El embajador del odio.

Publicado en Pill Golding

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Su día más precioso (Serie Negra). Blalla W. Hallmann.

Proclamándose a sí mismo “embajador del odio”, Blalla W. Hallmann dijo que “los humanos son sanguinolentos sacos de mierda”. Asqueado por la superpoblación como método capitalista de aumentar su contaminante riqueza, Blalla promovió el recorte de la producción: “Talar el árbol familiar, mientras el mundo entero se va por el desagüe”

Blalla W. Hallmann (1941-1997) nació en Quid, Silesia, un territorio anexionado por los aliados despues de la II Guerra Munldial. Su familia fue expulsada de la región, para terminar en un campo de refugiados en Alemania Occidental, donde Hallman vivió gran parte de su adolescencia. Esta experiencia lo llevó a un sentimiento de marginación del que nunca se recuperó totalmente. Años más tarde en una entrevista afirmaría: “Como silesiano, simplemente siempre me sentía avergonzado, me daba vergüenza de esto o aquello, en realidad, de verdad, me daba vergüenza, básicamente, de todo”.

Después de terminar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Nuremberg, Hallman fue invitado por el pintor estadounidense Norman Stiegelmeier a San Francisco. Esto fue en 1967, cuando San Francisco se estaba convirtiendo en la capital del movimiento contracultural estadounidense, y su estancia allí durante los próximos dos años alteraría para siempre a Hallman, para bien o para mal.

Merece la pena citar una carta a sus amigos fechada el 10 de junio de 1968, aunque sólo sea para medir el impacto tuvo América en el joven e ingenuo pintor alemán de Silesia:”Algo está pasando en la política aquí, como probablemente ya habreís oido en Alemania. No podría haber elegido un año más emocionante [para estar aquí]. Dos asesinatos políticos, un año electoral, la Guerra de Vietnam y la guerra civil que se avecina. Todo ha sido provocado y  hay un verdadero sentimiento de inquietud. Además de eso, miles de personas están huyendo de las ciudades, ya que, de acuerdo con una predicción, partes de California se van a hundir en el Pacífico pronto. […] Realmente no os podéis imaginar lo que se pasa aquí. Alemania se ha quedado atascada en la más oscura Edad Media en comparación con lo que está pasando aquí. Las drogas, opio, heroína, LSD, marihuana, etc, todo se consume aquí como si bebieras una cerveza. Sólo que los efectos son algo diferentes. Cada vez más personas se están volviendo locas aquí. Definitivamente me he enriquecido a través de ciertas experiencias de mi viaje a través de América, créedme. Estados Unidos es un manicomio singular”.

Por desgracia, fue en un verdadero manicomio donde Hallman estaba destinado a poner fin a su gira por Estados Unidos. Aunque los detalles aquí son un poco confusos, básicamente cayó en un estado de psicosis agresivo, violento, sin duda alentado por grandes cantidades de drogas psicodélicas, y fue poco después deportado a Alemania, donde fue diagnosticado como esquizofrénico. A su llegada a Alemania, destruyó la mayor parte de su obra en una suerte de rito simbólico de limpieza . En muchos aspectos, es aquí donde empieza su verdadero legado. Según cuenta Ghazi Barakat en “Los últimos tabúes estéticos” (en Nueva Cultura del Apocalipsis, ed Valdemar): “Blalla fue expulsado de los EE. UU. como persona non grata debido a un episodio de psicosis con drogas mientras enseñaba arte en la Universidad de California State en San Francisco. Su decepción con el capitalismo  y la cultura occidental floreció de forma notable cuando fue deportado”.

Pero es a principios de los 90 cuando el trabajo de Blalla alcanza su punto más diafano. Con el fin de entender la  virulenta crítica social que se encuentra más allá del contenido explicitamente chocante de las pinturas, tenemos que recordar los acontecimientos sociopolíticos que, sin duda, la estimularon. Poco después de que cayera el Muro de Berlín, cuando un sentimiento general de optimismo invadió el país recién reunificado, la gran obsesión alemana era ganar el Campeonato del Mundo de fútbol en 1990. Las tiendas de la Alemania Occidental se llenaron de repente de alemanes del este, todo el mundo quería comprar, todo el mundo quería  el marco alemán. El aire estaba inflamado con una sensación de recién recuperado orgullo patriótico y nacional,  banderas alemanas flameaban libremente… todo lo cual debió provocar náuseas a Hallman, quien equiparó el nacionalismo y la religión organizada con el fascismo y el genocidio.

Por otra parte, la lealtad de Alemania con América le resultaba repugnante. Hallman había experimentado personalmente los sórdidos aspectos de la democracia estadounidense durante su breve estancia allá. Su odio a la hipocresía inherente en la cultura estadounidense se hizo explicito en una serie de pinturas (Hinterglas- A través del cristal.) Estas pinturas abundan referencias a los personajes de Walt Disney vestidos con diversos disfraces simbólicos (que representan el dinero, la religión, el patriotismo).

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El odio de Blalla hacia el Tercer Reich, el Vaticano y los Estados Unidos no se molesta en diferenciar entre los tres. En sus cuadros la cruz y la esvástica son sustituidas por el signo del dólar, siendo el nuevo Dios que hace que el mundo funcione.

Para “celebrar” la reunificación, Blalla pintó la “Serie Negra”, doce obras de arte blasfemas sobre Hitler para matar al propio “fascista interior”.

 

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Volviendo a Ghazi Barakat: “Al comparar frecuentemente el catecismo religioso y la educación con el abuso infantil, Blalla creía que la historia, el folklore y el legado histórico y el cristianismo son mentiras inventadas para perpetuar las falsedades con las que nos controlan.

Blalla desprreciaba el mundo del arte, a cuyas estrellas, Andy Warhol, Jeff Koons, Gerhard Richter, Sigmar Polke y Joseph Beuys considerada criados aduladores de los ricos. Al subrayar que cada cuadro que estos tíos vendían era dinero que el no ganaba, Blalla creía que los mencionados artistas le estaban robando. Amargado por las exposiciones de galerías y museos, Blalla insistía en que todos los participantes deberían firmar sus cuadros con la frase: “¡Mentí!”.

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Preguntado sobre por qué había tanta mierda en sus obras, Blalla contestó: “Porque todo es mierda… Tardarán mucho tiempo en anunciar un perfume con una modelo preciosa posando al lado de un zurullo”.

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