Peaky Blinders

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El lenguaje cinematográfico del siglo XXI se escribe en formato de serie. Su capacidad para desarrollar la personalidad de los caracteres en toda su profundidad, tal como sucede en la novela, difícilmente se puede alcanzar con el metraje convencional del cine. Si a esto añadimos factores económicos y productivos no es de extrañar que actores, guionistas y directores de importancia se muden a este formato, como es el caso de los hermanos Ridley y Tony Scott, productores de “The good wife”, o el de Martin Scorsese y su “Boardwalk Empire”; sin olvidar las interpretaciones magistrales de Kevin Spacey en “House of cards” o Glenn Close en “Damages”. Nos llegaron de EEUU, por citar sólo algunas, grandes series como “Mad men” (la reina madre), “Boss”, “The Wire”, “Dexter” (especialmente sus primeras temporadas) o “Sons of anarchy” (de título realmente desafortunado, pero de tramas puramente shakesperianas). Sin embargo, es de obligada mención la calidad de las producciones británicas. Cuando aún nos estábamos reponiendo del mazazo de “Black Mirror”, nos llega “Peaky Blinders”. Quizá uno de los distintivos de las series británicas sea ese especial talento que tienen los isleños para envolver sus producciones con una insuperable banda sonora (“Utopia”, “Misfits” o la oscura “Luther” son una buena prueba de ello). “Peaky Blinders” llega a la excelencia en este sentido. Como también lo hace en la dirección fotográfica, la realización, la ambientación o la cautivadora interpretación de Cillian Murphy, actor de físico inquietante que Danny Boyle nos regaló en sus logradas “28 Days Later” o “Sunshine”.
“Peaky Blinders” se basa en las andanzas de una banda criminal de Birmingham en el periodo inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial. Esta banda se hizo célebre por su estilo en el vestir: gorras de plato (en las que escondían cuchillas y utilizaban como arma de ataque), corbatines y pantalones acampanados, y una línea de botones de metal en la parte delantera. Su style pasó a ser hegemónico en la subcultura de bandas de Birmingham. Quizá por eso esta serie creada por Steven Knight para la BBC nos sorprende con una banda sonora más apropiada para las subculturas de finales del siglo XX que para una de sus comienzos.
Hay planos en “Peaky Blinders” que, por su fotografía o su realización, nos reconfortan en el sofá con la más excelsa de las experiencias estéticas. A la luz del decepcionante paisaje al que nos tiene acostumbrados la escena galerística y museística berlinesa, parece que para disfrutar del arte a veces conviene quedarse en casa.