O el Mundo Entero Como Gaza, o la Victoria Palestina (parte 1)

Manual de logística contra la extinción y defensa de la vida en la era del absolutismo técnico.

/// INTRODUCCIÓN

El error de paralaje y el «Momento Cero»

El fin de la filosofía occidental (II), 2005. Democracia. Presentada en la exposición GENOCIDIO
El fin de la filosofía occidental (II), 2005. Democracia

Existe un error de paralaje en la mirada contemporánea, una miopía deliberadamente inducida que nos invita a leer los acontecimientos actuales como crisis aisladas. Se nos dice que el genocidio en Gaza es un conflicto étnico-religioso enquistado; que la guerra de Ucrania es únicamente una guerra de independencia; que la operación de cambio de régimen en Venezuela responde a una lucha por la democracia liberal; que el asedio a Irán expresa las ansias de libertad del pueblo persa; o que la amenaza sobre Groenlandia no es más que una empresa comercial.

Son fragmentos de un espejo roto: relatos disociados que impiden toda comprensión de conjunto. Sin embargo, para quien observe el mapa con la frialdad necesaria, quedará en evidencia que no estamos ante episodios inconexos, sino ante los movimientos sincronizados de una fase superior del despojo.

Gaza no es una anomalía, ni un accidente, ni un exceso de violencia en los márgenes de la civilización. Gaza es el «Momento Cero» de una nueva legalidad internacional —o mejor dicho, de su abolición definitiva—. Es el laboratorio donde el Poder ha testado con éxito la suspensión absoluta de la condición humana.

La prueba irrefutable de esta demolición del orden anterior la encontramos en las excavadoras israelíes derribando las oficinas de la agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA) en Jerusalén Este, ante la parálisis absoluta de la comunidad internacional. Esa imagen es el epitafio del siglo XX: el Estado-nación demoliendo físicamente a la institución garante de los Derechos Humanos para construir, sobre sus escombros, un asentamiento colonial. Con la destrucción de este edificio se desmantela la ficción jurídica que habitamos desde 1945. Es un gesto de franqueza, al fin y al cabo: el reconocimiento de que la fuerza bruta se ha convertido en la única fuente de derecho, validada por el silencio cómplice de una Europa en decadencia.

En este sentido, el genocidio en curso señala el agotamiento del antropocentrismo inaugurado en el Renacimiento. El ser humano ha dejado de ser la medida de todas las cosas. La realidad pasa a ser concebida como un conjunto de datos, y la virtud suprema ya no se define en términos éticos o políticos, sino en términos de capacidad de cálculo, predicción y optimización. Asistimos al final de la «historia orgánica» para dar paso a un mundo inorgánico, construido no sobre un sustrato biológico, sino sobre una arquitectura computacional.

Se inaugura así un tiempo posthumano donde el poder abandona cualquier resquicio de moral para abrazar la pura eficiencia como vector de acumulación de capital. En este nuevo esquema, la vida biológica pierde su cualidad sagrada y pasa a ser tratada como una simple variable de ajuste —o un error de sistema si entorpece la rentabilidad— en la ecuación general del dominio.

Por tanto, la pregunta decisiva ya no es si esta violencia es legítima, sino para qué sirve. El interrogante que se abre es atroz: ¿qué tipo de orden global necesita ensayar el exterminio a cielo abierto para garantizar su operatividad? La tesis que aquí se sostiene es incómoda pero inevitable: Gaza no es una excepción patológica, sino un prototipo exitoso. Y como todo modelo que valida su eficacia, está destinado a ser replicado a «escala planetaria.»

/// CAPÍTULO 1

El Nuevo Absolutismo

Silicon Valley, guerra y soberanía algorítmica

1.1. Del Estado de Bienestar a la Plataforma Logística

Durante décadas, la narrativa liberal nos vendió la ilusión de que la globalización traería una interdependencia pacífica, un debilitamiento progresivo de las fronteras que haría la guerra obsoleta. Fue una mentira funcional. La globalización ha mutado en un Imperio Unificado Tecnocrático, y el Estado, lejos de desaparecer, se ha reconfigurado: ha dejado de ser garante del bienestar social para convertirse en una plataforma logística al servicio del capital-algoritmo.

Esta mutación explica la docilidad abyecta con la que los gobiernos nacionales se pliegan ante los dueños del nuevo poder, aceptando incluso la liquidación de su propia integridad territorial. El asedio por los recursos de Venezuela o la oferta de compra sobre Groenlandia demuestran que, para este nuevo absolutismo, la soberanía es un activo tóxico y el territorio una mercancía a subastar.

El fin de la filosofía occidental (II), 2005. Democracia. Presentada en la exposición GENOCIDIO
El fin de la filosofía occidental (II), 2005. Democracia

1.2. La externalización de la violencia: El modelo de la Compañía de las Indias Orientales digital

Esta transformación reactiva una lógica histórica conocida. El Imperio Unificado Tecnocrático no representa una ruptura, sino una continuidad perfeccionada del imperialismo clásico.

En nuestro tiempo, los aparatos estatales siguen operando —el ejército israelí, el ICE o las unidades especiales estadounidenses—, pero su capacidad de acción queda crecientemente acoplada a infraestructuras privadas que amplían, aceleran y desresponsabilizan la violencia. De este modo, la alianza contemporánea entre el Pentágono y Silicon Valley actualiza, bajo formas digitales, la estructura de la Compañía Británica de las Indias Orientales: no una sustitución del Estado, sino una delegación estratégica de funciones soberanas.

Dentro de este esquema, el Estado autoriza y legitima: aporta la cobertura jurídica, el blindaje diplomático y el financiamiento público. Por su parte, la corporación (Google con el Proyecto Nimbus, Amazon, Starlink) aporta la capacidad técnica para hacer operativa la dominación.

Esta complicidad estructural cimenta la economía digital. El Proyecto Nimbus revela a Google y Microsoft como proveedores de la infraestructura en la nube del aparato militar israelí; comercializan, ante todo, la capacidad de procesamiento vital para sostener la ocupación. Paralelamente, Elon Musk opera con Starlink como un interruptor imperial capaz de decidir unilateralmente qué poblaciones tienen derecho a la comunicación y cuáles deben morir en el silencio, acatando apagones informativos en Gaza mientras agita revoluciones de colores en Irán.

La decisión política se desplaza del parlamento al algoritmo, y la violencia deja de ser un acto excepcional para convertirse en un proceso continuo, automatizado y optimizado.

1.3. Alex Karp y la necro-logística

En este contexto emerge la figura paradigmática de Alex Karp, director ejecutivo de Palantir Technologies. Karp encarna con claridad el perfil del intelectual orgánico de esta forma inédita de dominio: la soberanía algorítmica.

Su empresa desarrolla la arquitectura técnica que hace posible identificar, clasificar y jerarquizar vidas humanas como inputs operativos dentro de sistemas de decisión militar. Al hacerlo, completa la externalización funcional del Estado: convierte la decisión política de matar en un proceso técnico de optimización, borrando la responsabilidad moral del ejecutor y transfiriéndola a la opacidad indiscutible del código.

La catadura moral de esta nueva élite quedó expuesta en marzo de 2024, durante una intervención pública de Karp en Washington D.C. En ese contexto, defendió abiertamente el uso de la violencia como una necesidad operativa y presentó la muerte masiva de civiles como un componente funcional de la seguridad occidental. Su discurso se articuló en el lenguaje de la eficiencia, del cálculo y del resultado estratégico.

Esta escena —un empresario tecnológico racionalizando el horror con lenguaje de gerente— constituye la confesión de parte del Imperio Unificado Tecnocrático. Ratifica que, bajo su mirada, los palestinos —y por extensión, cualquier obstáculo para la rentabilidad occidental— han perdido su condición de sujetos humanos para convertirse en meros errores de sistema, anomalías estadísticas que el software debe purgar.

Palantir proporciona la necro-logística esencial para esta tarea, facultando a Israel para sostener la ficción de una «guerra de precisión» al tiempo que consuma una demolición demográfica total. De este modo, el genocidio alcanza su forma definitiva: supera el odio atávico para consolidarse como un procedimiento técnico de limpieza, ejecutado con una escala, velocidad y asepsia exclusivas de la soberanía algorítmica.

El fin de la filosofía occidental (II), 2005. Democracia. Presentada en la exposición GENOCIDIO
El fin de la filosofía occidental (II), 2005. Democracia
Carlos de Castro, Enero 2026.

Nota de edición: La presente Introducción y el Capítulo 1 forman parte de un ensayo integral. Debido a la extensión y densidad del manual completo, se ha decidido realizar su publicación mediante entregas sucesivas.

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