Se quema el Ninot del rey en el día de la Hispanidad

La escultura que presentaron hace dos años en la Feria ARCO los artistas Santiago Sierra y Eugenio Merino se ha quemado completando así el proyecto artístico.

Los artistas han elegido el día de la Hispanidad para quemar la figura escultórica del rey Felipe VI en el municipio barcelonés de Berga. Se trata de una obra hiperrealista de casi 5 metros de altura elaborada con materiales combustibles (cera, resinas, madera, tela y pelo natural) que las llamas han consumido hasta dejar sólo una calavera ignífuga a modo de “vanitas” y las cenizas. Además se cuenta con material fotográfico de la quema y un vídeo, que una vez editado, podrá ser adquirido por cualquier coleccionista interesado, junto con la calavera, las cenizas y las fotografías.

La obra se había realizado con la intención de ser quemada con el mismo ánimo con el que se queman las Fallas en la cultura popular: deshacerse de lo viejo y de lo corrupto para dejar paso a lo nuevo. Fue presentada por Santiago Sierra y Eugenio Merino en febrero de 2019 en el stand de Prometeogallery di Ida Pisani, que realizó la producción, durante la 38 edición de la feria de arte contemporáneo ARCO, causando un gran revuelo entre el público y la prensa. Hoy 12 de octubre ha culminado su proceso.

Santiago Sierra y Eugenio Merino son dos artistas conceptuales contemporáneos de gran proyección internacional que realizan un arte político crítico de gran impacto. En esta ocasión decidieron unir sus esfuerzos y fundir sus estilos para la producción de esta obra de arte procesual que aspira a convertirse en un documento histórico de su época, expresando los sueños y los deseos de gran parte de la población de deshacerse de una institución caduca.

De supuestos y policía

Disolución cuerpos represivos. Santiago Sierra. El Eko (Jornadas de Arte y Creatividad Anarquista 2018).

De supuestos y policía

Por @Descansante

Dados los sucesos acaecidos en Vallecas el pasado 24 de septiembre, vuelvo a poner en duda, no a la actuación policial, sino a la policía misma. ¡Es, sin duda, una polémica que surge desde hace años que, proletarios y clases subalternas engrosan las filas del aparato represivo! Y, quitando la mitomanía de ese componente interclasista -que es el policía- como obrero, en el Estado español la historia nos enseña que sólo a través de una profunda división social del trabajo (relegar la seguridad a un órgano especializado), el auge de la propiedad privada (expropiaciones, cercamientos… por parte de la burguesía), la disputa entre la burguesía y la nobleza (necesidad de un aparato represivo ideológico) y el temor al proletariado y lumpenproletariado armado (los primeros policías en susodicho Estado fueron artesanos y pequeña burguesía que tenía que costearse sus propios trajes, limitando así la entrada a los desposeídos), sólo las filas obreras integran estos cuerpos cuando se ha generalizado y hegemonizado el orden burgués e ilustrado, cuando se ha normalizado y estabilizado el modo de producción capitalista.

Este proceso de transformación está muy bien definido por Nuño Negro en «Un monstruo indestructible» dentro de su acepción de la policía como «idea de futuro social», esto es, la integración y asimilación social de la necesidad de estos cuerpos. Pero, y al margen de la composición de este aparato, cabe, y es preciso, hacerse unas preguntas, unos supuestos:

Pongamos que los (barrios) pobres se manifiestan con más violencia que los ricos (herederos de modales ilustrados). ¿No supondría esto la asunción de que la policía está diseñada para contener esta violencia, es decir, a la forma de expresión de la clase obrera? Si los barrios obreros tienen un carácter violento en la expresión de sus demandas, la policía, encargada de mantener el orden (y monopolizar la violencia) sería visiblemente una institución de represión a la clase obrera, pues esta es (según qué tesis), más maleducada, más violenta, más informal. Luego la violencia de la policía está dirigida a la contención de la violencia obrera.

Sin embargo, supongamos que no es cuestión de modo, ni formas; que son idénticas en expresión, aunque no en contenido; es decir, supongamos que la forma de manifestarse es similar entre estos estratos sociales, que nuestras expresiones se pueden clasificar dentro de la «normalidad», que, fundida en la legalidad, concede la violencia y su monopolio a la policía. Entonces, y el citado suceso demuestra que, esa igualdad en formas se reprime con más -o más bien entera- fiereza en barrios obreros.

A modo de resumen, sean ‘los manifestantes obreros’ más violentos o no, la función de la policía es exactamente idéntica, y el análisis y conclusiones que podemos sacar de las experiencias para con este cuerpo son: si somos más violentos a la hora de manifestarnos que las clases pudientes, supone asumir que la policía (diseñada para contener la violencia) con-tiene a los obreros y a su expresión de manifestación; si son idénticos en violencia frente a otras clases, hay que asumir a este cuerpo con su continente necesariamente ideológico y de clase. Esto es que, poniendo cualquier supuesto, nunca la policía cuenta ni tiene un buen lugar más que en la burguesía o en su orden. Es una cuestión de clase, ¡disolución de cuerpos y fuerzas de seguridad, sean o no del Estado!

EMOSIDO ENGAÑADO: Vandalizan el nuevo memorial de La Almudena a las victimas entre 1936 hasta 1944

EMOSIDO ENGAÑADO

El Grupo Antipatriótico Nihilista (GAN) ha vandalizado el Memorial de La Almudena, que recuerda a todos los represaliados desde 1936 hasta 1944, igualando de forma grotesca a víctimas y verdugos.

Hemos sido engañados por un Ayuntamiento neofascista que quiere borrar la memoria de la represión, la persecución y los asesinatos ejecutados por la dictadura franquista.

Hemos sido engañados también por el antiguo equipo de gobierno “progresista” que no cumplió su propia promesa, como tantas otras, de inaugurar el memorial.

Hemos sido engañados por un artista que no ha sido capaz de defender su creación original, anteponiendo la estética a las funciones de reparación y justicia para las que el memorial había sido concebido.

Han pasado 45 años desde la muerte del criminal de guerra y dictador Franco y todo sigue “atado y bien atado”.

Hemos sido engañados y lo decimos a viva voz.

Grupo Antipatriótico Nihilista (GAN), en la guerrilla de las guerras culturales.

Madrid, 9 de septiembre de 2020

Vía: EL LOKAL

Las cárceles de la democracia.

Amadeu Casellas, preso español y militante anarquista, es conocido por repartir el dinero que robó a diversas entidades bancarias y por las huelgas de hambre que protagonizó durante los últimos años de su estancia en prisión.

De su experiencia en prisión, 28 años encarcelado, y de su postura nos habla en una serie de videos que actualmente está subiendo a su canal de youtube, en los que relata de primera mano los abusos y violaciones de los derechos humanos en las cárceles de la democracia española.

1.- Introducción en las cárceles de la democracia

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Redes de apoyo mutuo vecinal. Somos Tribu

De lo poco bueno que nos ha dejado la pandemia, destacamos la generación espontánea de redes de apoyo mutuo que han cubierto las carencias del sistema asistencial. Somos Tribu VK surgió en Vallecas, un barrio con una larga tradición de lucha asociativa, pero en cada barrio han surgido iniciativas similares que han puesto de manifiesto la necesidad y la potencia de la autoorganización.

Contra la mascarilla obligatoria

Si eres de los que se da un baño en el mar con la mascarilla y los guantes puestos; o si eres de los que le encasqueta la mascarilla al crío de cuatro años; o si eres de los que considera que llevar la mascarilla ocho, diez, doce o catorce horas en el puesto de trabajo es un derecho de los trabajadores y no un atentado contra su salud y su dignidad; o si eres de los que piensa que llevar mascarilla es de ser buen ciudadano; o si eres de los que va a la manifa contra los recortes, contra el racismo o contra la ley mordaza con la mascarilla puesta; o si estás conforme con que entre en vigor en Cataluña la obligación de llevarla siempre, aunque haya distancia de seguridad; o si sencillamente eres de los que no entiende por qué hay que ponérsela a la fuerza y encima creerse que eso puede ser bueno para algo…  entonces tal vez te interese leer esta hoja, en la que se dan ALGUNAS RAZONES CONTRA LA MASCARILLA OBLIGATORIA.

Si te parece oportuna y útil para lo que sea, difúndela y repártela de la manera que mejor te parezca.

¿TE HAS PARADO A PENSAR EN SI LA MASCARILLA OBLIGATORIA DE VERDAD SIRVE PARA LO QUE NOS DICEN QUE SIRVE?

¿TE HAS PARADO A PENSAR EN QUE PARA LO ÚNICO QUE SEGURO QUE SIRVE ES PARA NO DEJARNOS HABLAR NI RESPIRAR, PARA ALIMENTAR EL CLIMA GENERALIZADO DE MIEDO, PARA QUE CADA CUAL MUESTRE SU OBEDIENCIA, PARA SEÑALAR AL QUE NO SE SOMETE?

¿TE HAS PARADO A PENSAR EN QUE, CUANDO UNA ORDEN ES TAN ESTÚPIDA Y TAN DAÑINA, SE PUEDE DESOBEDECER?

CONTRA LA MASCARILLA OBLIGATORIA,
¿TE HAS PARADO A PENSAR?

Desde la orden gubernamental del 19 de mayo, confirmada y retocada por Real Decreto el 9 de junio (es decir, en pleno estado de excepción), y hasta que el gobierno tenga a bien declarar «finalizada la situación de crisis sanitaria» (es decir, hasta no se sabe cuándo), «las personas de seis años en adelante» están obligadas a llevar mascarilla.

Son muchos los estudios que muestran que las mascarillas no sirven para impedir el contagio de enfermedades respiratorias del tipo del virus corona.* La propia OMS reconoce que «no hay suficientes pruebas a favor o en contra del uso de mascarillas (médicas o de otro tipo) por personas sanas».** ¿Qué sentido tiene entonces imponer su uso por ley, y encima a enfermos y sanos por igual?

Por otra parte, se nos ha obligado a usar mascarilla justo cuando lo peor de la epidemia ha pasado. Los hospitales ya no están saturados. Y no tiene sentido querer frenar a cualquier precio una enfermedad que sólo resulta peligrosa en unos pocos casos. Siempre ha habido enfermedades de transmisión similar y nunca se nos ha obligado a llevar mascarilla. Ahora mismo hay menos peligro que en plena temporada de gripe en otros años.

Pero no es sólo que haya muchas dudas, y muy razonables, sobre la capacidad de la mascarilla para evitar contagios. Es que además puede ser perjudicial para la salud. Cualquiera sabe que llevar mascarilla es un incordio y una guarrería que no puede sentar bien a nadie. Pero si alguien necesita que se lo confirme la ciencia, que sepa que no faltan científicos que avisan de que el vapor que exhalamos y se va acumulando en la mascarilla es un caldo de cultivo perfecto para virus, bacterias, hongos y parásitos presentes en el aire, y de que las mascarillas impiden que eliminemos correctamente el anhídrido carbónico que exhalamos, haciendo que ese desecho nocivo vuelva a entrar en la sangre a través de los pulmones, de modo que, en lugar de nutrir las células con el oxígeno que necesitan, se les devuelve una sustancia tóxica, lo que puede hacer enfermar de maneras mucho más graves que las que se pretenden impedir con la mascarilla.*** ¿Cómo puede ser que en nombre de la salud se nos impida respirar correctamente?

Si no sirve para lo que dicen lo que sirve, ¿para qué sirve entonces la mascarilla obligatoria?

Utilizar correctamente una mascarilla exige el cumplimiento constante de una serie de instrucciones bastante engorrosas que nadie o casi nadie observa. Cada cual lleva la mascarilla como buenamente puede. O sea, mal. Y no pasa nada, porque lo único que está mandado es que la lleve. Esta imposibilidad de usar correctamente la mascarilla, y la palmaria indiferencia de las autoridades al respecto, demuestra que la función de la mascarilla no es sanitaria, sino política y religiosa: no se trata de recomendaciones más o menos razonables, sino de una imposición legal, de un acto de fuerza; no se trata de mirar por la salud, sino de que se cumpla el ritual mágico de adhesión y de obediencia, que es la manera, única y obligatoria, de conjurar la amenaza abstracta y de evitar el castigo concreto.

Pero cualquiera se da cuenta de que el efecto principal que tiene esta imposición legal y este ritual supersticioso es el de separar (en el doble sentido de aislar y clasificara la gente: la mascarilla hace que sea muy difícil hablar, oculta la mitad de la cara o más y alimenta así la idea de que somos peligrosos los unos para los otros, dejando señalado como «egoísta» (y quién sabe qué más) a quien no se somete, de forma que los obedientes puedan volverse contra él. La agresividad, los malos modos y la intimidación contra quienes se resisten más o menos a llevar la mascarilla, y el desprecio absoluto por las razones que puedan asistirles, están ya a la orden del día.

Pues bien, contra una norma tan estúpida y tan dañina, o sea, tan irracional, cabe desobedecer, o al menos no obedecer más de lo que manda la propia Ley. Digan lo que digan policías, vigilantes, empleados de comercios y servicios públicos y nuestros propios vecinos, por ahora la mascarilla sólo es obligatoria por ley cuando no se puede guardar la distancia de seguridad de metro y medio, lo mismo en sitios cerrados que abiertos, y en los transportes públicos. Y están exentos de ella los niños de menos de seis años; quienes hagan deporte al aire libre; personas en supuestos de fuerza mayor o situación de necesidad; quienes tengan algún problema de salud que les impida llevarla; quienes estén haciendo cosas incompatibles con el uso de mascarilla. Así que quienes coman pipas en el tren, quienes se besen en los autobuses, quienes se suenen los mocos o fumen o beban o lo que sea donde sea han de estar exentos. Claro que las principales actividades incompatibles con el uso de las mascarillas son hablar y respirar. Exentos están también quienes tengan, por ejemplo, algo de asma o les dé ansiedad llevarla, y esto último da la impresión de que nos pasa más o menos a todos. Como las autoridades tienen la manía de no creer a la gente y la cosa se ha puesto tan violenta, hay quien prefiere que un médico le certifique por escrito esta incompatibilidad suya con las mascarillas (por mucho que la ley no exija estos certificados). Otros prefieren obedecer de manera paródica o exagerada y pintarse en la mascarilla lemas como «Yo obedezco», o el dibujito que ilustra este panfleto, o se ponen un bozal encima de la mascarilla, o salen a la calle con una escafandra o con un burka… Otros desobedecen sin más y no se la ponen nunca, o no se la ponen hasta que no les obligan. Las ocurrencias de la inteligencia no sometida no tienen fin.

Porque la salud no puede ser obligatoria

Porque no tiene sentido perder la vida para salvarla

Porque lo que nos están obligando a sacrificar no son nimiedades o lujos prescindibles, sino la vida misma…

CONTRA LA MASCARILLA OBLIGATORIA,

¿POR QUÉ NO DAMOS LA CARA?

https://contraelencierro.blogspot.com/#Mascarillas

**https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses

***https://www.youtube.com/watch?v=c0F6bopeS40&feature=youtu.be, minuto 33 y ss.

“Es malo hablar mal del mal”

La capitulación impuesta en la sociedad occidental del nuevo Despotismo

por Gianfranco Sanguinetti

Raquel Miranda: Irrealidad. Obra participante en la exposición virtual disciplinasocial.art

que nos dan a entender que es malo hablar mal del mal, y que es bueno vivir bajo su obediencia…” [Maquiavelo, ‘Discursos sobre la primera década de Tito Livio’. Libro, III, capitulo 1].

Los extraordinarios progresos realizados en unos pocos meses por el nuevo despotismo en su abrumadora afirmación en las sociedades occidentales, gracias al virus, habrían llevado años en una situación normal, despertando violentas oposiciones y luchas interminables en todas partes. El patrocinador del Foro Económico Mundial de Davos, Klaus Schwab, está encantado. “Un lado positivo de la pandemia es que ha demostrado lo rápido que podemos hacer cambios radicales en nuestros estilos de vida… Debemos usarlo para asegurar el Gran Reset que tanto necesitamos. Esto requerirá gobiernos más fuertes y efectivos…“[1]

Los poderes del Estado, ya desacreditados, cuando no abiertamente difamados, se han reforzado más allá de todos los límites imaginables, irrumpiendo en la vida del la población: ningún gobierno ha dudado en romper y violar la Constitución del Estado, ningún “garante” y ningún partido se ha opuesto realmente, muchos miles de millones se han creado de la nada y han cambiado de manos, las amenazas misteriosas han tenido evidentemente su efecto en todas partes, con la solitaria excepción de Suecia.

La militarización de la información

Pero hay una cuestión especialmente delicada que atañe a todos los países occidentales más afectados por la pandemia -que son también los más ricos y, cabe suponer, los más educados del mundo-: esta cuestión particular parece preocupar a la OMS y a los gobiernos mucho más que las consecuencias del virus, cuestión en la que los poderes públicos están de acuerdo y no transigen, exigen el consentimiento, toman precauciones y están dispuestos a aplicar severas sanciones y una censura sin precedentes. En esto, incluso están preparados para ser feroces contra las poblaciones atormentadas. Y este nudo es la narración ortodoxa de la crisis sanitaria mundial o, como dice el Ministerio francés, citado a continuación, “el estricto respeto de la doctrina de la salud“: desde el murciélago malvado en adelante, a la justificación de la imposición del encierro generalizado, de la suspensión de todas las actividades, al distanciamiento y las barreras sociales, desde el confinamiento domiciliario a las terapias infligidas a los enfermos, hasta la cremación de los cadáveres sin funerales, etc. En estas condiciones, nadie tiene derecho a cuestionar la interpretación correcta y oficial de los acontecimientos ni a criticar la acción y reacción correctas de las autoridades públicas, la Organización Mundial de la Salud, o el tratamiento o los remedios impuestos. Sobre esta estricta ortodoxia ideológica, no se tolera la menor desviación, se militariza la información y por lo tanto se censura: aquí termina toda libre expresión de pensamiento, toda duda y toda crítica se convencen de que aquí están muertos: se consideran crímenes de mayor gravedad, herejía, alta traición, insubordinación, fakenews, todas las cosas dignas de un castigo ejemplar. Todo el mundo tiene que llevar una mordaza [tapa-bocas], para que el reticente pueda ser reconocido desde lejos y castigado severamente. Nunca antes ha habido tal histeria general.

En Gran Bretaña se creó inmediatamente una Unidad de Respuesta Rápida dentro del gabinete, que se encarga de eliminar de la información cualquier contenido que se considere falso, sin posibilidad de apelación, o incluso simplemente “perjudicial“. ¿Perjudicar a quién, se pregunta? ¿Y por qué? ¿Sólo porque se aleja de la narración vulgar del coronavirus, o expresa dudas sobre la gestión y las directivas de la OMS?

En Italia no se duda en aplicar los tratamientos sanitarios obligatorios (TSO) a quienes manifiestan su disconformidad, como en el caso de la U.R.S.S. Todo aquel que exprese públicamente su desacuerdo con las medidas impuestas puede ser detenido y sacado de la calle por la policía y los médicos, quienes, tras inmovilizarlo, le aplican una inyección de anestésico en la plaza pública y luego lo encierran en un hospital psiquiátrico, como ocurrió en Sicilia, atado a una cama de contención por tiempo indefinido a discreción no de un magistrado, sino de un simple alcalde, y en otros lugares a discreción de un obispo.[3] Al mismo tiempo, se ha creado una Guardia Cívica de 60.000 unidades de voluntarios para garantizar que la ciudadanía cumpla todas las infinitas disposiciones contenidas en los decretos ilegales emitidos por el Primer Ministro. Las anécdotas ya no se cuentan, pero ayudan a hacerse una idea de la falta de escrúpulos que acompaña a la imposición del nuevo Despotismo con todos los matices de miedo y terror ejercido ad hominem.

No sé si puede ser un consuelo para los italianos saber que incluso en Alemania una jurista y abogada, Beate Bahner, que había juzgado el encierro inconstitucional apelando al Tribunal Constitucional, fue encerrada en un manicomio[4]. También en Alemania se censuró un informe de 93 páginas, encargado por el Ministerio del Interior a médicos y científicos nombrados por ese mismo ministerio. En el informe[5] se señala, entre otras cosas, que “las medidas terapéuticas preventivas nunca deberían causar más daño que la propia enfermedad”. En cambio, el informe denuncia que “mueren más personas como resultado de las medidas contra el coronavirus que las que mueren a causa del virus”. Los periódicos, tras una primera difusión del informe por un empleado del Ministerio del Interior, han silenciado completamente esta denuncia, y las autoridades han perseguido al informante.

La edificación de una nueva Bastilla

En Francia, donde se ha erigido una nueva Bastilla alrededor de cada elector que se ha hecho paciente, de la cual todos son los únicos prisioneros, el Ministerio de Educación de la antigua República Francesa ha enviado impunemente circulares amenazadoras y escandalosas a todos los maestros de escuela de todos los niveles con directivas en las que se esboza, sin vergüenza ni freno, una necro-pedagogía que debe desarrollarse “en estricto cumplimiento de la doctrina sanitaria“.[6] No hace falta decir que los profesores y maestros que no se sometan al “estricto cumplimiento de la doctrina de sanitaria” oficialmente serán despedidos. La necro-pedagogía tendrá que “orientar las discusiones sobre el hecho de que el mismo castigo afecta a las familias”. Los profesores deben estar atentos a “las derivas sectarias (…) causadas por influencias familiares o externas”: para ello deben “concienciar a los alumnos de los riesgos de los discursos peligrosos que generan falsos remedios y consejos peligrosos en relación con el COVID-19”. Por lo tanto, deberán “luchar contra la desinformación, las noticias falsas, los rumores y las teorías de conspiración”; los profesores deberán “prestar atención a los alumnos cuyos responsables legales (es decir, los padres) sean seguidores de determinadas ideologías o creencias, reticentes o contrarios a las recomendaciones formuladas en el ámbito de la salud pública…” Los alumnos deberán ser interrogados con “preguntas adaptadas” para reunir “elementos de prueba” y “un cúmulo de indicios”. Los profesores, “frente al riesgo de deriva sectaria, deben alertar a los servicios competentes con el fin de salvaguardar la integridad física y moral del menor… El correspondiente académico encargado de la prevención del fenómeno sectario en el ámbito escolar debe ser informado sistemáticamente”. Vale la pena recordar que estas nuevas directivas son casi idénticas a las que el propio Ministerio envió a los maestros después de los ataques terroristas de 2015. Esto prueba, si todavía fuera necesario, que la intención es la misma, el uso del terrorismo y el virus es idéntico.

Con estas precauciones el Ministerio de Educación pretende impedir “el descrédito de la palabra institucional”, evitar la “fragilización del vínculo de la población con las instituciones públicas” y, finalmente, evitar la “pérdida de control de la opinión pública“. El hecho de que el “control de la opinión pública” fuera una tarea del Ministerio es una novedad absoluta que ninguna democracia tradicional se había asignado nunca.

Mientras que Italia desea crear una Comisión Parlamentaria de Investigación sobre la desinformación acerca del virus y ha creado un “grupo de tareas” encargado de formular propuestas legislativas para combatir la difusión de información falsa sobre el Coronavirus, la Comisión Europea, por su parte, desea adoptar medidas para combatir la desinformación sobre el virus y luchar contra los contenidos “ilegales o perjudiciales”. ¿Perjudiciales para quién?

La preocupación virulenta, la mala conciencia, y también la falsa conciencia, en el sentido de Josef Gabel, la histeria que emana de cada palabra de estos Ukaze, la intención policial que los anima, el tono imperativo, aprensivo y malévolo, el miedo del Estado a ser, como de hecho lo es, desacreditado por sus propias acciones y mentiras, y el temor a “perder el control de la opinión pública”, son todos elementos que sugieren un canallismo y una furia de las autoridades públicas contra el pueblo, incluso los niños, y desde una edad temprana. El mundo, como diría Nietzsche, se ha “sumergido en un futuro que ya se está vengando”[7]; o, como formuló Hannah Arendt, “todas las vergüenzas teóricas de la nueva visión del mundo (…) se inmiscuyen como realidades en el mundo cotidiano del hombre, y ponen su sentido común ‘natural’ fuera de circuito…”[8]

Por lo tanto, para el Estado, para la Organización Mundial de la Salud y para cualquier otro poder, es malo hablar mal del mal: lo que Maquiavelo formuló hace cinco siglos como verdad teórica es ahora impuesto prácticamente y por ley por todos los poderes constituidos. ¿Pero por qué es malo hablar mal del mal? Maquiavelo lo explica precisamente: porque los poderosos dan a entender al pueblo “que es bueno vivir bajo su obediencia y, si comenten un error, dejar que Dios los castigue; y así hacen lo peor que pueden porque no temen ese castigo que no ven y no creen“.[9]

Pero Maquiavelo dice de nuevo que “cuando el destino hace que la gente no tenga fe en nadie, habiendo sido engañada por las cosas o los hombres, se llega a la ruina de la necesidad“. [10]

Antes de que sea demasiado tarde, ¿no es hora de hacer el mal hablando mal del mal?

(27 junio 2020). Traducción: Jose Sagasti

NOTAS:
[1] – https://www.project-syndicate.org/commentary/great-reset-capitalism-covid19-crisis-by-klaus-schwab-2020-06/italian
[2] – https://www.roughestimate.org/roughestimate/the-crimes-of-tedros-adhanom   https://www.hrw.org/news/2016/11/04/open-letter-government-ethiopia
[3] – https://www.ansa.it/sicilia/notizie/2020/05/11/la-pandemia-non-ce-e-gli-fanno-tsogarante-chiede-notizie_640d55b2-53c7-4d75-b944-270759306f46.html https://www.recnews.it/2020/05/27/don-loda-di-castelletto-di-leno-un-altro-tso-da-opinione/ https://www.recnews.it/2020/05/27/don-loda-di-castelletto-di-leno-un-altro-tso-da-opinione/
[4] – https://translate.google.it/translate?hl=it&sl=de&tl=it&u=https%3A%2F%2Fwww.rnz.de%2Fnachrichten%2Fheidelberg_artikel%2C-nach-aufruf-zu-corona-demoheidelberger-anwaeltin-in-psychiatrischer-einrichtung-update-_arid%2C508747.html&sandbox=1
[5] – KM4 Analyse des Krisenmanagements. Cfr.: https://www.ichbinanderermeinung.de/Dokument93.pdf
[6]- https://cache.media.eduscol.education.fr/file/Reprise_deconfinement_Mai2020/69/3/Fiche-Ecouter-favoriser-parole-des-eleves_1280693.pdf https://cache.media.eduscol.education.fr/file/Reprise_deconfinement_Mai2020/69/2/Fiche-Derives-sectaires_1280692.pdf [7] – F. Nietzsche, in Mort parce que Bête, Paris, 1998-2003
[8] – Hannah Arendt, La crisis de la cultura
[9] Maquiavelo: Discursos sobre la primera década de Tito Libro, III, capitulo 1.
[10] – Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Libro I, 53.

Ver También: El despotismo occidental

Breve historia de la persecución de las plantas medicinales

Para las mujeres, sanarnos a nosotras mismas es un acto político, es decir ‘no’ a la obsesión patriarcal por controlar y dirigir nuestros cuerpos. Curarnos unas a otras supone una reclamación de la capacidad que tenemos todas como seres vivientes de existir en armonía con la naturaleza y de realizar nuestro potencial como criaturas de este planeta.

The healing powers of women. Chellis Glendinning

Inseparables, de David Cronenberg. Canadá, 1989

Hace tres años me vi obligada a acudir al servicio de urgencias tras tener que interrumpir mi jornada laboral al sufrir una agresión por parte de uno de mis supervisores. El doctor que me atendió, me preguntó si había acudido acompañada, y al ser así, me entregó un diazepam de 5 mg junto con un vaso de agua mientras me explicaba, con cierto aire paternal, que tenía una cosa muy mala anotada en mi informe médico. Esa cosa, esta especie de advertencia entre colegas, era mi desobediencia reiterada al cumplimiento de los tratamientos prescritos por otra facultativa de atención primaria años atrás, basados en fármacos psiquiátricos. Y es cierto que, durante cuatro años (en los que se me silenció e infantilizó descaradamente), me negué a seguir ese tipo de tratamiento para unos síntomas que finalmente resultaron corresponder a una alteración de la tiroides, algo que no hubiera sido muy complicado de relacionar escuchándome activamente o atendiendo a un patrón familiar que dicha doctora conocía. En cualquier caso, mi negativa se fundamentaba en la escucha eficiente de no pocas amigas a las que nuestro sistema psiquiátrico sistemáticamente tortura (infantiliza, silencia, encierra, ata, viola y medica forzosamente).

Además de con la benzodiazepina salí del servicio de urgencias con una cita para mi nueva médica de cabecera, a la que vi dos días más tarde y a la que ni la exposición de la situación de acoso laboral, ni sus motivos (represión sindical), ni los hechos concretos recientes, ni la nula reacción de la empresa que me obligaba a seguir trabajando con mi atacante, ni el proceso de denuncia, ni mi estado de salud mental inducido le parecieron merecedores de una baja médica que me negó con increíble dureza y soberbia durante más de media hora alegando que: si no podía asumir la normalidad laboral, tendría que seguir un tratamiento, nuevamente basado en psicofármacos, para poder afrontarla. 

Así que, la normalidad es sumisión, tanto en el ámbito de trabajo como en nuestro sistema de salud, el cual es obvio que vela más por la vitalidad de la industria que por la del ser humano. De este modo, no es difícil de entender que en el año 2013, España se convirtiera en líder en Europa en el consumo de psicofármacos (antidepresivos, ansiolíticos, somníferos, hipnóticos, etc.) consolidándose como la tercera droga más consumida, por detrás del alcohol o el tabaco. Su dispendio pasó de 38,1 dosis por mil habitantes en 2000 a 56,3 en 2015, según los datos de la Oficina de Estadística de la OCDE. A pesar de ser considerados sus efectos la tercera causa de muerte, por detrás de las enfermedades cardiacas y el cáncer, en Inglaterra.

Hace 9 años, acudí a la consulta de mi médico de cabecera de entonces con una urticaria que me cubría todo el tronco. La facultativa, bien extrañada, llegó a afirmar que podía tratarse de escarlatina, así que, llamó al resto de compañeras de la planta que al observarme descartaron su propuesta con cierto estupor… pero sí me advirtieron de que podía tratarse de una reacción a la cantidad de piercing (2) y tatuajes (3) que portaba, sin conocer que estos llevaban en mi cuerpo más de siete años. A las licenciadas nunca se les ocurrió pensar, además de en sus propios prejuicios, que la reacción podía haber sido provocada por los dos meses de suministro de antibióticos (con los que continuaba en el momento) que, su colega, me había estado recetando para una simple afonía que persistía sin fiebre (pero por tema laboral: visita obligada a consulta) y a pesar de haberme hecho un cultivo días antes en el que se evidenciaba el desastre bacteriano que habían provocado, dichos antibióticos innecesarios, en mi flora (y en la de gran parte de la población -lo sepan o no). Algo que, todavía, la medicina ortodoxa, no me ha sabido resolver y que me lleva causando graves lesiones desde entonces, entre ellas, dicha intolerancia a los antibióticos. Lesiones que palio eficazmente con otras alternativas médicas y que las pruebas clínicas, que la institución me hace, confirma.        

Pero, sin embargo, sabemos que las infecciones más extendidas al comenzar la era industrial (tuberculosis, tisis, cólera, disentería, fiebre tifoidea, escarlatina, difteria, tos ferina, sarampión) disminuyeron independientemente del control médico. Cuando se dió con su etiología y tratamiento, ya había bajado el índice de mortalidad considerablemente, lo que puede explicarse por su coincidencia con el mejoramiento de la vivienda (también de la higiene) y, sobre todo, de la nutrición. El estudio de las tendencias patológicas nos enseña que es el ambiente el factor principalmente determinante en el estado de la salud general y esperanza de vida de cualquier población: alimentación, vivienda, condiciones de trabajo, grado de cohesión con el vecindario, etc. Y también sabemos que, los medicamentos, siempre han sido potencialmente tóxicos. Aún así, seguimos pensando que la ciencia actual es el paradigma de lo racional, la nueva iglesia establecida, y que la salud mejorará con más inversión económica en servicios médicos (más intervenciones, más medicamentos, más pruebas, más vacunas, más tecnología, etc.) mientras siguen yendo a la cárcel personas que son calificadas de charlatanas por el monopolio médico mientras mienten, ocultan y desprestigian sus resultados (bastantes más baratos, por otro lado, y con índices de eficacia más interesantes que la mayoría de los tratamientos legalizados). Esta idea refuerza el mito del heroico médico que lucha contra la muerte (que ya no es la renovación de la vida o el fin de un todo) y la ilusión del progreso en base a la cual, la enfermedad (e incluso la muerte) ya no es de la incumbencia del enfermo.  

Tras sufrir un accidente laboral, mi padre fue operado 8 veces de la muñeca y solo ante la proposición de una novena y ante nuestra preocupación por unos resultados pocos satisfactorios, el equipo médico reconoció no tener ni haber tenido ni idea de la patología en ninguna de las intervenciones y que el objetivo de estas, había sido únicamente abrir para mirar. Así que, con un dolor en la muñeca, fue derivado durante quince terroríficos años a la Unidad del Dolor donde consiguieron inducirlo, con todas sus drogas y experimentos, a un estado casi vegetativo. Cuando por un fallo respiratorio entró en ambulancia en el servicio de urgencias de otro hospital, los mismos facultativos quedaron perplejos del nivel grotesco de medicación suministrado al paciente, se la retiraron inmediatamente (para poder salvarlo, dijeron) y mi padre, recobró la conciencia. La explicación médica fue que el exceso de medicación, ‘en ocasiones’, provoca aún más dolor. Y falta de independencia. Y un montón de efectos secundarios que son peor que el propio dolor. 

En nuestra sociedad actual, el aprendizaje autónomo, así como, el significado intrínseco del dolor ha desaparecido y, así también, la cuestión que plantea sobre nosotrxs mismxs y que resulta básica para una cura real. Cada vez hay más enfermedades crónicas, más lesiones clínicas, más gente sana transformada en paciente, más clientes… y el propio gremio perpetua ineficacia y privilegios imponiendo el modelo de una sola escuela de médicos sobre toda una sociedad. De este modo consiguen que cada vez encontremos menos recursos en nuestro entorno para responsabilizarnos, adaptarnos, afrontar y superar nuestro propio sufrimiento, e incapaces de adaptarnos a nuestro propio pesar, nos vemos obligados a depender de los servicios médicos para cualquier tipo de insignificancia. Esta pérdida de autonomía, esta súpermedicalización de la vida es solo un aspecto del dominio destructor de la industria sobre nuestra sociedad.

Toda enfermedad es una realidad creada socialmente. Lo que significa y la relación que evoca tiene una historia. El estudio de esa historia puede permitirnos entender el grado en que somos prisioneros de la ideología médica en que fuimos formados.

  Némesis Médica. La expropiación de la salud. Ivan Illich

Pudiera ser que el hombre del Paleolítico se dedicara a la caza y a la pesca y, la mujer, más en contacto con el mundo vegetal, fuera acumulando gradualmente en base a su observación y experiencia, múltiples saberes acerca de las plantas comestibles y medicinales transmitidas de madres a hijas a través de generaciones. Estas mujeres habrían desarrollado, entonces, las herramientas necesarias para recolectar, gestar y conservar los vegetales. 

Restos arqueológicos del Neandertal localizados en Irak muestran que en este periodo se utilizaban plantas curativas como el malvavisco, la milenrama y el senecio. Tablillas sumerias del tercer milenio a. de C. recogen diversas drogas vegetales y, entre ellas, la primera noticia escrita acerca de la adormidera, la cual también encontraremos en los cilindros babilónicos más antiguos junto con otra cantidad numerosa de hierbas que las mujeres babilónicas empleaban para tratar las enfermedades de su pueblo. Otras tablillas de la antigua Mesopotamia datadas del 1200 a. de C. mencionan a las primeras personas registradas dedicadas a la química, dos mujeres: Tapputi y Belatekallim; junto a más de doscientas plantas como el beleño, la adormidera, la mandrágora, el cáñamo, azafrán, tomillo, ajo, cebolla, regaliz, sen, asafétida y mirra.

Las primeras drogas surgen en plantas o partes de plantas como consecuencia de la evolución concertada entre reino animal y botánico, es decir, brotan como defensa química ante el apetito animal y, psicoactivas o no, son sustancias que en dosis muy pequeñas consiguen vencer al cuerpo provocando grandes cambios orgánicos y anímicos. De este modo, medicina, religión y magia son tres dimensiones inseparables en los comienzos, cuando la ingesta de estos principios, además de para sanar, tomados de forma colectiva y considerados formas sagradas capaces de abrir un puente entre lo ordinario y lo extraordinario, servían también para aprender y reafirmar la identidad cultural.

Los primeros restos de cáñamo se hallan en China y sus tratados médicos del siglo I afirman que ‘el cáñamo tomado en exceso hace ver monstruos, pero si se usa largo tiempo puede comunicar con los espíritus y aligerar el cuerpo’. El Atharva Veda, uno de los cuatro textos más antiguos de la literatura india, ‘considera que la planta brotó cuando cayeron del cielo gotas de ambrosía divina’ y describe otras tantas hierbas medicinales como la rauwolfia, empleada para tratar la epilepsia y cuyo principio activo es hoy utilizado por la industria farmacológica para la realización de medicamentos relacionados con la hipertensión. La tradición brahmánica estima que el cáñamo agiliza la mente, alarga la vida y potencia los deseos sexuales, el budismo lo utilizó para la meditación y desde antiguo ha sido aplicado en tratamientos médicos para la fiebre, el insomnio, la tos seca, la oftalmia y la disentería. Los egipcios, que tenían conocimiento de casi 800 drogas, lo utilizaron también como incienso ceremonial y lúdico (entre otras solanáceas) y ya en siglo VII a. de C. los celtas exportaban desde Marsella cuerdas y estopa de cáñamo a todo el Mediterráneo. Los jeroglíficos refieren al extracto obtenido de la cabeza de la adormidera, el opio, para uso analgésico aplicado en pomada, por vía rectal u oral. Y según el papiro Ebers, texto que describe las propiedades y aplicaciones terapéuticas de al menos 150 plantas, lo empleaban para evitar que los bebés griten fuerte. Homero, en la Odisea, lo describió como algo que hace olvidar cualquier pena. Y en tiempos de Hesíodo una ciudad entera tomaba el nombre de la planta, Mekone (adormidera), símbolo de Démeter, diosa de la fecundidad.  

Aristóxeno y Porfirio, dos filósofos griegos, dejaron testimonio de que Pitágoras tomó la mayoría de sus doctrinas de la sacerdotisa délfica, Temistoclea. En esta escuela, trataban a sus pacientes en relación a todas sus influencias externas, puesto que concebían la enfermedad y la cura como resultado de procesos naturales. Un diagnóstico correcto comenzaba con la evaluación completa de las influencias a las que estaba sometida la persona enferma para luego, así, poder atender el desarrollo y duración de la enfermedad y diagnosticar las hierbas medicinales oportunas, aunque principalmente se valían de la dieta para sanar. La ciencia pitagórica entendía la Naturaleza como un todo regido por un principio único, la armonía, la relación de energía entre la persona y el cosmos. Y del mismo modo las plantas, estaban influidas por los astros por lo que era fundamental un conocimiento astrológico amplio para determinar el momento de recogida con el fin de obtener la mayor capacidad terapéutica posible. La cosmología pitagórica fue la base de la filosofía natural en toda la Edad Media y su referente más conocido es Theano, nacida en Crotona, discípula y compañera de Pitágoras, profesora de su escuela y que, entre sus tratados sobre matemáticas, física y medicina, plantea que el cuerpo humano es una copia microscópica del macrocosmos, del Universo en su conjunto. 

Ya Hipócrates, del que se dice ser padre de la medicina moderna,  asesoraba ceder a la ebriedad una o dos veces, de vez en cuando, pues la relajación es terapeúrica en sí misma y los libros firmados por él mismo, llamados libros hipocráticos, son una recopilación de los conocimientos sobre hierbas medicinales que tenían las mujeres de su época en los que se mencionan más de trescientas variedades de plantas. Muchos de estos libros, tal y como plantea Kate Hurd-Mead, no han sido escritos por el Padre de la Medicina, probablemente ni el famoso ‘Juramento’. Muchas mujeres escribieron libros de medicina, sin ninguna duda, prácticamente cada siglo desde Hipócrates. Tampoco escribió los libros de ginecología para sus alumnos: llevan la marca de ser escritos femeninos que han sido copiados con su firma durante siglos, de la misma forma que Moschion copió el tratado de ginecología de Cleopatra; con el tiempo se convirtió en parte de su propio libro y fue identificado con su nombre. De cualquiera de las maneras, para la escuela hipocrática y según el Corpus Hippocraticum, las drogas son sustancias que actúan enfriando, calentando, secando, humedeciendo, contrayendo y relajando, o haciendo dormir y en su naturaleza está curar amenazando al organismo. Lo esencial será conocer la proporción exacta entre dosis activa o mortal.

Los romanos (y, sobre todo los árabes para el tránsito de la segunda a la tercera edad) emplearon opio puro en terapia agónica y como eutanásico. Decía Plinio el Viejo, de los bienes que la naturaleza concedió al hombre ninguno hay mejor que una muerte a tiempo, y lo óptimo es que cada cual pueda dársela a sí mismo. La demanda de esta droga para usos medicinales llegó a exceder la oferta provocando su adulteración pero, durante el Imperio, el opio fue un bien de precio controlado con el que no se podía especular. En el año 312, llegó a haber 793 tiendas dedicadas a la venta de opio en Roma y su volumen de negocio representaba el 15% de toda la recaudación fiscal, con todo, no hubo ningún problema de orden público o privado ni estigmatización social al respecto, era una costumbre socialmente aceptada y esta confianza en la naturaleza individual nos lleva a pensar en una tradición de automedicación muy arraigada y en una clara distinción entre derecho y moral, convicciones que concluyeron con la cristianización del Imperio romano. La euforia como fin en sí, los cultos orgiásticos, el hedonismo y la eutanasia empezaron a ser condenados legalmente a muerte. En el año 391, el obispo Teófilo ordena la quema de la biblioteca de Alejandría provocando la pérdida de incalculable saber pagano, especialmente el relativo a drogas por considerarlo infectado de brujería. Alrededor del siglo X, el uso de plantas diabólicas era traición a la fe cristiana y utilizarlas para fines terapéuticos era juzgado de herejía, así que, las drogueras, magas y, por tanto, herejes, fueron exterminadas y sus familias vendidas como esclavas, la magia estaba prohibida. Y Carlomagno pasaría a llamar al opio obra de Satanás.

La Edad Media guardó la cultura botánica adquirida por las mujeres en los monasterios donde las monjas se ocuparon de conservar los antiguos saberes, transcribiendo las obras clásicas. En estos lugares se crearon los primeros jardines de hierbas medicinales, donde se cultivaban plantas autóctonas o provenientes de peregrinaciones de países lejanos. De este modo, los monasterios abastecían su botica, siempre situada junto al hospital, donde se asistía a peregrinos y a personas de la zona. Hildegarda de Bingen (Alemania, 1098-1179), abadesa del convento de Disibodenberg y fundadora de otros monasterios como el de Bingen, en su Libro de medicina simple, establece una relación entre los productos de la naturaleza y los seres humanos, centrándose en los conocimientos que afectan específicamente a la mujer. Y clasificará los temperamentos de las plantas, como de las personas, según su cualidad caliente o fría, seca o húmeda. Este herbario, junto con el de Trótula de Salerno, tomaron gran impulso con el descubrimiento de la imprenta, así como otros de magia y brujería, que contaban acerca del beleño negro, el acónito, la belladona y la mandrágora.

Pero la extensión del poder estatal en Europa desde el principio del siglo XVI llegó al reconocimiento oficial de la medicina como disciplina universitaria y, por tanto, a la persecución de todo aquello que no fuera reconocido como medicina oficial. De este modo, se excluía a mujeres, moriscos, judíos y conversos del gremio, puesto que, la universidad y las organizaciones profesionales, eran lugares vetados para ellos. Comenzaba, entonces, la división sexual del trabajo que recluyó a las mujeres al trabajo meramente reproductivo con un altísimo control en todos sus aspectos y, así, el ‘arte de partear’, una actividad que había sido exclusivamente femenina, dejó de serlo, pues, la preocupación de la sociedad medieval por el control de la natalidad con sus numerosos métodos para ello no convenía a un incipiente sistema capitalista que lo que necesitaba principalmente era aumentar a toda costa el mercado de trabajo ante la escasez de trabajadores de finales del siglo XIV, algo que se consiguió no solo con la caza de brujas, sino también con el comercio de esclavos y la colonización de América. De este modo, la sodomía, el aborto y el infanticidio pasaron a ser crímenes reproductivos asociados con la herejía, una herejía popular que podemos entender como un movimiento anti-feudal con altísima participación femenina que consiguió realmente poner en crisis al sistema. Un sistema que lo que planteaba, entonces, con el control de la medicina, era una nueva forma de poder para el control de la sociedad. La nueva ciencia suponía una ruptura entre la botánica popular femenina y la medicina ‘oficial’ masculina, suponía la fragmentación del cuerpo y del ser, la separación de la práctica y la especulación, por lo que, su ineficacia continuaba cediendo cierto poder a la práctica empírica acumulada de las mujeres, por lo que la mujer se convirtió en la forma más clara de lo hereje. Comenzaba la lucha del poder político y religioso contra su práctica, contra la sabiduría popular, las señalaron como supersticiosas e ignorantes y las quemaron (por poseer poderes mágicos sobre la salud).

En la sociedad occidental de hoy en día, esta visión dicotómica, ha continuado con gran prestigio en el ámbito sanitario. La moderna medicina masculina, materialista, mecanicista y mayoritariamente frecuentada por mujeres forzadas por el poder patriarcal a ser pacientes, sigue negando, ignorando y reprimiendo todos aquellos conocimientos. Sigue imponiendo su mirada parcial, convertida en única y gran Verdad, a la vez que persigue, para robustecer su credibilidad, todo aquello a lo que no alcanza su campo de visión. En este modelo, en este sistema de poder impuesto, la persona enferma, a la que se le impone una absoluta indefensión y pasividad porque rara vez es escuchada o informada correctamente, es apartada de su propio proceso de curación, el cual y por la misma razón, en un altísimo porcentaje es desconocido incluso por el propio facultativo. En un discurso donde conocimientos, métodos, contenido y lenguaje están empapados de androcentrismo, clasismo y colonialismo, se recetan fármacos que tratan síntomas y enmascaran causas: las condiciones políticas que minan la salud de la sociedad; se practican extirpaciones de órganos de sabida ineficacia (normalmente asociados a la sexualidad femenina) y se realizan operaciones quirúrgicas innecesarias de forma habitual; y con la misma habitualidad, se tortura en el campo de la obstetricia; se marea a pacientes con pruebas inútiles, de un especialista a otro, una y otra vez, sin más pretensión que el silencio y agotamiento del paciente. Se valora (o inventa) con excesiva celeridad trastornos mentales y se prescribe, con insistencia y asombrosa alegría, medicación psiquiátrica que, lejos de ser una opción de cura a juzgar por el porcentaje de éxito, tiene unos efectos secundarios tremendamente negativos e irreversibles para el sistema nervioso, un nivel de adictividad superior al de cualquier planta ilegalizada y, como hace la medicina institucionalizada en general, niegan la salud en tanto que destruyen nuestro potencial para afrontar nuestras propias vulnerabilidades y particularidades de una forma personal, libre y autónoma. De este modo, la medicina institucionalizada, induce y refuerza una sociedad enferma a la que mantiene industrialmente, a la vez que incrementa su número de clientes.       

El estereotipo de la bruja se fue creando a lo largo del siglo XIV y la autorización legal llegó en 1484 con la firma de la bula Summis Desiderantes affectibus por parte del Papa Inocencio VIII, lo que legitimó a los inquisidores alemanes Heinrich Kraemer y Jacob Sprenger a dar comienzo a la persecución de mujeres sospechosas de brujería. Dos años más tarde, estos dos últimos, elaboraron y publicaron lo que fue un éxito editorial de la época, el Malleus maleficarum o Martillo de brujas, un misógino manual de inquisidores que otorgaba el soporte teológico y el asesoramiento legal necesario para instruir dichas causas: La brujería constituye la más alta traición contra la voluntad de Dios. Por eso los acusados han de ser sometidos a tortura, a fin de que confiesen. Y al que se hallare culpable, aunque confiese su crimen, sométasele a tortura, pues puede ser castigado en proporción a su delito. La bruja, teóricamente, establecía un pacto con el diablo tras ser seducida por este, a través del cual, la mujer recibía algún tipo de poder terrenal a cambio de su alma. Tras este acuerdo, volaban invisiblemente a reuniones colectivas, secretas y nocturnas en lugares remotos subidas en el mango de una escoba. Y lo cierto es que la escoba les ayudaba a volar, pues el mango, además de dildo, untado con el ungüento diabólico y utilizado como aplicador, ayudaba a alcanzar las partes más profundas de la vagina, zona mucosa muy irrigada por el riego sanguíneo, que facilitaba la rapidísima absorción y los efectos casi inmediatos. De este modo, tal y como describían con todo lujo de detalles las mismas condenadas, volaban a lugares lejanos para asistir a orgías demoníacas. Al revisar el desván de la dama se encontró un ungüento con el que engrasaba un bastón, sobre el cual podía deambular y galopar a través de todos los obstáculos, describe un acta inquisitorial del año 1324. Las brujas confiesan que ciertas noches untan un palo para llegar a un lugar determinado, o bien se untan ellas mismas bajo los brazos y en otros lugares donde crece vello (diligencia de 1470). Las drogas de las brujas, como dice Escohotado, delatan el deseo de abrazar el más acá, opuesto al fervor por el más allá y sus ungüentos podían contener hachís, flores de cáñamo hembra, opio, solanáceas (mandrágora, beleño negro, belladona, etc.), piel de sapo (que contiene dimetiltriptamina o DMT), hongos y setas visionarias.

Se dice que La Voisin, adivina y envenenadora ejecutada en la hoguera el 22 de febrero de 1680, utilizó beleño en la misa negra convocada a favor de Madame de Montespan, amante real de Luis XIV. Pero ya lo usaban los galos untado en las flechas. Crece entre escombros, cuadras y estercoleros y tiene propiedades relajantes y sedantes, es un alucinógeno afrodisíaco capaz de hacer sentir la ingravidez. Y al despertar de su sueño, la droga se revela por un sentimiento ilimitado de bienestar que agudiza la memoria, la imaginación y la capacidad de expresión. Solo la inhalación del humo de las semillas provoca ya la sensación de ligereza y vuelo pero tan solo dos gramos de rizoma de esta planta son letales. Las brujas consumieron masivamente ciertos vegetales para provocarse fuertes alteraciones de conciencia. Sus preparados servían para extraer los principios activos y ayudar a su absorción por vía oral (infusiones, brebajes, pócimas), cutánea (ungüentos o pomadas) o respiratoria (fumigaciones). Eran expertas conocedoras de las plantas, las cuales eran recogidas al atardecer en cementerios para no ser vistas, y delatadas por sus vecinos, y para obtener la mayor concentración de sus principios activos en un suelo rico en nitratos y sales amoniacales donde los vegetales doblan la cantidad de alcaloides (compuestos químicos con actividad alucinógena). 

Sin embargo, los oficios terapéuticos no populares, es decir, con categoría universitaria, no eran perseguidos por la Inquisición y así, numerosos eclesiásticos provenientes de las cruzadas a Tierra Santa y, por tanto, conocedores de la medicina árabe rica en drogas psicoactivas como el opio y el cáñamo, utilizarán dichas plantas para consumo y cura de determinadas patologías entre la monarquía y la nobleza. En el siglo XII se encuentra la primera descripción de la esponja soporífera, un anestésico compuesto por opio, beleño y mandrágora. Cuatro siglos después, se fusionará alquimia y terapéutica con el impulso dado por Paracelso, que recogerá toda la sabiduría hechiceril para presentarla a la comunidad médica en forma de pastillas, jarabes y tinturas. Suyo es el exitoso y primer preparado realizado con opio, el láudano de Paracelso, y sus tres discípulos, Platter, Gessner y Hostium, serán conocidos como el ‘triunvirato del opio’ por considerar la sustancia, junto con el holandés J.B. van Helmont ‘Doctor Opiatus’ (fundador de la iatroquímica o farmacología científica), piedra filosofal de la terapéutica. Médicos y boticarios españoles viajaron a América para aprender de los herboristas nativos y fruto de ello fueron los 17 volúmenes de la ‘Historia natural de las indias’ con las más de 3000 plantas registradas en ellos. Pero también la Inquisición perseguirá a estas hierberas nativas hasta bien entrado el siglo XIX.

Con la Ilustración, Iglesia e Imperio se van alejando, y la idea de autoridad se va transformando llegando a cuestionar la usurpación por parte del Estado del juicio de cada cual por razones de conciencia. Las drogas del paganismo retornan legitimadas por el cuerpo científico también para su uso ceremonial y lúdico. El primer opiado barato y fuerte serán los polvos de Dover y le seguirán otros tantos para tratar el dolor en general, el insomnio, trastornos gástricos, etc. y será usado abiertamente por casas reales como la de Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Austria, Rusia, Prusia y España. Pero también por Goethe, Novalis, Coleridge, Shelly, Byron, Wordsworth, Keats, Goya y Walter Scott sin provocar, su consumo, altercado alguno durante más de dos siglos en Europa y América.

A mediados del siglo XIX, el aislamiento de los principios activos consigue poner en el mercado unos 70.000 remedios de fórmula secreta que contienen drogas psicoactivas en América, Ásia y Europa (Tónico del Doctor X, Agua Milagrosa de Z, etc.). De este modo, llega la morfina (alcaloide del opio), el primer gran fármaco utilizado en la guerra civil americana y en la franco-prusiana de 1870; en 1898, F. Bayer comercializa la heroína (también como remedio para la adicción a la morfina) con un gran despliegue publicitario, lo  que junto con la aspirina, la convertirán en el gran gigante de la química mundial. Comercializada a gran escala y mucho más divulgada que la heroína fue la cocaína, como ‘forma inofensiva de curar la tristeza’. En 1858, Baudelaire publica la primera parte de Paraísos artificiales: Sobre el ideal artificial, el Haschish; fruto de su pertenencia al Club des Haschischiens donde, junto a Delacroix, Nerval, Verlaine, Rimbaud, Balzac, Hugo, etc., reivindica el cáñamo como objeto de estudio e investigación científica al considerar su uso favorable para el conocimiento de la mente. Y en 1894, los siete volúmenes de la Indian Hemp Drugs Commission, concluye: Considerando el tema de una forma general, cabe añadir que en la India el uso moderado de hachís y marihuana es la regla, y que el uso excesivo resulta excepcional. El uso moderado no produce prácticamente ningún efecto nocivo, y el trastorno que produce un uso excesivo se limita casi exclusivamente al mismo consumidor; el efecto sobre la sociedad es raras veces apreciable. Pero para finales de siglo, la enérgica reacción puritana a dicha autonomía junto con el progresivo intento de monopolio por parte de Estado, médicos y farmaceúticos; conseguirán el estigma social y una legislación cada vez más estrictamente prohibicionista para sustancias tanto naturales como sintéticas. Estas medidas, que rechazaban la razón apelada por Louis Lewin en Phantastica de que todo hombre tiene derecho a hacerse daño, trajeron consigo, tanto en América como una década después en el resto del mundo, tráfico (siempre cercano a instancias políticas y servicios secretos), adulteración y mayor consumo.

Sin embargo, mientras la prohibición del resto de sustancias se mantiene, en el siglo XX aparecen de venta libre las aminas (también los barbitúricos, los opiáceos sintéticos, etc.), suministradas masivamente a los soldados en la Segunda Guerra Mundial y en posguerra a toda una población achacada de congestión nasal, mareo, obesidad, depresión, aburrimiento y falta de motivación. Los laboratorios intentaban ofrecer alternativas legales a lo prohibido, sustituir una farmacopea por otra considerando que lo sintético (patentado) era mejor a lo natural (impatentable) pero que resultó en miles de víctimas y en la triplicación del consumo y la adictividad. El uso de ciertas drogas, así como, de ciertos métodos pasaba a ser un delito del mismo modo que la homosexualidad, la prostitución o la eutanasia, a pesar de que la adquisición de estos últimos bienes y servicios no deje de ser un intercambio bien solicitado y pactado entre personas adultas.

En el siglo XXI, y en plena pandemia, ya es obvio que avanzamos hacia un control farmacéutico total con la ayuda indiscutible de los estados y del cuerpo médico legitimado. 

Nueva York / Londres 7 JUN 2020 – 14:19


Bueno Rey, Mar. Historia de las hierbas mágicas y medicinales. Ediciones Nowtilus, 2008.

Gómez, Paloma. La rebotica de la Celestina. Ediciones Mairi Unipersonal, 2003.

Paracelso. Botánica oculta. Edicomunicación, 1999.

Escohotado, Antonio. Historia elemental de la drogas. Editorial Anagrama, 1996.

Escohotado, Antonio. La cuestión del cáñamo. Una propuesta constructiva sobre hachís y marihuana. Editorial Anagrama, 1997.

Illich, Ivan. Némesis médica. La expropiación de la salud. Barral, 1975. Libre descarga: https://www.ivanillich.org.mx/Nemesis.pdf