El poder de las imágenes // José Luis Corazón Ardura

Publicado en ¿Qué pasa aquí?

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Obra de Hamlet Lavastida

Texto de José Luís Corazón sobre la exposición “Iconocracia” en el museo ARTIUM, comisariada por Iván de la Nuez

George Orwell escribió un artículo a principios de los años 40 titulado Los límites del arte y la propaganda donde señalaba cómo la literatura había quedado detenida en una frontera donde se alineaban los partidarios de un arte esteticista y aquellos que apostaban, más que por el esfuerzo político en el sentido benjaminiano, por convertir al arte en herramienta del poder. Como afirmaba, “no son tiempos de paz y no son tiempos de crítica”, confirmando el hecho de que durante periodos donde la política descubrió el poder de las imágenes se produjo una separación y encierro que hacía palpable esa ausencia de contenido crítico constructivo, partiendo de una supuesta estética donde primaba la autonomía del arte por el arte o una inmersión en la capacidad técnica para reproducir mensajes que influyeran en la comunidad de manera efectiva. ¿Es casual que la incidencia de la tecnología haya logrado otorgar a la fotografía o al reportaje documental su carácter artístico o político? ¿Cómo no considerar la influencia del arte en el espacio político desde los intereses del poder?

El caso es que esta proliferación de imágenes ha dominado el inconsciente colectivo y, más allá, ha configurado el propio poder de lo económico, lo social o lo político, afectando relativamente a su apariencia estética. Es más, la incidencia en el imaginario no es solo una cuestión explorada desde los totalitarismos, aparece cada día en aquellos espacios políticos relacionados con la democracia y la deriva del capitalismo simbólico.

Este dominio de la imagen sobre la sociedad contemporánea corresponde al título de Iconocracia, exposición organizada por Iván de la Nuez en Artium que articula esta preponderancia de la fotografía desde la perspectiva de la historia reciente del arte cubano y sus límites. ¿Con qué ha de contar el artista contemporáneo a la hora de reflexionar sobre el poder de la imagen en la sociedad? ¿Es la realidad una de las metas del artista o su capacidad metafórica viene a mostrarnos una visión más contundente como ocurre con la fotografía? ¿Hasta qué punto es instantánea o algo más que buscar luz a través de una suerte de escritura descriptiva?

Las cuestiones que plantea esta exposición están organizadas en torno a conceptos adecuados a la realidad actual. Una reconstrucción narrativa que completa un itinerario circular donde ese encierro propio de las islas –esto es, su aislamiento- se convierte en una metáfora de las relaciones que mantenemos con los imaginarios dirigidos desde algunos poderes fácticos que velan por la economía, la política o la sociedad en general. Un desfondamiento que ha llevado a mostrar una cierta historia del arte cubano hasta hoy, desde una perspectiva que aúna las capacidades que poseemos como espectadores de nosotros mismos y como creadores de la propia realidad en la que estamos inmersos. Una síntesis con un cierto carácter de desfondamiento estético, poético y político que incide en la escisión entre la utopía y lo realizado, identificando aquellos problemas de recepción vinculados a la construcción de la imagen como saber y como realidad insoslayable.

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Tratando de vivir con swing“. Leandro Feal

Quizá no estén tan lejos los naufragios de los balseros o aquellos que como Elián se convirtieron en símbolo político. En estos días, la imagen de Aylan, otro niño sirio ahogado en las playas turcas ha mostrado que todos los días se producen estos hechos y, ciertamente, algunos no han dejado de rendirle un sentidísimo homenaje utilizando su cuerpo tendido en la arena, a pesar de que carecemos de imágenes de sus otros compañeros muertos. Este apropiacionismo mercantil que juega a emocionarnos partiendo de la imagen de aquellos que sufren no es fácil de asimilar, cuando sabemos que en el fondo estamos ante un caso antiguo de hipocresía política.

En el caso de Iconocracia se huye de este aprovechamiento oportunista para optar por un desmontaje de aquellos constructos que se han ido convirtiendo en una cuestión ideológica. En las imágenes de esta exposición estamos ante un desplazamiento realizado en primer lugar por muchos artistas cubanos que desde la migración han ido reconstruyendo su propia isla, sin dejar de volver a pensar en la realidad de un país en un continuo desbordamiento político y social, pero también artístico y cultural. Una historia de la fotografía cubana que parece no depender de los tópicos de las consignas ni de la imagen clásica que se suele ofrecer de la isla. Al contrario, yendo mucho más allá, muestra cómo esa alegría del naufragio romántico y arrobado frente al mar -sea o no nostrum-, ha devenido en un espacio político y migratorio, como tradicionalmente se ha construido la imagen del agua como elemento de diferencia y distancia, como espacio donde sumergirnos para llegar hasta la frontera.

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‘Wrinkle series (Obama)’, Geandy Pavón

El arte ha de plantearse su relación con la actualidad. Desde la fotografía y su cercanía a la arquitectura y el urbanismo, el diseño y las artes de acción, la escultura, la pintura o el vídeo, Iconocracia propone una lectura que ahonda en lo político desde una perspectiva metafórica que no elude prever lo que sucede en ese otro espectro que recorre la apertura democrática de una isla que deviene símbolo y realidad de los límites de las artes en la sociedad contemporánea. En esa profusión de iconos e imágenes, conviene recordar con Lezama Lima: “Basta que la imagen se desenrede en una reducción hacia un centro, o por el contrario sobre la infinidad, hacia la fiesta de la diversidad o la desolación, para que esplenda removiendo el acto”. El poder de las imágenes está en la voluntad de construir la realidad desde una distancia efectiva. En esta historia silenciosa que recorre el presente de Cuba desde la perspectiva de la fotografía, también aparece la narración de la actualidad como un avistamiento en tierra cercana. Al final, desde la realidad de la imagen, el mar se convierte en escenario de una manera no tan distante a aquella idealización de Leopardi, donde uno contempla el naufragio político y estético desde el refugio de una tierra desolada y estéril.

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