Materialismo del encuentro. Nicaragua 2013___por PSJM

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El 25 de noviembre de 2013 viajamos de Berlín a Managua para conocer de primera mano la realidad nicaragüense y preparar un proyecto artístico promovido por Oxfam Intermón que ha sido expuesto en Madrid en 2014. Terminamos la lectura del libro Para un materialismo aleatorio, de Althusser, en el avión de ida a Managua.  Estos dos hechos podrían no haber confluido, pero se dio aleatoriamente el encuentro entre una realidad que se pensaba socialista y la teoría de uno de los más insignes marxistas. El presente relato filosófico constituye la cristalización de ese encuentro.

 

Este escrito no quiere ser más que un breve testimonio filosófico: el corto relato de un encuentro, o para ser más precisos, unas notas metafísicas sobre encuentros que se dan, que se han dado, que aún persisten, en un territorio, en un pueblo. Un encuentro de encuentros, donde coinciden Norte y Sur: el itsmo centroamericano; y en su centro: Nicaragua, que una vez fue sandinista.

 

Enfocaremos este ejercicio metafísico a través de la filosofía materialista aleatoria de Louis Althusser y de una heremenéutica de las imágenes, tomadas en su contingencia como intensidad simbólica, ideológica. Sondearemos pues el territorio donde se cruzan materia y lenguaje. Cuestión epistemológica que nos acercará, si acaso brevemente, también al materialismo ilustrado de los philosophes y a cierto «sensismo del símbolo».

 

Años ha que la Metafísica desistió de pronunciar la última palabra sobre la realidad, renunciando incluso ella a la pretensión de verdad, competencia que se deja por completo en manos de la ciencia. Productora de un pensamiento más problemático que teoremático, la Metafísica hoy supone más un arte que una ciencia. Hecha de ficciones creativas, de ensayos que generan mitos. «El pensamiento metafísico no es un calcular, sino un poetizar mediante el que se reavivan los recuerdos»1. Una Metafísica materialista, flexible y pluralista que no desea ser ya una transfísica, que se ocupa más de acontecimientos que de esencias. Una poética que da origen a una ética y a una política.

 

Para Althusser, desestimados los objetivos de las filosofías idealistas —que buscan la esencia, el Origen, la Razón del mundo—, la filosofía no puede ser otra cosa sino «teoría de su contingencia y reconocimiento del hecho, del hecho de la contingencia, del hecho de la sumisión de la necesidad a la contingencia y del hecho de las formas que “da forma” a los efectos del encuentro. La filosofía no hace más que levantar acta: ha habido encuentro y ‘toma de consistencia’ al haber prendido unos elementos con otros (como podría decirse que el agua ‘toma consistencia’ al congelarse)”2. El hecho podría darse o no, no existe una necesidad, es aleatorio, siempre hay alternativa. Althusser quiso arrojar luz sobre una «corriente subterránea» del materialismo, el «materialismo del encuentro», que se desliza a través de Demócrito, Epicuro, Maquiavelo, Spinoza, Hobbes, Rousseau y hasta el mismísimo Heidegger (!) para llegar al primer Marx y al primer Engels.

 

Llueve. Llueven átomos, paralelos entre sí. Pero para que la realidad sea mundo, estos átomos han de chocar, han de encontrarse. Es por eso que Lucrecio incorpora el clinamen a la filosofía de Epicuro. Desviación, caos: sólo así se produce el encuentro. Pero para que este encuentro cristalice, se congele, sea consistente, sus átomos han de enlazarse por un tiempo. Tiempo suficiente para que el hecho constituya historia y no pura anécdota o choque fugaz. Lo aleatorio es la ley, la regla anómala. El azar, y no la necesidad, es quien rige. El ruido y el desorden como constitutivos del orden, o de la apariencia de éste; que nunca será eterno, pues nuevos encuentros, nuevos choques y casamientos se sucederán, dejando para el recuerdo aquellos encuentros que parecieron necesarios, pero fueron puras contingencias. Factos coyunturales que conforman las estructuras, y no estructuras que soportan las coyunturas. Se han de dar por tanto, circunstancias, propiedades en la materia, en los cuerpos, para que su actividad confluya y se de forma a un mundo, a un trozo temporal y espacial de mundo que se erija en estructura.

 

No hay Origen, nos encontramos con un mundo en marcha, como un tren al que debemos subirnos. Así se lo encontró Sandino, campesino liberal que liberó a su pueblo de las cadenas gringas. Así se lo encontró Carlos Fonseca, que buscó el choque por las armas y las ideas, y acabó muerto por la dictadura somocista. Así se lo encontró el FSLN, que hizo una revolución en tiempos post-revolucionarios. Aquello fue un encuentro cristalizado, una revolución que perduró, que triunfó, pero que vivió siempre herida, torturada sin clemencia por el vaquero del norte. Una década de logros revolucionarios y de guerra; el más cruel de los encuentros, el conflicto bélico, el des-encuentro atroz con la CIA de Reagan y los contras. Y luego, el vacío, la dispersión, la privatización neoliberal, la corrupción y la estafa. Postmodernidad postcolonial en la postrevolución nicaragüense. La nada.

 

Y llegó el 2006 y volvió el FSLN de Daniel Ortega, empuñando las urnas como armas. Y, ahora, en ese tren en marcha, en ese nuevo encuentro que constituye historia, nos subimos nosotros, observadores ojipláticos de una realidad tan distante como incómodamente cercana.

 

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Podría no haber sucedido. Pero sucedió. La madera se encontró con el silicio. La pobreza se casó con la tecnología de la comunicación, y el Capital se fue de fiesta con el Frente Sandinista. En cada piedra, en cada esquina, en todo poste eléctrico, en todo soporte material: la M de Movistar, pintada a mano, integrada en la estética local, impregnándolo todo. Y en cada palo, en cada piedra, en cada muro, pintada a brocha: la bandera del partido, una franja roja y otra negra, rastros de la última victoria electoral. Una M, una bandera, una M, una bandera, y así hasta llenarlo todo, toda substancia, toda materia, toda esa realidad física convertida en continuum ideológico. Material, la ideología tiene una existencia material, nos dice Althusser: «las “ideas” o “representaciones”, etc. de las que parece compuesta la ideología, no tienen existencia ideal, idealista, espiritual, sino material3. […] En tanto esas ideas son actos materiales insertos en prácticas materiales, reguladas por rituales materiales definidos, a su vez, por el aparato ideológico material del que proceden las ideas.»4

 

La Pareja Presidencial, qué extraño encuentro, arraigándose triunfales sobre imágenes, símbolos, comportamientos, leyes, regalos y socialismo multicolor. Nicaragua: socialista, cristiana y solidaria —reza ahora su constitución. Pragmática, sincrética y clientelista gritan desde el silencio los no oficialistas. Una democracia capturada y maltratada, amarrada por el totalitarismo mediático e institucional. Y en la cima de esa Nación, de ese Estado económicamente dependiente, la Pareja Presidencial. Un encuentro entre dos cuerpos, dos biografías y una historia compartida. Revolución, victoria, derrota y reinstauración. La historia de un país, la historia de una pareja. Pero Daniel quiso un tercer cuerpo, el cuerpo de su hijastra; Zoila América, apoyada por el movimiento de mujeres, silenciada por el acuerdo monetario y patrimonial. Pero más que eso. El acontecimiento, el hecho, es plenamente personal. «Lo personal es político», viejo lema feminista que escribiera Kate Millet, toma aquí un sorprendente sentido. Pues lo más íntimo, la tragedia doméstica, la dominación patriarcal, la violación de otro cuerpo, del «Otro» cuerpo, activa con vigor un frente de insurgencia. «El feminismo es la reserva moral de Nicaragua», nos dice una joven y lúcida activista nica.

 

Tras la violación, tras la indignación, tras la denuncia y la oposición, y sobre todo tras «el acuerdo», es que se llega a un mutismo, a un chantaje doméstico que deviene forma institucional. Ella, la Doña, Rosario Murillo, mujer del presidente, toma el mando al margen del sistema electoral y esconde a su hija mancillada bajo el resplandor del poder. Rosario, esquizofrénico crisol de creencias, ideologías, supersticiones y esperpentos astrológicos, gobierna non electa al amparo de los oráculos. Olvidando el espíritu revolucionario, de las revolucionarias. La Mujer traiciona a las mujeres. El Frente traiciona la revolución.

 

«¿Qué es ese mundo, señor Holmes? Un compuesto sujeto a revoluciones que indican todas ellas una constante tendencia a la destrucción; una rápida sucesión de seres que se siguen entre sí, se empujan y desaparecen, una simetría pasajera, un orden contingente».5

 

Pero sucede que en esa lluvia perturbada por el clinamen, los átomos que se encuentran por azar, cuando no son átomos y son personas, anhelan la posibilidad de transgredir esa «contingencia necesaria». Si quiera provocando acontecimientos, relaciones afectivas que superen el puro azar. La libertad, la voluntad, se oponen a esa necesidad sin ley en una dialéctica sin solución. Materialismo, ¿qué espacio queda para eludir el determinismo? Aseguraba d´Holbach que el ser humano nunca es libre, que sus acciones son consecuencias necesarias de su temperamento, de sus creencias, de sus opiniones reforzadas por la educación y la experiencia diaria. No somos libres, en todos los instantes de la vida «nos vemos guiados a cada paso por los beneficios reales o ficticios que atribuimos a los objetos que excitan nuestras pasiones»6. Presos de las sensaciones transformadas por la gracia del lenguaje en contenidos de pensamiento: ideas, que nos condicionan y nos guían, individual y colectivamente. Destutt de Tracy lo supo ver bien, es en esas «sensaciones transformadas» a la Condillac, es allí en las ideas donde se debe explorar, pues son ellas quienes tachan con las sombras del lenguaje la estructura verdadera de los hechos7. Hechos que vuelven a la materia nicaragüense modelados por la voluntad de un poder, del poder político más personal, que produce la inscripción logográfica de la Nación como intensidad sensitiva e ideológica.

 

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Y allí, en la imagen mediática, en el desborde de la imaginería católica y la fiesta del socialismo estridente: las evidencias de ese otro encuentro —imposible pero real— que tiene por átomos locos al socialismo del Frente y al cristianismo más conservador. Un hecho que ha tomado consistencia. La alianza con el dogma revelado, o más bien, la apropiación de mensajes, políticas y liturgias de la Iglesia como instrumento de efectividad electoral8. Sincretismo ideológico que toma forma en la materia y en los cuerpos humanos —haces de percepciones fluyentes que abren lo simbólico. Y allí, subjetividades cameladas por la retórica oficialista; y allí resistencias. Resistencias humanas, femeninas, campesinas, que hablan con el verbo de otra ideología. Aquella que vino de Francia, aquella esperanza igualitaria, libre y fraternal. Aquella que quedó sin acabar.

 

Nicaragua, mujer mancillada, espejo de nuestras democracias, mereces otros encuentros, mereces otras fortunas.

 

 

NOTAS

1. MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Francisco José. Metafísica. Madrid: UNED, 2011, p. 32.

2. ALTHUSSER, Louis. Para un materialismo aleatorio. Madrid: Arena, 2002, p. 34.

3. ALTHUSSER, Louis, “Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado” en S. Žižek (comp.) Ideología. Un mapa de la cuestión. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2003, p. 141.

4. Idid, p. 143.

5. DIDEROT, Denis, Carta sobre los ciegos, Valencia: Pre-textos, 2002, p. 45.

6. REALE, Giovani y ANTISERI, Dario. Historia del pensamiento filosófico y científico II. Barcelona: Herder, 2010, p. 612.

7. Ver: DE BUSTOS, Eduardo. Filosofía del lenguaje, Madrid: UNED, 2009.

8. El 26 de octubre de 2006, la Asamblea Nacional de Nicaragua votó de forma unánime la eliminación del aborto terapéutico, figura jurídica vigente en el Código Penal del país centroamericano durante más de 130 años.

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