Un mundo no muy agradable

“Estaba naciendo un nuevo mundo. Sin duda un mundo que no era muy agradable y parece que nadie quería enfrentarse a eso, pareciera algo invisible, en el sentido de que era algo que la gente filtraba, que fingía no ver”

[Este artículo es una reseña del trabajo fotográfico de Lewis Baltz contado por el mismo autor. En el comienzo del vídeo documental de la serie Contacts en el que me baso para este análisis, Baltz hace hincapié en esa desconfianza hacia la imagen y su objetividad. En los siguientes la desconfianza hacia el mundo tecnológico y sus tres patas principales (urbanismo, vigilancia y medicina) se convierte en un discurso claro y potente. Aprovecho para comparar sus reflexiones con las mías en este mundo de pandemia en el que vivimos. Los fotogramas son fragmentos de ese vídeo.]

En la exposición retrospectiva de 2017 en la Fundación Mapfre de Madrid se habla de Lewis Baltz como un autor centrado en el paisaje marcado por la huella humana. Vinculado a la Nueva Topografía, solemos estudiar la obra de este autor tomando como referencia sólo su primera época, en la que, como el mismo Baltz explica en este capítulo de Contacts, se limitaba a anotar visualmente para dejar constancia de algo de la manera más simple y directa. Se define así Baltz al principio de este vídeo como un mero observador que no se siente fotógrafo. Pero un mero observador que piensa. Que es crítico con la sociedad que le rodea. Y que tiene claro, una vez más, que la fotografía no es, de ninguna manera, objetiva.

Sus palabras: “todos los paisajes humanos tienen un significado cultural, y por muy ordinarios que resulten esos paisajes, son una autobiografía inconsciente que refleja nuestros gustos, nuestros valores, nuestras aspiraciones e incluso nuestros temores de forma tangible”, de hecho, parecen calcadas del geógrafo y urbanista David Harvey: “Cada forma de actividad social define su propio espacio. La forma que toma el espacio en la ciudad es un símbolo de nuestra cultura, del orden social existente, de nuestras aspiraciones, necesidades y temores.”

En los años 60 y 70 el arte era un revulsivo de la conciencia social. El conceptualismo partía de ideas y críticas contra la sociedad tecnologizada, aburguesada y falta de democracia en la que hoy nos hemos convertido. El supuesto progresismo, el supuesto desarrollo, nos ha vaciado de contenido el arte, el alma y la memoria. Como ya dijera el holandés Constant Nieywenhuys, en la primera etapa de la Internacional Situacionista: “La cultura, en su individualismo, ha reemplazado la creación por la “producción artística”. La sección inglesa de este mismo movimiento, nos alertaba poco antes de mayo del 68: “Los artistas han sufrido una pérdida de coraje colectivo”.

Mientras la Fundación Mapfre nos presenta el trabajo de Baltz descafeinado y descontextualizado: “Las singulares imágenes de Baltz resultan sorprendentemente frías y carentes de emotividad, por lo que su apariencia es técnica, fina y casi inmaterial”, Urs Stahel, comisario de esta exposición, resume la obra del autor de la siguiente manera: “En la fotografía de Lewis Baltz hay una idea activista de la realidad donde el sueño americano se convierte en pesadilla”

Por todo esto creo que hay que pararse a pensar profundamente en la necesidad de trabajos fotográficos como los de Lewis Baltz en un momento, el actual, en el que la Globalización ha convertido ya nuestra sociedad en el gran sueño distópico americano. Y que hay que aprender a leer, pensar y construir sociedad a través de la fotografía.

No es este un momento para mirar hacia otro lado y alienarnos alineándonos en la categoría recreativa de la fotografía. Es momento de despertar la cualidad de observador del fotógrafo con los ojos bien abiertos por si acaso Susan Sontag no tuviera razón cuando decía que la fotografía no es capaz de cambiar el mundo porque no lleva a la acción. Es momento de soñar que nuestros proyectos fotográficos, igual que los que describe Lewis Baltz en este vídeo, pueden servir realmente de revulsivo social y como herramienta para despertar a las consciencias adormecidas por esta pesadilla que estamos viviendo. Me gustaría pensar que no soy la única a la esta obra ha dejado huella.

 1. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras

Esta muestra, dice la reseña de la Fundación Mapfre, “supuso la presentación de una nueva generación de fotógrafos que por primera vez deja de mirar a la naturaleza intacta, a los parques nacionales, volviendo la mirada hacia las ciudades, al paisaje usado, gastado, transformado, capitalizado, a los suburbios que crecían con rapidez y proliferaban en las ciudades estadounidenses.”

Esa manera de mirar, sobre todo tras releer este documental una o dos veces, me ha recordado a la forma en la que abordan los compañeros del Grupo Surrealista de Madrid su “Crisis de la exterioridad. Crítica del encierro industrial y elogio de las afueras”. Al igual que ellos, Baltz es crítico con el urbanismo industrial que despoja de su aura a la obra de arte que es el paisaje, que es nuestra vida en el territorio. Al igual que ellos, también Baltz se interesa por las “cosas marginalizadas”, que califica de “obscenas”, precisamente por estar “mantenidas fuera de la escena”.

Bruno Jacobs habla en el libro citado de la presencia “metafísica” de algunos lugares, por su quietud, silencio, incluso cierta desolación: “La fotografía salva del tiempo esos elementos, al inmortalizarlos.” En “Las mercancías mueren, las cosas despiertan” habla Noé Ortega con sus fotografías de “objetos suicidas» de objetos que duermen hechizados por la Economía: “Sólo el deseo y la imaginación pueden convocarles.”

Estos surrealistas van más allá, queriendo buscar otras vidas posibles y liberar a estos objetos (y de paso a nosotros mismos) de esta manipulación capitalista que vivimos. Pero ya el simple hecho de que el objetivo de una cámara como la de Baltz se pose sobre lo marginal para actualizarlo supone ya mucho para esas cosas de las que no se habla nunca: “porque son muy corrientes y cotidianas, muy banales, y de cierta manera también repugnantes”.

Visibilizar lo marginal, lo que nos repugna porque no es aséptico, minimalista, de diseño, ordenado, normativizado, higienizado, en nuestros proyectos fotográficos, entiendo, es dar categoría de existencia a algo que, si no sale en la foto, está muerto, borrado de nuestras consciencias. Y eso incluye a las personas.

En este primer trabajo analizado, referente a la primera etapa de la que hablábamos, muy influenciado por la Nueva Topografía, Baltz reflexiona sobre lo que observa:

“Estaba naciendo un nuevo mundo. Sin duda un mundo que no era muy agradable y parece que nadie quería enfrentarse a eso, pareciera algo invisible, en el sentido de que era algo que la gente filtraba, que fingía no ver”

Si extrapolo las reflexiones de este artista fotógrafo al momento actual de alarma que vivimos, no puedo sino quedarme atrapada en esas palabras. Observar cómo desaparece el mundo, la sociedad, tal y como la conocíamos. Observar cómo aparece poco a poco una nueva sociedad que no nos parece muy agradable. Y pasar, sin embargo, sobre esa idea con la resignación con la que estamos pasando me parece mayor enfermedad que esa a la que tememos.

Sobre el efecto de ese modo de vida que se vislumbraba en los 60 con las primeras construcciones industriales de lo que hoy son las megalópolis que sufrimos, se preguntaba Baltz: 

“¿Qué tipo de gente iba a salir de ahí?, ¿qué tipo de nuevo mundo estaba naciendo ahí?, ¿sería un mundo en el que la gente podría realmente vivir?”

En un artículo que escribí para una conferencia sobre Fotografía y Ciudad, “Fotografía y ciudad: el documentalismo al servicio de las comunidades y el problema del elitismo en el diseño”, mostraba mi inquietud ante la extinción de modos de vida barriales tras la desaparición de estos territorios a causa de los procesos de gentrificación y aburguesamiento de las capitales céntricas y turistizadas.

Baltz capta esas escenas en las ciudades europeas, no por casualidad: “en ciudades que no son cualquier tipo de ciudades”. Las que se han ido despojando de su autenticidad y personalidad, las que se han ido homogeneizando en torno al gris del cemento y de la tristeza.

Si a esto sumamos el impacto de esta pandemia de miedo que nos han inoculado en la homogeneización de costumbres que nos alejan y nos convierten en seres aún más individualizados y separados, al mirar al paisaje urbano desde detrás de nuestras cámaras de fotos, nos distinguiremos cada vez menos de esos videojuegos a los que se enganchan nuestros adolescentes. Hasta que llegue el momento en el que se confunda la realidad real con la virtual, si es que eso no ha sucedido ya.

2. Ensayos contra la sociedad tecnológica

A partir de 1989 Baltz introduce la fotografía en color en su obra, y trabaja sobre una nueva forma de materialización del poder: aquella que ejercen los medios y la tecnología sobre nuestra vida.Aunque no ha sido una decisión tomada a priori, he fragmentado este artículo con epígrafes que reproducen títulos de libros de ensayo escritos por compañeros que reflexionan sobre esta sociedad que habitamos. Con los hastags #sinoquieressercomoelloslee #losfotografostambienleemos hace tiempo que difundo en redes sociales los textos que distribuimos desde Ediciones Fantasma con la intención de dar herramientas de pensamiento crítico a los fotógrafos para el desarrollo de proyectos de calado social. Herramientas como lecturas y contenidos teóricos que, conforme vamos analizando estos proyectos, se evidencia que los fotógrafos más destacados ya tienen en sus manos y que les sirven para fundamentar sus reflexiones como creadores de proyectos artísticos de autor.

En “Los límites de la conciencia. Ensayos sobre la sociedad tecnológica”, el sociólogo Juanma Agulles aborda la “crítica de aquello que nos destruye” de una manera similar a como lo hace Baltz en estos proyectos presentados en el documental. “Revestidas de una capa de alta tecnología -explica Agulles- nuestras sociedades contemporáneas siguen inmersas en el proceso de industrialización acelerada que se inició hace dos siglos. Los problemas de la desposesión social creciente, la organización burocrática, el expolio de la naturaleza, la violencia y la represión, no sólo no se han resuelto, sino que se han agudizado hasta el punto de poner en duda la supervivencia de gran parte del mundo que conocemos”. “Es necesario -concluye- reconocer primero los límites de la conciencia para intentar establecer los límites al desarrollo de unas sociedades tecnológicas que caminan, sonámbulas, hacia el desastre.”

Vamos a ir desgranando estos límites de nuestra consciencia sobre la manipulación de la imagen y la capacidad de manipulación de la tecnología, aspecto sobre el que ya he reflexionado en mi blog , con Andreas Gursky y su inclinación a las herramientas tecnológicas que eliminan personas (de la imagen) para embellecimiento del paisaje espectacular.

Alguna opinión, alguna noticia, hemos visto de soslayo en estos dos meses de pandemia. Desde distintos puntos de vista, hemos, al menos, pensado alguna vez en la necesidad de hacerlo. De sentarnos a pensar en esos límites de nuestro mundo, nuestra sociedad, nuestra naturaleza. Y de nuestras propias consciencias para no continuar al servicio de las estructuras sociales que nos llevan a la extinción de manera inexorable. ¿Seguiremos mirando para otro lado mientras disfrutamos de nuestro modelo de cámara de última generación o pondremos, esta vez, las máquinas al servicio del verdadero bien común?

Esas máquinas “no se parecen a nada, son poco excitantes visualmente”, “pero son ellas las que dominan realmente el mundo”

Ronda de noche” podría ser uno de los pioneros en el uso de imágenes de cámaras de vigilancia en un proyecto fotográfico para evidenciar el control al que estamos sometidos.

Desde la inteligencia artificial a las Smart Cities, pasando por el teletrabajo y toda la burocracia informatizada que nos gobierna, hasta llegar a los Smart Contracts (documentos legales inteligentes capaces de identificar y aplicar cláusulas a través de etiquetas de metadatos), o el control que Facebook o Youtube ya tienen de los contenidos que publicamos en redes, actualmente directamente censurados cuando no se cumplen una serie de cláusulas informatizadas, y sin opción a debatir ni argumentar, ni derecho a pleito incluso a pesar de reconocer su error. 

“Me volví más consciente de su utilización para la manipulación social”, explica Lewis Baltz al hablarnos de este trabajo que reflexiona sobre la “vigilancia ininterrumpida de la población”.

Pretende poner de relieve de modo metafórico el papel de vigilante y vigilado, mediante la disposición de grandes paneles de 2 metros con diferentes resoluciones que obligan al espectador a separarse y acercarse, adelantar y retroceder, para contemplar la obra, evidenciando que el espectador se deja manipular por la obra, igual que se deja manipular por la máquina, dejando su inteligencia y criterio superior al servicio de las cosas.

En momentos como éste que vivimos, en el que el miedo anula cualquier atisbo de sentido común y superioridad moral, el ser humano se repliega para dar su poder a las cosas: artefactos informáticos que identifican supuestos bulos en base a premisas insertadas a través de logaritmos, para no ejercitar el músculo del criterio propio que es el más sano de ejercitar; artefactos legales contractuales reducidos a normativa obtusa no consensuada ni reflexionada por la comunidad de ciudadanos que se rinden a sus premisas practicando el delegacionismo para no ejercitar el músculo del riesgo de las decisiones propias; artefactos cotidianos como guantes, mascarillas, pantallas, burbujas o respiradores, elementos que funcionan como fetiches al depositar en ellos la fe y esperanza de la propia integridad física e incluso moral. Que nos salvaguardan en su parapeto como los escudos de los Cruzados ante la sensación de vulnerabilidad que causa el habernos desconectado de nuestro instinto individual y gregario, hace ya tanto tiempo. Qué decir de la ansiada vacuna a la que nos rendiremos pidiendo incluso mano dura contra quienes no comulguen con la religión del cientificismo y pretendan llevar sus vidas por otro camino.

“Nada es seguro- explica Baltz-. Al final ya no se sabe quién es la víctima y quién es el verdugo. Quién es el vigilado y quién el vigilante”, en una reflexión necesaria sobre el poder y quién lo detenta, como ya lo hiciera el mismo Flusser (“Hacia una filosofía de la fotografía”) al presentarnos al fotógrafo como un funcionario-máquina que dispone un programa pre-concebido y limitado de acciones que desarrollar al servicio de la misma.   

De ahí hay poco que andar para llegar a seres humanos-máquina como los que describen Hannah Arendt en su texto “Eichmann en Jerusalén. Un informe sobre la banalidad del mal” o Günter Anders en “El piloto de Hiroshima. Más allá de los límites de la conciencia”. Cumplir órdenes, hoy más que nunca, deja a expensas de la simplicidad de las máquinas (o de la mente-máquina) la capacidad de discernimiento e interpretación tan necesaria en un mundo que pueda llamarse humano. 

3. La expropiación de la salud

La medicina institucionalizada ha llegado a ser una grave amenaza para la salud. El impacto del control profesional sobre la medicina, que inhabilita a la gente, ha alcanzado las proporciones de una epidemia.

La discusión de la enfermedad del progreso médico ha cobrado importancia en las conferencias médicas, los investigadores se concentran en los poderes enfermantes de la diagnosis y la terapia, y los informes sobre el paradójico daño causado por curas contra enfermedad ocupan cada vez mayor espacio en los prontuarios médicos.

Los límites a la asistencia profesional a la salud son un tema político que crece con rapidez. A qué intereses servirán dichos límites dependerá en gran parte de quién tome la iniciativa de formular que son necesarios: gente organizada para una acción política que desafíe el poder profesional cimentado en el status quo, o las profesiones de la salud decididas a expandir más aún su monopolio.

Con estas contundentes palabras se expresa el humanista Ivan Illich, en un libro, “Némesis médica. La expropiación de la salud”, surgido en el ámbito de los seminarios sobre “La necesidad de un techo común; el control social de la tecnología” que se llevó a cabo en el Centro Intercultural de Documentación de Cuernavaca, México, de 1970 a 1976. Describe Illich en esos seminarios “el impacto del sistema industrial sobre el medio ambiente, sobre las relaciones sociales y el carácter social sucesivamente, en el espejo de las grandes instituciones que este sistema excretó: la escuela, la empresa internacional, el transporte, la medicina.”, dando lugar a cuatro libros imprescindibles para pensar con profundidad la sociedad actual.

Que la medicina actual «expropia el poder del individuo para curarse a sí mismo y para modelar su ambiente», negando las capacidades y recursos que históricamente los pueblos del mundo han tenido para tratar la enfermedad de sus individuos es una premisa que al parecer comparte Lewis Baltz al abordar en “Cuerpos dóciles” su investigación fotográfica sobre la tecnología médica.

Si bien Ivan Illich presenta el concepto de Iatrogenia “como el “error fundamental” de la profesión médica” ya en los años 70, este no ha dejado de investigarse y actualizarse, aunque los ciudadanos de a pie no tengamos fácil acceso a esa información, por ejemplo a través del Cuaderno 42 “Iatrogenia y medicina defensiva” del Congreso de Bioética convocado por la Fundación Víctor Grifols i Lucas cuyas actas se publicaron en 2017 con el aval de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria. Un documento que recomiendo leer en estos momentos de desinformación en los que los gabinetes de comunicación y las agencias de noticias de supuesto “periodismo de investigación sobre bulos” nos quieren hacer creer que la medicina es infalible y los periodistas honestos. Para darse cuenta de que los profesionales que sostienen diferentes teorías sobre la deriva de esta crisis sanitaria no son curanderos enajenados como los presentan de manera denostada nuestros políticos y nuestros medios.

Baltz se basa, no obstante, en la “Historia de la medicalización”, una de las conferencias dictadas por Michel Foucault en el curso de medicina social que tuvo lugar en 1974 en el Centro Biomédico de la Universidad Estatal de Río de Janeiro, Brasil. Habla Foucault de la Biohistoria como efecto, “a nivel biológico, de la intervención médica; la huella que puede dejar en la historia de la especie humana la fuerte intervención médica que comenzó en el siglo XVIII”.

Según Foucault, hay que buscar el origen de la medicina social (y del control social del cuerpo) en la sucesión y confluencia de tres fenómenos, que se dan alrededor del origen del capitalismo: el desarrollo del estado, de la urbanización y finalmente, la necesidad de controlar a las nuevas masas de pobres y obreros urbanos (a la vez que se aseguraba una fuerza laboral sana):

El control de la sociedad sobre los individuos no se opera simplemente por la conciencia o por la ideología sino que se ejerce en el cuerpo, con el cuerpo”.

«Es algo que suscita ciertas preguntas muy interesantes» 

Baltz se centra con su proyecto fotográfico en la relación entre el paciente “y el que dispensa la salud”, en la “condición de dependencia de vulnerabilidad total, de la docilidad total del paciente ante el poder absoluto de la ciencia y de la tecnología médica”.

“Todo esto es benigno porque se salvan vidas y se cura a la gente” -reflexiona Baltz- “pero al mismo tiempo y hasta que no encontremos un medio directo de leer en el cerebro humano, es uno de los procedimientos más intrusivos que puedan imaginarse”.

Está al servicio de un bien, pero ¿podemos imaginar que esté al servicio de un fin menos benigno?

4. Conclusiones

Baltz cierra este capítulo hablándonos de la manera de afrontar un documento a través de la fotografía. Cómo contar la historia “Les Morts de Newport Beach” con un núcleo narrativo multidisciplinar, como un objeto artístico, como un reportaje periodístico, como un libro: “Y es muy interesante ver las diferentes maneras en las que puede tratarse la narración”.

Lewis Baltz es consciente del riesgo del artista, como el del escritor, al regalar su obra al mundo: “No creo que haya una sola manera de leer mi trabajo. Es el encuentro con el espectador lo que crea la obra”. Yo también soy consciente de ese riesgo al exponerme a vuestra interpretación de mis palabras, de mi lectura.

Lewis Baltz cita las palabras de Jean Nouvell: “No se da una misma respuesta a preguntas diferentes”. Yo también soy consiente de que esto que expongo no va a responder a todas las preguntas.

Pero una cosa es que un texto narrativo o una obra artística pueda ser interpretada o dar más o menos respuestas y otra muy distinta es la manipulación mediática y la desinformación. Hay que ser conscientes de la estructura narrativa de las noticias fabricadas, y no estoy hablando de fakes ni de bulos, sino de las que nos inoculan los medios oficiales, a sabiendas.

En 2013 di una conferencia por el día de la Libertad de Expresión con la Asociación de la Prensa de Almería (FAPE-APAL), “Apuntalar el conocimiento, el verdadero reto del periodismo digital” en la que hablaba de la responsabilidad del periodista en la web 2.0. En ella reflexionaba acerca de la pretendida democratización de saberes a través de la información en internet en los años 80 que auguraban algunos autores y profesores míos, tras el concepto de lecto-autor, pretendiéndose una libertad de expresión que hoy día no podríamos ni soñar.

No son herramientas coercitivas ni coactivas las que no nos permiten hoy en día el acceso a la información. Es la cortina de humo de la desinformación, del “y tú más” y del “lo que tú dices es mentira”. Es el propio sistema binario propagandístico en el que se ha convertido la misma en mano de los intereses de los poderosos.

En esa misma conferencia animaba a compañeros periodistas a ayudar a las colectividades a producir sus propias noticias para que éstas no cayeran bajo el sesgo de la información predominante. “Personalmente -decía en la conferencia- pienso que el verdadero reto de cualquier profesión al servicio de la sociedad es promover el criterio propio y la autenticidad”.

Cuando estudié y ejercí el periodismo me enseñaron a dar a conocer al ciudadano la información (que no la verdad) mostrando los diferentes puntos de vista de la noticia para que fuera él, en ejercicio de su raciocinio y libertad, quien construyera su propio criterio y realidad.

En estos momentos de dogma cientificista e histeria contra todo aquel que pretenda poner en duda el paradigma en el que se sustenta esta realidad que hemos tenido que asumir, yo sólo quiero invitar a pensar, a través de la fotografía, con Lewis Baltz como base, con sus lecturas de fondo y con las mías como apoyo, estos argumentos. Argumentos reales que se dan en la vida real y en una sociedad real.

Soy periodista, y, de la misma manera que cualquier periodista de “maldita.es” sólo que sin financiación pública ni privada que moldee mi intención a su favor, puedo comprobar la veracidad de las informaciones que leo, analizo y difundo. Es muy sencillo calificar como fakes o bulos toda la información disidente y reacia a creer la verdad única que nos vende el storytelling de los telediarios. Es muy sencillo crear corrientes mayoritarias de opinión. Pero la realidad es que hay científicos y pensadores que llevan décadas avisándonos de este mundo tan poco agradable que se nos venía encima y que son silenciados o ninguneados.

“La verdad, si es que la hay, es inaccesible y no puede conocerse”

Leo con bastante tristeza los artículos beligerantes de compañeros en diatribas de colores políticos en defensa de posiciones totalmente binarias. Asisto con gran tristeza al linchamiento en redes de quienes osamos contradecir el dogma oficial (incluso por parte de aquellos autoproclamados “antisistemas” y “revolucionarios”).

En esta sociedad, como en una sociedad libre, pienso que la gran responsabilidad de cualquier comunicador es reconocer que la objetividad no existe y explicar muy bien de dónde parte su subjetividad.

La gran responsabilidad de cualquier ser humano al servicio de una profesión es reconocer que no somos dioses ni héroes, que lo intentamos con todas nuestras fuerzas, que nos equivocamos, que no todo se reduce a una verdad absoluta y que hay que poner en común todos los saberes para dar respuesta a todas las preguntas y construir un mundo más agradable en el que quepamos todos.

Breve historia de la persecución de las plantas medicinales

Para las mujeres, sanarnos a nosotras mismas es un acto político, es decir ‘no’ a la obsesión patriarcal por controlar y dirigir nuestros cuerpos. Curarnos unas a otras supone una reclamación de la capacidad que tenemos todas como seres vivientes de existir en armonía con la naturaleza y de realizar nuestro potencial como criaturas de este planeta.

The healing powers of women. Chellis Glendinning

Inseparables, de David Cronenberg. Canadá, 1989

Hace tres años me vi obligada a acudir al servicio de urgencias tras tener que interrumpir mi jornada laboral al sufrir una agresión por parte de uno de mis supervisores. El doctor que me atendió, me preguntó si había acudido acompañada, y al ser así, me entregó un diazepam de 5 mg junto con un vaso de agua mientras me explicaba, con cierto aire paternal, que tenía una cosa muy mala anotada en mi informe médico. Esa cosa, esta especie de advertencia entre colegas, era mi desobediencia reiterada al cumplimiento de los tratamientos prescritos por otra facultativa de atención primaria años atrás, basados en fármacos psiquiátricos. Y es cierto que, durante cuatro años (en los que se me silenció e infantilizó descaradamente), me negué a seguir ese tipo de tratamiento para unos síntomas que finalmente resultaron corresponder a una alteración de la tiroides, algo que no hubiera sido muy complicado de relacionar escuchándome activamente o atendiendo a un patrón familiar que dicha doctora conocía. En cualquier caso, mi negativa se fundamentaba en la escucha eficiente de no pocas amigas a las que nuestro sistema psiquiátrico sistemáticamente tortura (infantiliza, silencia, encierra, ata, viola y medica forzosamente).

Además de con la benzodiazepina salí del servicio de urgencias con una cita para mi nueva médica de cabecera, a la que vi dos días más tarde y a la que ni la exposición de la situación de acoso laboral, ni sus motivos (represión sindical), ni los hechos concretos recientes, ni la nula reacción de la empresa que me obligaba a seguir trabajando con mi atacante, ni el proceso de denuncia, ni mi estado de salud mental inducido le parecieron merecedores de una baja médica que me negó con increíble dureza y soberbia durante más de media hora alegando que: si no podía asumir la normalidad laboral, tendría que seguir un tratamiento, nuevamente basado en psicofármacos, para poder afrontarla. 

Así que, la normalidad es sumisión, tanto en el ámbito de trabajo como en nuestro sistema de salud, el cual es obvio que vela más por la vitalidad de la industria que por la del ser humano. De este modo, no es difícil de entender que en el año 2013, España se convirtiera en líder en Europa en el consumo de psicofármacos (antidepresivos, ansiolíticos, somníferos, hipnóticos, etc.) consolidándose como la tercera droga más consumida, por detrás del alcohol o el tabaco. Su dispendio pasó de 38,1 dosis por mil habitantes en 2000 a 56,3 en 2015, según los datos de la Oficina de Estadística de la OCDE. A pesar de ser considerados sus efectos la tercera causa de muerte, por detrás de las enfermedades cardiacas y el cáncer, en Inglaterra.

Hace 9 años, acudí a la consulta de mi médico de cabecera de entonces con una urticaria que me cubría todo el tronco. La facultativa, bien extrañada, llegó a afirmar que podía tratarse de escarlatina, así que, llamó al resto de compañeras de la planta que al observarme descartaron su propuesta con cierto estupor… pero sí me advirtieron de que podía tratarse de una reacción a la cantidad de piercing (2) y tatuajes (3) que portaba, sin conocer que estos llevaban en mi cuerpo más de siete años. A las licenciadas nunca se les ocurrió pensar, además de en sus propios prejuicios, que la reacción podía haber sido provocada por los dos meses de suministro de antibióticos (con los que continuaba en el momento) que, su colega, me había estado recetando para una simple afonía que persistía sin fiebre (pero por tema laboral: visita obligada a consulta) y a pesar de haberme hecho un cultivo días antes en el que se evidenciaba el desastre bacteriano que habían provocado, dichos antibióticos innecesarios, en mi flora (y en la de gran parte de la población -lo sepan o no). Algo que, todavía, la medicina ortodoxa, no me ha sabido resolver y que me lleva causando graves lesiones desde entonces, entre ellas, dicha intolerancia a los antibióticos. Lesiones que palio eficazmente con otras alternativas médicas y que las pruebas clínicas, que la institución me hace, confirma.        

Pero, sin embargo, sabemos que las infecciones más extendidas al comenzar la era industrial (tuberculosis, tisis, cólera, disentería, fiebre tifoidea, escarlatina, difteria, tos ferina, sarampión) disminuyeron independientemente del control médico. Cuando se dió con su etiología y tratamiento, ya había bajado el índice de mortalidad considerablemente, lo que puede explicarse por su coincidencia con el mejoramiento de la vivienda (también de la higiene) y, sobre todo, de la nutrición. El estudio de las tendencias patológicas nos enseña que es el ambiente el factor principalmente determinante en el estado de la salud general y esperanza de vida de cualquier población: alimentación, vivienda, condiciones de trabajo, grado de cohesión con el vecindario, etc. Y también sabemos que, los medicamentos, siempre han sido potencialmente tóxicos. Aún así, seguimos pensando que la ciencia actual es el paradigma de lo racional, la nueva iglesia establecida, y que la salud mejorará con más inversión económica en servicios médicos (más intervenciones, más medicamentos, más pruebas, más vacunas, más tecnología, etc.) mientras siguen yendo a la cárcel personas que son calificadas de charlatanas por el monopolio médico mientras mienten, ocultan y desprestigian sus resultados (bastantes más baratos, por otro lado, y con índices de eficacia más interesantes que la mayoría de los tratamientos legalizados). Esta idea refuerza el mito del heroico médico que lucha contra la muerte (que ya no es la renovación de la vida o el fin de un todo) y la ilusión del progreso en base a la cual, la enfermedad (e incluso la muerte) ya no es de la incumbencia del enfermo.  

Tras sufrir un accidente laboral, mi padre fue operado 8 veces de la muñeca y solo ante la proposición de una novena y ante nuestra preocupación por unos resultados pocos satisfactorios, el equipo médico reconoció no tener ni haber tenido ni idea de la patología en ninguna de las intervenciones y que el objetivo de estas, había sido únicamente abrir para mirar. Así que, con un dolor en la muñeca, fue derivado durante quince terroríficos años a la Unidad del Dolor donde consiguieron inducirlo, con todas sus drogas y experimentos, a un estado casi vegetativo. Cuando por un fallo respiratorio entró en ambulancia en el servicio de urgencias de otro hospital, los mismos facultativos quedaron perplejos del nivel grotesco de medicación suministrado al paciente, se la retiraron inmediatamente (para poder salvarlo, dijeron) y mi padre, recobró la conciencia. La explicación médica fue que el exceso de medicación, ‘en ocasiones’, provoca aún más dolor. Y falta de independencia. Y un montón de efectos secundarios que son peor que el propio dolor. 

En nuestra sociedad actual, el aprendizaje autónomo, así como, el significado intrínseco del dolor ha desaparecido y, así también, la cuestión que plantea sobre nosotrxs mismxs y que resulta básica para una cura real. Cada vez hay más enfermedades crónicas, más lesiones clínicas, más gente sana transformada en paciente, más clientes… y el propio gremio perpetua ineficacia y privilegios imponiendo el modelo de una sola escuela de médicos sobre toda una sociedad. De este modo consiguen que cada vez encontremos menos recursos en nuestro entorno para responsabilizarnos, adaptarnos, afrontar y superar nuestro propio sufrimiento, e incapaces de adaptarnos a nuestro propio pesar, nos vemos obligados a depender de los servicios médicos para cualquier tipo de insignificancia. Esta pérdida de autonomía, esta súpermedicalización de la vida es solo un aspecto del dominio destructor de la industria sobre nuestra sociedad.

Toda enfermedad es una realidad creada socialmente. Lo que significa y la relación que evoca tiene una historia. El estudio de esa historia puede permitirnos entender el grado en que somos prisioneros de la ideología médica en que fuimos formados.

  Némesis Médica. La expropiación de la salud. Ivan Illich

Pudiera ser que el hombre del Paleolítico se dedicara a la caza y a la pesca y, la mujer, más en contacto con el mundo vegetal, fuera acumulando gradualmente en base a su observación y experiencia, múltiples saberes acerca de las plantas comestibles y medicinales transmitidas de madres a hijas a través de generaciones. Estas mujeres habrían desarrollado, entonces, las herramientas necesarias para recolectar, gestar y conservar los vegetales. 

Restos arqueológicos del Neandertal localizados en Irak muestran que en este periodo se utilizaban plantas curativas como el malvavisco, la milenrama y el senecio. Tablillas sumerias del tercer milenio a. de C. recogen diversas drogas vegetales y, entre ellas, la primera noticia escrita acerca de la adormidera, la cual también encontraremos en los cilindros babilónicos más antiguos junto con otra cantidad numerosa de hierbas que las mujeres babilónicas empleaban para tratar las enfermedades de su pueblo. Otras tablillas de la antigua Mesopotamia datadas del 1200 a. de C. mencionan a las primeras personas registradas dedicadas a la química, dos mujeres: Tapputi y Belatekallim; junto a más de doscientas plantas como el beleño, la adormidera, la mandrágora, el cáñamo, azafrán, tomillo, ajo, cebolla, regaliz, sen, asafétida y mirra.

Las primeras drogas surgen en plantas o partes de plantas como consecuencia de la evolución concertada entre reino animal y botánico, es decir, brotan como defensa química ante el apetito animal y, psicoactivas o no, son sustancias que en dosis muy pequeñas consiguen vencer al cuerpo provocando grandes cambios orgánicos y anímicos. De este modo, medicina, religión y magia son tres dimensiones inseparables en los comienzos, cuando la ingesta de estos principios, además de para sanar, tomados de forma colectiva y considerados formas sagradas capaces de abrir un puente entre lo ordinario y lo extraordinario, servían también para aprender y reafirmar la identidad cultural.

Los primeros restos de cáñamo se hallan en China y sus tratados médicos del siglo I afirman que ‘el cáñamo tomado en exceso hace ver monstruos, pero si se usa largo tiempo puede comunicar con los espíritus y aligerar el cuerpo’. El Atharva Veda, uno de los cuatro textos más antiguos de la literatura india, ‘considera que la planta brotó cuando cayeron del cielo gotas de ambrosía divina’ y describe otras tantas hierbas medicinales como la rauwolfia, empleada para tratar la epilepsia y cuyo principio activo es hoy utilizado por la industria farmacológica para la realización de medicamentos relacionados con la hipertensión. La tradición brahmánica estima que el cáñamo agiliza la mente, alarga la vida y potencia los deseos sexuales, el budismo lo utilizó para la meditación y desde antiguo ha sido aplicado en tratamientos médicos para la fiebre, el insomnio, la tos seca, la oftalmia y la disentería. Los egipcios, que tenían conocimiento de casi 800 drogas, lo utilizaron también como incienso ceremonial y lúdico (entre otras solanáceas) y ya en siglo VII a. de C. los celtas exportaban desde Marsella cuerdas y estopa de cáñamo a todo el Mediterráneo. Los jeroglíficos refieren al extracto obtenido de la cabeza de la adormidera, el opio, para uso analgésico aplicado en pomada, por vía rectal u oral. Y según el papiro Ebers, texto que describe las propiedades y aplicaciones terapéuticas de al menos 150 plantas, lo empleaban para evitar que los bebés griten fuerte. Homero, en la Odisea, lo describió como algo que hace olvidar cualquier pena. Y en tiempos de Hesíodo una ciudad entera tomaba el nombre de la planta, Mekone (adormidera), símbolo de Démeter, diosa de la fecundidad.  

Aristóxeno y Porfirio, dos filósofos griegos, dejaron testimonio de que Pitágoras tomó la mayoría de sus doctrinas de la sacerdotisa délfica, Temistoclea. En esta escuela, trataban a sus pacientes en relación a todas sus influencias externas, puesto que concebían la enfermedad y la cura como resultado de procesos naturales. Un diagnóstico correcto comenzaba con la evaluación completa de las influencias a las que estaba sometida la persona enferma para luego, así, poder atender el desarrollo y duración de la enfermedad y diagnosticar las hierbas medicinales oportunas, aunque principalmente se valían de la dieta para sanar. La ciencia pitagórica entendía la Naturaleza como un todo regido por un principio único, la armonía, la relación de energía entre la persona y el cosmos. Y del mismo modo las plantas, estaban influidas por los astros por lo que era fundamental un conocimiento astrológico amplio para determinar el momento de recogida con el fin de obtener la mayor capacidad terapéutica posible. La cosmología pitagórica fue la base de la filosofía natural en toda la Edad Media y su referente más conocido es Theano, nacida en Crotona, discípula y compañera de Pitágoras, profesora de su escuela y que, entre sus tratados sobre matemáticas, física y medicina, plantea que el cuerpo humano es una copia microscópica del macrocosmos, del Universo en su conjunto. 

Ya Hipócrates, del que se dice ser padre de la medicina moderna,  asesoraba ceder a la ebriedad una o dos veces, de vez en cuando, pues la relajación es terapeúrica en sí misma y los libros firmados por él mismo, llamados libros hipocráticos, son una recopilación de los conocimientos sobre hierbas medicinales que tenían las mujeres de su época en los que se mencionan más de trescientas variedades de plantas. Muchos de estos libros, tal y como plantea Kate Hurd-Mead, no han sido escritos por el Padre de la Medicina, probablemente ni el famoso ‘Juramento’. Muchas mujeres escribieron libros de medicina, sin ninguna duda, prácticamente cada siglo desde Hipócrates. Tampoco escribió los libros de ginecología para sus alumnos: llevan la marca de ser escritos femeninos que han sido copiados con su firma durante siglos, de la misma forma que Moschion copió el tratado de ginecología de Cleopatra; con el tiempo se convirtió en parte de su propio libro y fue identificado con su nombre. De cualquiera de las maneras, para la escuela hipocrática y según el Corpus Hippocraticum, las drogas son sustancias que actúan enfriando, calentando, secando, humedeciendo, contrayendo y relajando, o haciendo dormir y en su naturaleza está curar amenazando al organismo. Lo esencial será conocer la proporción exacta entre dosis activa o mortal.

Los romanos (y, sobre todo los árabes para el tránsito de la segunda a la tercera edad) emplearon opio puro en terapia agónica y como eutanásico. Decía Plinio el Viejo, de los bienes que la naturaleza concedió al hombre ninguno hay mejor que una muerte a tiempo, y lo óptimo es que cada cual pueda dársela a sí mismo. La demanda de esta droga para usos medicinales llegó a exceder la oferta provocando su adulteración pero, durante el Imperio, el opio fue un bien de precio controlado con el que no se podía especular. En el año 312, llegó a haber 793 tiendas dedicadas a la venta de opio en Roma y su volumen de negocio representaba el 15% de toda la recaudación fiscal, con todo, no hubo ningún problema de orden público o privado ni estigmatización social al respecto, era una costumbre socialmente aceptada y esta confianza en la naturaleza individual nos lleva a pensar en una tradición de automedicación muy arraigada y en una clara distinción entre derecho y moral, convicciones que concluyeron con la cristianización del Imperio romano. La euforia como fin en sí, los cultos orgiásticos, el hedonismo y la eutanasia empezaron a ser condenados legalmente a muerte. En el año 391, el obispo Teófilo ordena la quema de la biblioteca de Alejandría provocando la pérdida de incalculable saber pagano, especialmente el relativo a drogas por considerarlo infectado de brujería. Alrededor del siglo X, el uso de plantas diabólicas era traición a la fe cristiana y utilizarlas para fines terapéuticos era juzgado de herejía, así que, las drogueras, magas y, por tanto, herejes, fueron exterminadas y sus familias vendidas como esclavas, la magia estaba prohibida. Y Carlomagno pasaría a llamar al opio obra de Satanás.

La Edad Media guardó la cultura botánica adquirida por las mujeres en los monasterios donde las monjas se ocuparon de conservar los antiguos saberes, transcribiendo las obras clásicas. En estos lugares se crearon los primeros jardines de hierbas medicinales, donde se cultivaban plantas autóctonas o provenientes de peregrinaciones de países lejanos. De este modo, los monasterios abastecían su botica, siempre situada junto al hospital, donde se asistía a peregrinos y a personas de la zona. Hildegarda de Bingen (Alemania, 1098-1179), abadesa del convento de Disibodenberg y fundadora de otros monasterios como el de Bingen, en su Libro de medicina simple, establece una relación entre los productos de la naturaleza y los seres humanos, centrándose en los conocimientos que afectan específicamente a la mujer. Y clasificará los temperamentos de las plantas, como de las personas, según su cualidad caliente o fría, seca o húmeda. Este herbario, junto con el de Trótula de Salerno, tomaron gran impulso con el descubrimiento de la imprenta, así como otros de magia y brujería, que contaban acerca del beleño negro, el acónito, la belladona y la mandrágora.

Pero la extensión del poder estatal en Europa desde el principio del siglo XVI llegó al reconocimiento oficial de la medicina como disciplina universitaria y, por tanto, a la persecución de todo aquello que no fuera reconocido como medicina oficial. De este modo, se excluía a mujeres, moriscos, judíos y conversos del gremio, puesto que, la universidad y las organizaciones profesionales, eran lugares vetados para ellos. Comenzaba, entonces, la división sexual del trabajo que recluyó a las mujeres al trabajo meramente reproductivo con un altísimo control en todos sus aspectos y, así, el ‘arte de partear’, una actividad que había sido exclusivamente femenina, dejó de serlo, pues, la preocupación de la sociedad medieval por el control de la natalidad con sus numerosos métodos para ello no convenía a un incipiente sistema capitalista que lo que necesitaba principalmente era aumentar a toda costa el mercado de trabajo ante la escasez de trabajadores de finales del siglo XIV, algo que se consiguió no solo con la caza de brujas, sino también con el comercio de esclavos y la colonización de América. De este modo, la sodomía, el aborto y el infanticidio pasaron a ser crímenes reproductivos asociados con la herejía, una herejía popular que podemos entender como un movimiento anti-feudal con altísima participación femenina que consiguió realmente poner en crisis al sistema. Un sistema que lo que planteaba, entonces, con el control de la medicina, era una nueva forma de poder para el control de la sociedad. La nueva ciencia suponía una ruptura entre la botánica popular femenina y la medicina ‘oficial’ masculina, suponía la fragmentación del cuerpo y del ser, la separación de la práctica y la especulación, por lo que, su ineficacia continuaba cediendo cierto poder a la práctica empírica acumulada de las mujeres, por lo que la mujer se convirtió en la forma más clara de lo hereje. Comenzaba la lucha del poder político y religioso contra su práctica, contra la sabiduría popular, las señalaron como supersticiosas e ignorantes y las quemaron (por poseer poderes mágicos sobre la salud).

En la sociedad occidental de hoy en día, esta visión dicotómica, ha continuado con gran prestigio en el ámbito sanitario. La moderna medicina masculina, materialista, mecanicista y mayoritariamente frecuentada por mujeres forzadas por el poder patriarcal a ser pacientes, sigue negando, ignorando y reprimiendo todos aquellos conocimientos. Sigue imponiendo su mirada parcial, convertida en única y gran Verdad, a la vez que persigue, para robustecer su credibilidad, todo aquello a lo que no alcanza su campo de visión. En este modelo, en este sistema de poder impuesto, la persona enferma, a la que se le impone una absoluta indefensión y pasividad porque rara vez es escuchada o informada correctamente, es apartada de su propio proceso de curación, el cual y por la misma razón, en un altísimo porcentaje es desconocido incluso por el propio facultativo. En un discurso donde conocimientos, métodos, contenido y lenguaje están empapados de androcentrismo, clasismo y colonialismo, se recetan fármacos que tratan síntomas y enmascaran causas: las condiciones políticas que minan la salud de la sociedad; se practican extirpaciones de órganos de sabida ineficacia (normalmente asociados a la sexualidad femenina) y se realizan operaciones quirúrgicas innecesarias de forma habitual; y con la misma habitualidad, se tortura en el campo de la obstetricia; se marea a pacientes con pruebas inútiles, de un especialista a otro, una y otra vez, sin más pretensión que el silencio y agotamiento del paciente. Se valora (o inventa) con excesiva celeridad trastornos mentales y se prescribe, con insistencia y asombrosa alegría, medicación psiquiátrica que, lejos de ser una opción de cura a juzgar por el porcentaje de éxito, tiene unos efectos secundarios tremendamente negativos e irreversibles para el sistema nervioso, un nivel de adictividad superior al de cualquier planta ilegalizada y, como hace la medicina institucionalizada en general, niegan la salud en tanto que destruyen nuestro potencial para afrontar nuestras propias vulnerabilidades y particularidades de una forma personal, libre y autónoma. De este modo, la medicina institucionalizada, induce y refuerza una sociedad enferma a la que mantiene industrialmente, a la vez que incrementa su número de clientes.       

El estereotipo de la bruja se fue creando a lo largo del siglo XIV y la autorización legal llegó en 1484 con la firma de la bula Summis Desiderantes affectibus por parte del Papa Inocencio VIII, lo que legitimó a los inquisidores alemanes Heinrich Kraemer y Jacob Sprenger a dar comienzo a la persecución de mujeres sospechosas de brujería. Dos años más tarde, estos dos últimos, elaboraron y publicaron lo que fue un éxito editorial de la época, el Malleus maleficarum o Martillo de brujas, un misógino manual de inquisidores que otorgaba el soporte teológico y el asesoramiento legal necesario para instruir dichas causas: La brujería constituye la más alta traición contra la voluntad de Dios. Por eso los acusados han de ser sometidos a tortura, a fin de que confiesen. Y al que se hallare culpable, aunque confiese su crimen, sométasele a tortura, pues puede ser castigado en proporción a su delito. La bruja, teóricamente, establecía un pacto con el diablo tras ser seducida por este, a través del cual, la mujer recibía algún tipo de poder terrenal a cambio de su alma. Tras este acuerdo, volaban invisiblemente a reuniones colectivas, secretas y nocturnas en lugares remotos subidas en el mango de una escoba. Y lo cierto es que la escoba les ayudaba a volar, pues el mango, además de dildo, untado con el ungüento diabólico y utilizado como aplicador, ayudaba a alcanzar las partes más profundas de la vagina, zona mucosa muy irrigada por el riego sanguíneo, que facilitaba la rapidísima absorción y los efectos casi inmediatos. De este modo, tal y como describían con todo lujo de detalles las mismas condenadas, volaban a lugares lejanos para asistir a orgías demoníacas. Al revisar el desván de la dama se encontró un ungüento con el que engrasaba un bastón, sobre el cual podía deambular y galopar a través de todos los obstáculos, describe un acta inquisitorial del año 1324. Las brujas confiesan que ciertas noches untan un palo para llegar a un lugar determinado, o bien se untan ellas mismas bajo los brazos y en otros lugares donde crece vello (diligencia de 1470). Las drogas de las brujas, como dice Escohotado, delatan el deseo de abrazar el más acá, opuesto al fervor por el más allá y sus ungüentos podían contener hachís, flores de cáñamo hembra, opio, solanáceas (mandrágora, beleño negro, belladona, etc.), piel de sapo (que contiene dimetiltriptamina o DMT), hongos y setas visionarias.

Se dice que La Voisin, adivina y envenenadora ejecutada en la hoguera el 22 de febrero de 1680, utilizó beleño en la misa negra convocada a favor de Madame de Montespan, amante real de Luis XIV. Pero ya lo usaban los galos untado en las flechas. Crece entre escombros, cuadras y estercoleros y tiene propiedades relajantes y sedantes, es un alucinógeno afrodisíaco capaz de hacer sentir la ingravidez. Y al despertar de su sueño, la droga se revela por un sentimiento ilimitado de bienestar que agudiza la memoria, la imaginación y la capacidad de expresión. Solo la inhalación del humo de las semillas provoca ya la sensación de ligereza y vuelo pero tan solo dos gramos de rizoma de esta planta son letales. Las brujas consumieron masivamente ciertos vegetales para provocarse fuertes alteraciones de conciencia. Sus preparados servían para extraer los principios activos y ayudar a su absorción por vía oral (infusiones, brebajes, pócimas), cutánea (ungüentos o pomadas) o respiratoria (fumigaciones). Eran expertas conocedoras de las plantas, las cuales eran recogidas al atardecer en cementerios para no ser vistas, y delatadas por sus vecinos, y para obtener la mayor concentración de sus principios activos en un suelo rico en nitratos y sales amoniacales donde los vegetales doblan la cantidad de alcaloides (compuestos químicos con actividad alucinógena). 

Sin embargo, los oficios terapéuticos no populares, es decir, con categoría universitaria, no eran perseguidos por la Inquisición y así, numerosos eclesiásticos provenientes de las cruzadas a Tierra Santa y, por tanto, conocedores de la medicina árabe rica en drogas psicoactivas como el opio y el cáñamo, utilizarán dichas plantas para consumo y cura de determinadas patologías entre la monarquía y la nobleza. En el siglo XII se encuentra la primera descripción de la esponja soporífera, un anestésico compuesto por opio, beleño y mandrágora. Cuatro siglos después, se fusionará alquimia y terapéutica con el impulso dado por Paracelso, que recogerá toda la sabiduría hechiceril para presentarla a la comunidad médica en forma de pastillas, jarabes y tinturas. Suyo es el exitoso y primer preparado realizado con opio, el láudano de Paracelso, y sus tres discípulos, Platter, Gessner y Hostium, serán conocidos como el ‘triunvirato del opio’ por considerar la sustancia, junto con el holandés J.B. van Helmont ‘Doctor Opiatus’ (fundador de la iatroquímica o farmacología científica), piedra filosofal de la terapéutica. Médicos y boticarios españoles viajaron a América para aprender de los herboristas nativos y fruto de ello fueron los 17 volúmenes de la ‘Historia natural de las indias’ con las más de 3000 plantas registradas en ellos. Pero también la Inquisición perseguirá a estas hierberas nativas hasta bien entrado el siglo XIX.

Con la Ilustración, Iglesia e Imperio se van alejando, y la idea de autoridad se va transformando llegando a cuestionar la usurpación por parte del Estado del juicio de cada cual por razones de conciencia. Las drogas del paganismo retornan legitimadas por el cuerpo científico también para su uso ceremonial y lúdico. El primer opiado barato y fuerte serán los polvos de Dover y le seguirán otros tantos para tratar el dolor en general, el insomnio, trastornos gástricos, etc. y será usado abiertamente por casas reales como la de Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Austria, Rusia, Prusia y España. Pero también por Goethe, Novalis, Coleridge, Shelly, Byron, Wordsworth, Keats, Goya y Walter Scott sin provocar, su consumo, altercado alguno durante más de dos siglos en Europa y América.

A mediados del siglo XIX, el aislamiento de los principios activos consigue poner en el mercado unos 70.000 remedios de fórmula secreta que contienen drogas psicoactivas en América, Ásia y Europa (Tónico del Doctor X, Agua Milagrosa de Z, etc.). De este modo, llega la morfina (alcaloide del opio), el primer gran fármaco utilizado en la guerra civil americana y en la franco-prusiana de 1870; en 1898, F. Bayer comercializa la heroína (también como remedio para la adicción a la morfina) con un gran despliegue publicitario, lo  que junto con la aspirina, la convertirán en el gran gigante de la química mundial. Comercializada a gran escala y mucho más divulgada que la heroína fue la cocaína, como ‘forma inofensiva de curar la tristeza’. En 1858, Baudelaire publica la primera parte de Paraísos artificiales: Sobre el ideal artificial, el Haschish; fruto de su pertenencia al Club des Haschischiens donde, junto a Delacroix, Nerval, Verlaine, Rimbaud, Balzac, Hugo, etc., reivindica el cáñamo como objeto de estudio e investigación científica al considerar su uso favorable para el conocimiento de la mente. Y en 1894, los siete volúmenes de la Indian Hemp Drugs Commission, concluye: Considerando el tema de una forma general, cabe añadir que en la India el uso moderado de hachís y marihuana es la regla, y que el uso excesivo resulta excepcional. El uso moderado no produce prácticamente ningún efecto nocivo, y el trastorno que produce un uso excesivo se limita casi exclusivamente al mismo consumidor; el efecto sobre la sociedad es raras veces apreciable. Pero para finales de siglo, la enérgica reacción puritana a dicha autonomía junto con el progresivo intento de monopolio por parte de Estado, médicos y farmaceúticos; conseguirán el estigma social y una legislación cada vez más estrictamente prohibicionista para sustancias tanto naturales como sintéticas. Estas medidas, que rechazaban la razón apelada por Louis Lewin en Phantastica de que todo hombre tiene derecho a hacerse daño, trajeron consigo, tanto en América como una década después en el resto del mundo, tráfico (siempre cercano a instancias políticas y servicios secretos), adulteración y mayor consumo.

Sin embargo, mientras la prohibición del resto de sustancias se mantiene, en el siglo XX aparecen de venta libre las aminas (también los barbitúricos, los opiáceos sintéticos, etc.), suministradas masivamente a los soldados en la Segunda Guerra Mundial y en posguerra a toda una población achacada de congestión nasal, mareo, obesidad, depresión, aburrimiento y falta de motivación. Los laboratorios intentaban ofrecer alternativas legales a lo prohibido, sustituir una farmacopea por otra considerando que lo sintético (patentado) era mejor a lo natural (impatentable) pero que resultó en miles de víctimas y en la triplicación del consumo y la adictividad. El uso de ciertas drogas, así como, de ciertos métodos pasaba a ser un delito del mismo modo que la homosexualidad, la prostitución o la eutanasia, a pesar de que la adquisición de estos últimos bienes y servicios no deje de ser un intercambio bien solicitado y pactado entre personas adultas.

En el siglo XXI, y en plena pandemia, ya es obvio que avanzamos hacia un control farmacéutico total con la ayuda indiscutible de los estados y del cuerpo médico legitimado. 

Nueva York / Londres 7 JUN 2020 – 14:19


Bueno Rey, Mar. Historia de las hierbas mágicas y medicinales. Ediciones Nowtilus, 2008.

Gómez, Paloma. La rebotica de la Celestina. Ediciones Mairi Unipersonal, 2003.

Paracelso. Botánica oculta. Edicomunicación, 1999.

Escohotado, Antonio. Historia elemental de la drogas. Editorial Anagrama, 1996.

Escohotado, Antonio. La cuestión del cáñamo. Una propuesta constructiva sobre hachís y marihuana. Editorial Anagrama, 1997.

Illich, Ivan. Némesis médica. La expropiación de la salud. Barral, 1975. Libre descarga: https://www.ivanillich.org.mx/Nemesis.pdf

Las leyes las lees

LAS LEYES LAS LEES. Exposición de Ramón González Echeverría en Cruce, C/ Doctor Fourquet 5, Madrid. Inauguración: viernes 19 de junio a las 19:00

Las leyes las lees

“…- Todos se esfuerzan por llegar a la ley- dice el hombre-;¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.”

Franz Kafka

 “ En los mundos desaparecidos fue posible perderse en el éxtasis, lo que es imposible en el mundo de la vulgaridad instruida. Las ventajas de la civilización son compensadas por la manera en que los hombres las aprovechan: los hombres actuales las aprovechan para convertirse en los más degradantes de todos los seres que han existido.”    

Georges Bataille   

En esta exposición se muestran diversas esculturas de las que se desprenden ideas acerca de las normas que ordenan y dirigen nuestras vidas. El término norma quizás sea demasiado suave para hablar de aquello a lo que nos referimos, la ley. La ley o las leyes están de una manera evidente presentes en cualquier acción pública o privada que llevemos a cabo. Somos conscientes de ese control ejercido sobre la totalidad de nuestras vidas y por lo tanto podemos diseñar estrategias que posibiliten, en mayor o menor medida, salvar dicho control. La cuestión resulta más compleja, el control es menos visible y menos evitable. Donde la ley actúa de manera más eficaz es en el lenguaje y aquí la salida no está visiblemente indicada.

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Diciplina Social / Tras la ventana

No Fear. Dos Jotas. En https://disciplinasocial.art/

TRAS LA VENTANA

(Texto de María Santana Fernández publicado originalmente en https://disciplinasocial.art/ )

CONFINAMIENTO

          En plena epidemia no sentimos todo el miedo que deberíamos, igual que no acabamos de sentir la angustia del encierro. Por eso no es creíble el lamento en torno a las cosas que hemos perdido, porque hace tiempo que no son nuestras. Podríamos decir que nos han expropiado de nuestra libertad, pero hace tiempo que éramos marionetas dóciles y voluntarias. Podríamos llorar porque nos han despedido de nuestros trabajos y nos han empobrecido, pero ya vivíamos instalados en una situación de crisis. Podríamos enfadarnos porque no hay recursos sanitarios, ni previsiones gubernamentales, ni coordinación de las administraciones, pero… Ya éramos una sociedad transparente, vigilada y sumisa con una población aturdida por los dispositivos de realidad virtual. Ya nos habían robado la vida.

¡VIVA LA DISCIPLINA!

          Tenemos la suerte de vivir un momento en el que se ha hecho explícita la disciplina social. Es más, deberíamos dar las gracias a nuestro presidente porque hasta hoy ningún político se había atrevido a ser claro y hablarnos con tan pocos tapujos. ¡Qué placer al poder identificar las fuerzas que nos coartan! ¡Qué euforia al oír directamente la orden de encierro y pensar en la posibilidad de desobedecer! Solo en el preciso instante en que se explicita la orden aparece en el imaginario la opción de decir “no”. Por eso, no podemos desperdiciar la oportunidad de comprender en qué consiste el ritual devastador de la autodisciplina que habíamos interiorizado y que reproducimos en cada acto cotidiano. Hay que dejar al descubierto la lógica perversa de un sistema que nunca pide permiso ni informa del despliegue de sus técnicas de sometimiento.

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Disciplina Social

Enjoy the collapse. Democracia

El término “disciplina social” fue pronunciado por dos veces por Pedro Sánchez en su discurso sobre la implementación del estado de alarma con motivo de la expansión del Covid-19. Inmediatamente fue adoptado por el lenguaje mediático para reclamar obediencia de la ciudadanía frente a unas medidas que han puesto en paréntesis libertades esenciales. El término “disciplina social” también ha ido de la mano de la militarización de la vida cotidiana, en la que hemos visto tanto a la policía imponiendo con especial celo y violencia el confinamiento como a nuestros vecinos convertidos en chivatos encubiertos bajo la excusa de la responsabilidad cívica.

Y Disciplina Social es también el nombre de un espacio on-line para la libre expresión en estos tiempos de pandemia, que busca articular otros discursos y acercamientos críticos a la realidad que estamos viviendo, fuera de posturas oficiales y de consenso. Esta web se construye cada día con nuevas aportaciones literarias y visuales, y se puede consultar en: disciplinasocial.art

El texto que presenta el proyecto es el siguiente:

COVID-19: DISCIPLINA SOCIAL

“Si algo ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No misiles, sino microbios”, anticipaba Bill Gates en una TED Talk impartida en 2015. El cofundador de Microsoft es buen conocedor de las dinámicas víricas, bastante análogas a las de los “virus” electrónicos y, en general, al modelo de comunicación predominante en las sociedades de la información, y siempre se ha mostrado preocupado por este tipo de amenaza, por lo que en el año 2000 fundó la mayor fundación privada del mundo, hoy conocida como Bill & Melinda Gates Foundation. Ésta, junto al Centro Johns Hopkins para la Seguridad en la Salud y el Foro Económico Mundial, organizaron en octubre del año pasado el que se conoce como evento 201, una simulación de la aparición de un nuevo coronavirus incubado por murciélagos y que, al transmitirse a las personas, ocasionaría una pandemia con fuertes efectos económicos y sociales.

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Sobreviviendo al Virus: Una guía anarquista

La pandemia no va a acabar en las próximas semanas. Incluso si las estrictas medidas de confinamiento logran reducir el número de infecciones a lo que era hace un mes, el virus podría volver a propagarse exponencialmente tan pronto se suspendan las medidas. Es probable que la situación actual continúe durante meses (repentinos toques de queda, cuarentenas inconsistentes, condiciones cada vez más desesperadas), aunque casi con certeza cambiará de forma en algún momento cuando las tensiones en su interior desborden. Para prepararnos para ese momento, protejámosnos a nosotros mismos y a los demás de la amenaza planteada por el virus, reflexionemos sobre los riesgos y la seguridad que plantea la pandemia, y enfrentemos las desastrosas consecuencias de un orden social que nunca fue diseñado para preservar nuestro bienestar en primer lugar.

Las antiguas formas anarquistas de organización y seguridad tienen mucho que ofrecer cuando se trata de sobrevivir a la pandemia y al pánico que está causando.

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Desmontando al delincuente

Viñeta de Elvisa Pereza

Aitor fue vecino mío durante casi cuatro años en Vallekas, compañero de lucha por el derecho a la vivienda en la PAH y hermano en la construcción de esa frágil y utópica realidad que sigue siendo Monte Perdido 60 bis*. Los tres ocupantes del bloque conformábamos una insólita y estrafalaria familia donde todo era compartido: los recursos y los problemas de vivir en un edificio sin agua corriente ni cédula de habitabilidad, las comidas friganas, las garrafas de agua traídas desde el parque de Amós Acero, las cervezas y las risas en la terraza antes de ir a dormir…

Hace poco más de un mes Aitor dio con sus frágiles huesos en la prisión de Valdemoro, dejando consternadas a su familia, amigas, vecinas y compañeras de La Villana de Vallekas, la Asociación Entrepuentes, etc., quienes redactaron colectivamente un escrito firmado por casi cien personas para intentar conseguir su tercer grado, del que reproduzco un breve extracto:

Hemos convivido durante años con Aitor Barreda Gallego. Durante todo este tiempo Aitor se ha mostrado como una persona tranquila, afable, siempre dispuesta a ayudar en lo que fuese sin pedir nada a cambio. En ningún caso ha mostrado un temperamento agresivo ni ha ocasionado ninguna molestia en su entorno. Además de buen vecino y compañero, Aitor ha sido una persona muy presente en las actividades del barrio, participando regularmente sin ánimo de lucro en diversas iniciativas sociales, lúdicas y educativas y en la lucha por el derecho a la vivienda. Gracias a su presencia activa en iniciativas colectivas de mejora del barrio se trata de una persona muy querida entre nosotras…

Los “delitos” de los que se le ha acusado, todos ellos leves (un intento no consumado de hurto de un cartón de leche en un supermercado, enfrentamientos con la seguridad o participación en el intento de frenar el desahucio de Ofelia Nieto, tal y como hemos hecho en otros muchos lugares), no cuestionan el perfil que el escrito ofrecía ni suponen en ningún caso indicios de una personalidad “asocial” incapaz de reinsentarse.

Fragmento de la primera carta de Aitor a su madre y amigos desde prisión

No obstante, este testimonio colectivo que refutaba el supuesto carácter violento, la “peligrosidad criminal” y la “alta posibilidad de comisión de nuevos delitos” que había contemplado el juzgado, no fue tenido en cuenta, como tampoco las declaraciones de las asociaciones en las que colaboraba altruistamente ni los informes médico-psiquiátricos que daban cuenta del tratamiento que estaba siguiendo desde hacía meses y desaconsejaban su interrupción.

Se da la circunstancia de que Aitor había empezado a manifestar pequeños brotes psicóticos que empezaban a minar sus capacidades y su estado anímico, razón por la que reunimos un grupo numeroso y diverso de apoyo y seguimiento de su proceso terapéutico conformado por familiares, amigxs, profesionales de la salud y trabajadores sociales. En el momento de su ingreso este trabajo comenzaba a dar sus frutos, y Aitor volvía a ser el chico alegre y brillante que siempre había sido. Pero ni su enfermedad ha sido considerada como atenuante ni se ha valorado lo contraproducente que puede resultar interrumpir la terapia justo en este momento, aislándolo cuando más necesita el calor y el apoyo de su entorno.

Solo puedo concluir que Aitor se encuentra en prisión más por su perfil social, su falta de recursos económicos y su actividad política que por sus actos. Y que su caso no es único, sino que nuestras prisiones están llenas de personas a las que no se ha ofrecido ninguna oportunidad, que han sido duramente golpeadas cuando intentaban levantarse y que entre rejas van dejando de abrigar ninguna esperanza de futuro.

  • Monte Perdido 60 bis es un proyecto colaborativo en torno a uno de los edificios recuperados por PAH Vallekas para personas sin recursos habitacionales que ha sido mostrado ya en ABM Confecciones (Puente de Vallecas), JACA Jornadas de Arte y Creatividad Anarquistas (Carabanchel), ACVIC Centre d’Arts Contemporànies (Vic) y próximamente se presentará en la Escola Massana de Barcelona.

La calle como objeto de creación

Sobre el taller de fotografía introspectiva, social y participativa “Barrio e Identidad”

«Cada forma de actividad social define su propio espacio. La forma que toma el espacio en la ciudad es un símbolo de nuestra cultura, del orden social existente, de nuestras aspiraciones, necesidades y temores.»

David Harvey, 1977

Soy fotógrafa, investigadora y profesora de fotografía. El inicio de mi interés sobre el valor antropológico de la fotografía en el documental etnográfico comenzó cuando estudiaba Comunicación Audiovisual en la Universidad de Málaga. Sin embargo no fue hasta 2015, cuando inicié el proyecto Foto Acción Almería con mis alumnos de Fotografía de la Escuela de Arte de Almería, cuando comencé a experimentar el poder de la Fotografía como herramienta para comprender el mundo. A partir de diversas experiencias, comencé a pensar también en el peligro de la cámara fotográfica como herramienta de poder.

El poder de producir significados simbólicos a partir de un material neutro y dúctil ha llevado a los artistas desde siempre a crear utopías y obras de arte. Cuando ese material ni es neutro ni tan flexible y a nuestra disposición como pretendemos, llegamos a pensar que esa figura demiúrgica que Platón relacionaba con Dios ha llegado hasta hoy en una actitud que, pudiendo ser bastante ingenua, acaba resultando totalitaria. ¿Cómo de autoritarios somos cuando tenemos una herramienta de creación y comunicación en nuestras manos? ¿Son la calle y los vecinos objetos de creación para nuestras comunicaciones?

En 2015 tuve ocasión de compartir con los compañeros del Grupo de Estudios Antropológicos “La Corrala” de Granada (muy vinculados a Solidarios Casa del Aire), y otros colegas docentes y artistas, en torno a la publicación “Capital y terruño” de Valeriano López y Susana Velarino, una actividad divulgativa respecto a la responsabilidad gentrificadora de los diseñadores urbanistas, dirigida a nuestro alumnado participante en un concurso de ideas para “embellecimiento” del Casco Histórico de Almería propuesto por el Ayuntamiento. La visión antropológica y sociológica, así como la experiencia social y de activismo, me da una visión acerca de la construcción de ciudad, comunidad y sociedad que me es difícil compartir cuando desarrollo mi labor docente o me relaciono con otros fotógrafos.

Es por eso que he ido creando una serie de talleres, que imparto con los colectivos que me los solicitan, en los que mi manera de abordar la calle y la fotografía pasa por la visión de apoyo y el respeto mutuo (si esto fuera posible tras la autocrítica y el análisis de las incoherencias).


En estas reflexiones abordo siempre tanto el papel de los artistas fotógrafos que abordan la calle como escena, como el de los diseñadores que participan en las estrategias urbanísticas de las instituciones y particulares, e incluso el de quienes, en ocasiones, nos planteamos el uso del artivismo en estos procesos de divulgación, comprensión y visibilización de lo precario y de sus luchas.

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