen, cada diez minutos, muere un niño a causa de los bombardeos y del hambre. Así puedo conciliar el sueño. Lo que sucede es que no recuerdo por qué me lavo las manos tan a menudo ni cuando empecé a hacerlo. La radio y la televisión insisten en que se trata de una medida de autoprotección. Protegiéndome a mí mismo, protejo a los demás. Por la ventana entra el silencio de la calle desierta. Todo aquello que parecía imposible e inimaginable sucede en estos momentos. Escuelas cerradas, prohibición de salir de casa sin razón justificada, países enteros aislados. La vida cotidiana ha volado por los aires y ya sólo queda el tiempo de la espera. Fue bonito oír ayer por la noche los aplausos que la gente dedicaba al personal sanitario desde sus balcones.

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