Los árabes son los nuevos pioneros de la democracia

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La libertad debe de ser para todos o para nadie. Subtextos. Un proyecto de Democracia
Ultimamente me han comentado en varios lugares lo “profético” que ha resultado ser el proyecto Subtextos (I y II) de Democracia. Lo que no deja de ser una casualidad me sirve para dejaros aqui traducido un artículo de Toni Negri y Michael Hardt en el que reflexionan sobre la importancia futura de las revueltas en el mundo árabe:
Los árabes son los nuevos pioneros de la democracia
Uno de los retos a los que se enfrentan los observadores de los levantamientos que se están extiendiendo por el norte de África y Oriente Medio, es que estos se lean no tanto como repeticiones del pasado, sino como nuevos experimentos originales que abren nuevas posibilidades políticas para la libertad y la democracia, cuya importancia va más allá de la región específica donde están teniendo lugar.


De hecho, nuestra esperanza es que a través de este ciclo de luchas del mundo árabe, éste se convierta para la próxima década lo que América Latina fue en la última década (es decir, un laboratorio de experimentación política entre poderosos movimientos sociales y gobiernos progresistas como los que se han dado desde Argentina a Venezuela y de Brasil a Bolivia).
Lo primero que estas revueltas han supuesto es una especie de limpieza ideológica, barriendo las concepciones racistas de un choque de civilizaciones que relegaron la política árabe en el pasado. Las multitudes en Túnez, El Cairo y Bengasi rompen el estereotipo político según el cual los árabes se ven obligados a elegir entre dictaduras laicas o teocracias fanáticas, o que de alguna manera los musulmanes son incapaces de luchar por la libertad y la democracia. Incluso llamar a estas luchas “revoluciones” parece inducir a error a los comentaristas que asumen que la progresión de los acontecimientos obedece a la lógica de 1789 o 1917, o a alguna otra antigua rebelión europea contra los reyes y zares.
Estas revueltas árabes se activaron por la cuestión del desempleo, y en su centro están jóvenes altamente educados cuyas ambiciones se han visto frustradas (una población que tiene mucho en común con los estudiantes que protestaban en Londres y Roma). Aunque la principal demanda en todo el mundo árabe se centra en el final de la tiranía y los gobiernos autoritarios, detrás de este grito se levantan una serie de demandas sociales sobre el trabajo y la vida, no sólo para poner fin a la dependencia y la pobreza, sino para dar poder y autonomía a una población inteligente y sumamente capaz. Que Ben Ali y Hosni Mubarak o Muammar Gaddafi abandonen el poder es sólo el primer paso.
La organización de las revueltas se asemeja a lo que hemos visto durante más de una década en otras partes del mundo, desde Seattle a Buenos Aires y Génova y Cochabamba, Bolivia: una red horizontal que no tiene un líder único, en el centro. Los organismos tradicionales de oposición pueden participar en esta red, pero no pueden dirigirla. Los observadores externos han tratado de designar un líder de las revueltas en Egipto desde que comenzaron: tal vez es Mohamed El Baradei, tal vez el responsable de marketing de Google, Wael Ghonim. Temen que los Hermanos Musulmanes o alguna otra organización tome el control de los acontecimientos. Lo que no entienden es que la multitud es capaz de organizarse sin un centro, que la imposición de un líder o ser co-optados por una organización tradicional socavaría su poder. La relevancia en las revueltas de las herramientas de redes sociales, como Facebook, YouTube y Twitter, son síntomas, no causas, de esta estructura organizativa. Estos son los modos de expresión de una población inteligente capaz de utilizar los instrumentos a su disposición para organizarse de forma autónoma.
A pesar de que estos movimientos organizados en red rechazan una dirección central, deben consolidar sus demandas en un nuevo proceso constituyente que una los segmentos más activos de la rebelión con las necesidades de la población en general. La insurrección de la juventud árabe, ciertamente, no está dirigida a conseguir una constitución liberal tradicional que sólo garantice la división de poderes y una dinámica electoral ordinaria, sino más bien a una forma de democracia adecuada a las nuevas formas de expresión y las necesidades de la multitud. Esto debe incluir, en primer lugar, el reconocimiento constitucional de la libertad de expresión (no en la forma típica de los medios de comunicación dominantes, que está constantemente sujeta a la corrupción de los gobiernos y las élites económicas, sino la que está representada por las experiencias comunes de las relaciones en red)
Y dado que estos levantamientos fueron provocados no sólo por el desempleo masivo y la pobreza, sino también por un sentimiento generalizado de frustración por el desaprovechamiento de la capacidad productiva y expresiva, especialmente entre los jóvenes, una respuesta constitucional radical tiene que proponer un plan común de gestión de los recursos naturales y de la producción social. Este es un umbral a través del cual el neoliberalismo no puede pasar y en el que el capitalismo queda cuestionado. Y la ley islámica es totalmente insuficiente para satisfacer estas necesidades. Aquí la insurrección no sólo afecta a los equilibrios de poder en el norte de África y Oriente Medio, sino también al sistema mundial de gobernanza económica.
Por lo tanto nuestra esperanza para el ciclo de luchas que se están extendiendo en el mundo árabe, es que lleguen a ser como en América Latina, una inspiración para los movimientos políticos y elevar las aspiraciones de libertad y democracia más allá de la región. Cada revuelta, por supuesto, puede fracasar: los tiranos pueden desatar una represión sangrienta; juntas militares pueden tratar de mantenerse en el poder, los grupos tradicionales de la oposición puede intentar apropiarse de los movimientos sociales, y las jerarquías religiosas pueden tratar de posicionarse para tomar el control. Pero lo que no se acaban son las demandas políticas y los deseos que se han desatado, las expresiones de una generación inteligente de jóvenes por una vida diferente en la que puedan poner en uso sus capacidades.
Mientras que las demandas y deseos estén vivos, el ciclo de luchas continuará. La cuestión es lo que estos nuevos experimentos de libertad y democracia van a enseñar al mundo durante la próxima década.

4 respuestas a “Los árabes son los nuevos pioneros de la democracia

  1. Muy interesante el enlace al articulo de aljazeera.La tesis principal es que sociedades en tiempo de crisis han sido rapidamente sometidas a polinicas neoliberalistas salvajes aprovechando las circunstancias de confusion y el vacio teorico de poder. Pero estas revoluciones norteafricanas son las primeras en acontecer sobre estructuras economicas neoliberales ya establecidas, y en esto hay desde luego un resquicio de esperanza.

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