Efecto Streisand en el MACBA

El director de MACBA censura la exposición «La Bestia y el Soberano» para que no se exhibiera esta escultura en la que se representa a un pastor alemán penetrando a la líder boliviana Domitila Barrios de Chúngara y ésta, a su vez sodomizando al rey Juan Carlos I, que aparece a cuatro patas escupiendo un ramo de flores sobre una alfombra de cascos nazis de las SS.

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Líneas de guerra, de Ines Doujak y Johan Barker

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Por su parte, Bartomeu Marí niega que se pueda hablar de censura, sino de “una desavenencia irresoluble entre dirección y comisarios”. “Llevo 25 años trabajando en museos y nunca había visto algo así, siempre habíamos encontrado una solución. Esto es inaudito, no me consta de que exista un precedente en el mundo». De traca

4 responses to “Efecto Streisand en el MACBA

  1. Planteaba Patrice Lumumba antes de ser asesinado…

    Durante mil años tú, negro, sufriste como un animal,
    tus cenizas fueron esparcidas al viento del desierto.
    Tus tiranos construyeron los templos mágicos y brillantes
    donde preservar tu alma, donde preservar tu sufrimiento.
    El bárbaro derecho de los puños, y el derecho blanco al látigo.
    Tú tenias derecho de morir, también podías llorar.

    En tu tótem tallaron hambre y cautiverios sin fin,
    E inclusive al abrigo de los bosques acechaba una muerte
    Horriblemente cruel, solapada, reptando hacia ti como ramas de
    los agujeros y cimas de los árboles
    Ciñendo tu cuerpo y tu doliente alma.
    Entonces pusieron una gran víbora traicionera en tu pecho,
    En tu cuello colocaron el yugo del aguardiente,
    Cambiaron tu apacible vida por el brillo de las perlas baratas,
    Tus riquezas increíbles, que son inconmensurables.

    Desde tu choza, el tam-tam sonaba en la oscuridad de la noche
    Llevando tristes lamentos hacia las fuentes de ríos poderosos
    Sobre muchachas violadas, ríos de sangre y lágrimas,
    Sobre barcos que zarpaban hacia el país donde el hombrecito
    Se revuelca en un hormiguero, y donde el dólar es rey,
    A la tierra condenada, que llaman la madre patria.

    Allí tu hijo y tu esposa fueron molidos, día y noche,
    Por un terrible molino despiadado, destrozándolos con terrible dolor.
    Eres un hombre como otros. Te predican para que creas
    Que el buen dios blanco reconciliaría al fin a todos los hombres.
    Por el fuego sufriste, y cantaste los cantos plañideros
    Del mendigo sin hogar, que canta a las puertas de las casas.
    Y cuando la locura te poseyó y tu sangre hirvió en la noche
    Danzaste, gemiste,
    Como la furia de una tormenta a las palabras de una melodía humana
    De un millar de años de penar, surgió una fuerza de ti
    en la voz metálica del jazz, un grito de liberación desconocido
    Que resonó en el continente como una marejada gigante
    El mundo entero, sorprendido, se despertó aterrorizado
    al ritmo violento de la sangre, el ritmo violento del jazz,
    el blanco palideció ante este nuevo canto,
    Que lleva antorchas purpuras en la oscuridad de la noche

    ¡Ha llegado el alba, hermano, el alba! Mira nuestros rostros,
    Una nueva mañana despunta en nuestra vieja África.
    Nuestra sola será la tierra, el agua, los ríos poderosos
    Que el pobre negro entregó durante mil años

    Y las resplandecientes luces del sol brillarán de nuevo para nosotros
    Secarán las lágrimas en vuestros ojos y los escupitajos de vuestra cara
    En cuanto rompáis vuestras cadenas, los grillos pesados,
    Los tiempos malvados y crueles se irán para no volver más.
    Un Congo libre y bravío surgirá del alma negra
    ¡Un Congo libre y bravío, el florecer negro, la simiente negra!

     
    Patrice Lumumba, «A Morning in the Heart of Africa», Africa Today, vol. VIII, N° 2, febrero 1981, pág. 2

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