Escrache

Publicado en Memoria Histórica


Haciendo un poco de historia, se pueden descubrir antecedentes bastante antiguos e internacionales de esta tradición de justicia callejera, como el que ocurrió en Londres a mediados del siglo XIX. Para entender la anécdota, es necesario recordar que por entonces un fantasma recorría Europa. En 1850, año del escrache en cuestión, las revoluciones de 1848 ya habían sido controladas, aunque a precio de sangre y algunas concesiones monárquicas. A pesar de todo, los ánimos seguían caldeados.


Uno de los muchos represores de estas revoluciones fue el austríaco Julius Freiherr von Haynau, un general apodado “La Hiena” y especialmente afecto a la tortura. Este hombre estuvo entre los encargados de sofocar los levantamientos del Norte de Italia y de Hungría, que en aquel entonces estaban bajo poder de los Habsburgo.
Jubilado en 1850, a los 64 años, decidió tomarse unas bien merecidas vacaciones recorriendo Europa, e incluyó a la ciudad de Londres en su periplo. Al enterarse de la visita de La Hiena a Londres, George Harney, dueño del diario Red Republican alentó con pocas esperanzas a todos sus conocidos a realizar lo que ahora se llamaría un escrache.
Y así llegamos a la anécdota: al parecer el desprevenido von Haynau incluyó en su itinerario turístico una visita a la célebre fábrica de cerveza Barclay & Perkins, Con sus 430 empleados, esta destilería era la mayor productora de cerveza del mundo y lugar obligado para todo turista que se preciara. Según cuenta el diario The Times de la época, en cuanto von Haynau terminó de firmar el libro de los visitantes, los trabajadores reconocieron al atildado personaje. A continuación, según una de las versiones, le arrojaron un fardo de heno en la cabeza y lo taparon con estiércol . Según otra, los trabajadores agarraron palos y piedras, y se acercaron peligrosamente a él. Sea como fuere, en cuanto se recuperó de su sorpresa, el general salió corriendo.
La huida no duró mucho. Lo encontraron escondido en el pub “George”, donde los trabajadores se olvidaron de la supuesta corrección inglesa y lo molieron a palos. Para suerte del general, la policía llegó antes de que el asunto terminara en un linchamiento pleno y lo llevó del otro lado del río. La Hiena, humillado como estaba, decidió cancelar sus vacaciones en la ciudad.
Eufórico, Harney publicó en su editorial que el ataque era una prueba del “progreso en el conocimiento político de la clase obrera, su incorruptible amor por la justicia y su intenso odio por la tiranía y la crueldad”.
La ocasión mereció un festejo en el Farringdon Hall durante el que habló el mismísimo Friedrich Engels. Los cronistas de la época recogieron una canción en recuerdo al hecho que suena mejor en inglés que en castellano, pero que dice más o menos lo siguiente:
“Échenlo, échenlo de nuestra orilla del Támesis
déjenlo ir con los grandes tories y damas de alto rango.
Puede pasear por el West End y desfilar su orgullo
pero nunca volverá a acercarse al George de Bankside”.
Hoy, 160 años despues, la metodología no ha perdido vigencia (Sobre el origen de los Escraches)

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