TOOLS OR WEAPONS TO MAKE PLACES//Todo por la praxis


TOOLS OR WEAPONS TO MAKE PLACES
Todo por la praxis
«Una colección de situaciones sociales que debiliten el deseo de una existencia controlada»
Richard Sennett. (Vida urbana e identidad personal)
El ataque de los poderes políticos hacia el espacio público se ha desarrollado en
múltiples frentes. Un primer frente ha tenido que ver con lo simbólico. Con la
construcción de la ciudad global y sus estrategias de imagen ejecutadas por las grandes
firmas de la arquitectura.


El segundo frente para la erosión del espacio público y de su función ha sido de tipo
legal. La proliferación de normas y prohibiciones que determinan totalmente los límites
del uso de las calles, reduciéndolo a sus mínimos términos, las convierte en un territorio
contemplativo y de tránsito.
Los espacios públicos se encuentran en una condición parecida a un estado de
ocupación por parte del poder político y económico. En consecuencia, la esfera de
relaciones sociales está profundamente reducida y cada vez es menor la fuerza de la
colectividad como agente social activo para controlar el poder, para la reivindicación y
la gestión de los bienes comunes.
La colectividad está atrapada en el papel de electorado y las asociaciones de
vecinos en el mejor de los casos- son agentes pasivos. Profesionales, movimientos
sociales y activistas encuentran enormes barreras para poner en marcha procesos de
transformación de la ciudad, plagada de mallas que coaccionan la libertad de acción al
impedir el acceso a espacios donde desarrollar sus propuestas y reivindicaciones.
A pesar de encontrarnos con un escenario de ciudades excesivamente reglado,
coercitivo y dirigido exclusivamente a la producción y al consumo, encontramos, desde
una mirada optimista, algunos elementos que nos permiten subvertir y sabotear estos
códigos impuestos. Existen manifestaciones espontáneas, mediante la apropiación
del espacio público, que responden a este estrangulamiento, a estas subjetividades
impuestas por el urbanismo planificado.
El potencial político de estas prácticas antagónicas, que hacen frente a la hegemonía
de pensamiento, reside en que apuestan por el disentimiento y el conflicto como
herramienta clave para la recuperación de las subjetividades perdidas.
La demanda de espacios de participación por parte de las comunidades metropolitanas
es hoy más fuerte que nunca. En las brechas entre una ciudadanía excluida y una
ciudad impuesta, sin embargo, se abre un espacio el que las distintas prácticas de
microurbanismo pueden acercar, a partir de la pequeña escala, la estructura urbana
a las necesidades de quien la usa o habita.
Los huecos que se han generado con la retirada de empresas y administraciones de la
producción urbanística, sin embargo, no son sólo materiales. Son en muchos casos unos
vacíos de poder que se están confirmando como un territorio de reconquista por parte
del sector ciudadano. A través de estructuras más organizadas o informales, numerosos
grupos vecinales están siendo los protagonistas de una reapropiación y puesta en uso de
espacios residuales y abandonados en todas las ciudades del estado español.
Huertos urbanos, espacios públicos autogestionados y centros de barrio está siendo
en esta fase el campo de experimentación de una nueva autogestión urbana, que ha
heredado prácticas del antagonismo histórico construyendo nuevas prácticas de trabajo
en red y colaboración.

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