De experiencias psíquicas inusuales, locuras, estigmas y orgullos (locos)

Los delirios, creencias, voces, pensamientos obsesivos, ideaciones suicidas, etc. son formas humanas de expresar el sufrimiento psíquico extremo. Desde la psiquiatría biologicista son síntomas ocasionados por un “fallo químico cerebral”. Además de que esto aún no se ha demostrado científicamente, a pesar de que se han puesto millones y millones en el empeño, cierto es que estos llamados “síntomas” se manifiestan en el sujeto como experiencias subjetivas, con características propias diferentes para cada persona. Ligadas a su historia y circunstancias.

Cuando las experiencias psíquicas inusuales desbordan al individuo se producen las temidas crisis que consisten básicamente en dejar de poder manejar el sufrimiento, sentirse inundadx por él, perder el control, perder la razón, la llamada cordura, romper con la realidad consensuada, enloquecer. No hay cosa que asuste tanto en nuestras sociedades como la locura, exceptuando la muerte. Estas crisis se producen en momentos concretos, cuando terminan la persona puede volver a hacer su vida, conviviendo con sus experiencias y seguramente tenga que plantearse hacer cambios, como cualquier persona después de una crisis.

Pero el “estigma” hacia las personas con sufrimiento psíquico extremo viene en gran medida porque la noción de “enfermedad mental” viene adosada a la idea de peligrosidad, como una especie de virus incontrolable por el sujeto e independiente de las circunstancias que lo rodean y de sus propias capacidades. Es decir cuando se piensa en términos de “enfermedad” las crisis pueden aparecer en cualquier momento y sin razón aparente. En más se piensa en términos de crisis constante.

La locura es entonces convertida en condición, no es un estado de conciencia alterado más o menos intenso que la persona atraviesa. Se nos juzga por momentos concretos donde sí, enloquecemos y hacemos cosas raras o muy raras, pero como para el resto de las personas las crisis tienen unas causas. No suceden porque sí. No son impredecibles, ni inmanejables. Son muy llamativas, eso sí. Pero se pueden organizar “pactos de cuidados” o “voluntades anticipadas” con la red de apoyo de cada persona para estar preparadxs en el momento que sucedan. Y pasan. Duran un lapso de tiempo. No son permanentes.

La locura asusta y mucho, porque todos los seres humanos han tenido sus escarceos con ella y la conocen en sus propias carnes de alguna manera. Y es un acto social reflejo el rechazarlas, se quiere lejos a las personas locas. Aunque la locura sea una crisis pasajera, en un momento puntual, de mucho dolor. Esa persona ya es tratada de forma distinta. Se la rechaza socialmente de una forma muy clara y a la vez sutil. Y silenciosa. Esa es la clave, el rechazo no es descarado, ni frontal, ni directo, es muy discreto y por ello no puedes rebelarte. Casi que te lo inventas, te pueden llegar a decir los que no lo sufren. Como una fina membrana que te separa del resto de personas, una fina capa de polvo que te cubre a ti y todo lo que te rodea. Y que escuece. Y mucho. Y hace mella. En la autoestima, en la identidad, en la visión que tienes del mundo, de tí mismx y de las personas.

Miedo a la propia locura, pero que depositan en lxs locxs y con el que levantan una barrera. Eso es el estigma. Una barrera defensiva entre lxs locxs oficiales y el mundo. Somos lxs depositarixs de ese miedo tan profundo a la locura. Una carga muy pesada. Después de una crisis, para la sociedad y por lo tanto para la inmensa mayoría de personas que nos rodean (excepto, con suerte, las más cercanas) vuelves a la casilla de salida. Has fracasado. Debes volver a demostrar que sigues siendo tú, que te sabes comportar, que la locura es algo temporal, que no eres peligrosa. Como si de una cuarentena por enfermedad infecciosa se tratase, te quedas en suspenso. En un limbo. Ya no eres tú, eres tu etiqueta. Luego después cuando pasa el tiempo y sigues tu vida la gente se acerca de nuevo a ti. Pero si vuelves a tener una crisis otra vez se vuelven a distanciar y el miedo vuelve a ponerte en cuarentena y dejan de hablarte y/o de preguntarte, sonreírte, interesarse por ti…Y así siempre.

Cada vez que tienes una crisis vuelves a empezar. Y tienes que hacer borrón y cuenta nueva. De la locura no puede hablarse. No puede saberse. Ni nombrarse en primera persona. Siempre deben ser otrxs lxs locxs. Y si has enloquecido tú tienes que hacer como si nada hubiera ocurrido. A la locura hay que borrarla del mapa. Pero hay enormes cambios de actitud alrededor que te hacen sentir vengüenza. Y culpa. Y dolor por el rechazo. Mucho.

No se entiende, yo tampoco lo entendía, que no hay de nada de lo que avergonzarse, de lo que tener miedo. Ahora lo comprendo: delirar, enloquecer no es una “enfermedad” peligrosa e imprevisible. Es una forma de expresar el dolor genuínamente humana. Y para la vergüenza y el miedo no hay mejor antídoto que el orgullo de ser quién eres y de poder vivir libremente tus diferencias. El miedo está en los ojos de quien no (se)comprende. Construyamos un red de sentidos, afectos y discursos nuevos, que pongan patas arriba la psiquitría biologicista, el estigma asociado a ella, los prejuicios y el miedo crónico a la locura. Una red que nos permita conocernos y ser conocidos al margen de diagnósticos, síntomas y miedos. Pongamos la locura en el mapa y cartografiémosla de nuevo.

El 19 de mayo (1 de junio en Madrid) se celebra por segunda vez en el estado español el Día del Orgullo Loco (1) como forma de visibilizar colectivamente la diversidad, la multiplicidad de formas de ser y estar en el mundo, de expresar el sufrimiento. Para reivindicar los Derechos Humanos en salud mental y que todo aquel ser humano que atraviese estas experiencias pueda tener una vida digna de ser vivida.

El Orgullo Loco ya está aquí y ha venido para quedarse.

Irene Arquero

(1) Para saber más sobre la celebración del Orgullo Loco a nivel estatal: https://www.facebook.com/OrgulloLoco/

Hasta 2019

Este año ha sido un año de transición y poca actividad en Contraindicaciones. Entre los propósitos de año nuevo nos comprometemos a volver a mantener un ritmo más seguido de publicación y así fomentar el amarillismo y la demagogia que tanto nos ha dado. Stay tuned!

Una de radical y otra de arena. “The Young Pope”.

☉J☉ SPOILER

Dividamos la serie en dos partes.

Primera, el planteamiento, en el que el joven Papa llega al poder con ideas propias y se enfrenta a la iglesia en su totalidad. Es la parte más interesante. Se abren muy buenas expectativas que luego no se cumplen.

Segunda. El Papa se redime y acepta las premisas de la iglesia, el sentido crítico desaparece totalmente y todos son felices.

Las premisas sobre las que se sustenta el relato son, en realidad, las que determinan el discurso ideológico, y no es, como suele percibirse, el desarrollo de la historia.

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El poder del Banco de Santander en el mundo artístico

Artículo de Vicens Navarro sobre el poder del Banco Santander en el mundo artístico:

“El New York Times del 5 de julio publica un artículo en primera página sobre un tema que apenas ha sido noticia en España: la construcción de un monumento a la familia Botín, propietarios del mayor banco de España, monumento instalado frente a la sede de su banco, el Banco de Santander, en la ciudad que da nombre al banco, Santander. El monumento es, en teoría, un museo de arte, pero en la práctica, y como bien subraya el artículo, parece “reflejar más la cultura del dinero que la cultura del arte”. Construido en uno de los barrios más pudientes de la ciudad, el edificio simula dos cajas enormes de cristal, muy altas, y que penetran sobre el mar, rompiendo abusivamente los contornos de la costa y del paseo marítimo. El proyecto, que inició su construcción en el momento de la crisis bancaria, ha costado 80 millones de euros, pagados por la familia Botín. Tal monumento intenta ser la alternativa al museo Guggenheim, en Bilbao, que fue construido en los barrios más deprimidos de aquella ciudad. No así este en Santander que, como indiqué antes, se ha construido en la parte más residencial de la ciudad”

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Tanguillos del Gamonal. Música popular para la acción directa.

Tanguillos de Gamonal – Fermin y Pepelu from Colectivo Miradas on Vimeo.

Los autores de este documental nos cuentan: El recorrido de producción del documental “Cuando las gotas se hacen lluvia” comenzó en el barrio de Gamonal, Burgos, en enero de 2015. Allí entramos en contacto con la Asamblea del barrio y otras expresiones de la organización colectiva local, y también conocimos a Fermín y Pepelu, dos artistas que con sus tanguillos y sevillanas ponen las cosas en su sitio. El documental lo estrenamos en septiembre, pero ahora compartimos su toque, que registramos una tarde fría y lluviosa, en el bar Maís.

Cuando las gotas se hacen lluvia
Dirigido por José Gayá
Producido por Enrique González
ESTRENO EN SEPTIEMBRE 2015
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